×
×
Red Internacional
lid bot

CRISIS EN EL FÚTBOL. La pelota no se mancha, pero se puede pinchar…

on Angelici a la cabeza, los clubes grandes (excepto Independiente) asesorados por un derechista español quieren una “Superliga”. El fútbol en crisis, la pelota a punto del pinchazo.

Augusto Dorado

Augusto Dorado @AugustoDorado

Jueves 19 de mayo de 2016 16:26

En el potrero, el dueño de la pelota casi siempre era el menos hábil. Su único poder de negociación era poseer la pelota para que el partido se juegue o no. Si se enojaba, se llevaba el balón. Podía pasar que la bocha cayera en el patio de un vecino, alguien ajeno; el riesgo era que la pelota no volviera nunca o que la devolvieran pinchada. Esta escena se asemeja a lo que está sucediendo con el fútbol nacional.

La dirigencia es la menos interesada en el juego y la sana competencia pero participa de manera tal que decide si se juega o no y cómo se hace. Una facción puede patear el tablero y pinchar la pelota si algo no le gusta. Así es como los clubes más poderosos de Argentina, con el presidente de Boca –delfín de Mauricio Macri- quieren imponer a toda costa la famosa “Superliga” para Primera División y Nacional B.

Casi nada que ver con lo deportivo: básicamente se trata sobre en qué forma “se vende” el fútbol, los derechos de televisación, los contratos publicitarios, etc. Queda claro cuando el promotor español Javier Tebas (actual presidente de la Liga Profesional de Fútbol) declara que “El valor de una liga como la argentina no depende tanto de la situación económica sino de la penetración de la televisión por cable y su precio”.

¿Cuál sería la diferencia? Actualmente el Estado (vía Fútbol para Todos) hace los principales aportes (por derechos de TV) a la AFA que oficia de tesorera y se encarga del reparto a los clubes. Una “Superliga” significaría un control más directo y autónomo de los clubes (especialmente los grandes) sobre los fondos, sobre cómo se genera y cómo se reparte la guita.

Tanto D´onofrio de River, como Lammens de San Lorenzo y Tinelli (antiguo socio del español Tebas en el Badajoz que quedó reducido a un triste club regional) y Blanco de Racing, son laderos de Angelici en esta configuración del fútbol que impulsa el gobierno macrista. Se oponen, en principio, Independiente y los clubes chicos: bloque encabezado por Moyano (jefe de la CGT y presidente del Rojo) y el actual titular de AFA, Luis Segura. No porque no estén de acuerdo en sacar mayores ganancias del fútbol sino porque defienden que siga siendo AFA la que lleve la batuta.

Esta semana no acordaron y la rosca entre dirigentes quedó abierta.

Macri vocifera sus deseos de transformar a los clubes en Sociedades Anónimas, en empresas. Javier Tebas -que no esconde que “si extrema derecha es defender la unidad de España, la vida y un sentido católico de la vida (…) sigo defendiendo lo mismo”- es el principal lobbista de la Superliga. En la vereda de enfrente está el modelo que defiende Moyano: preservar el poder de una AFA moldeada por Grondona al estilo “El Padrino”, salpicada por el escándalo por corrupción del FIFA-gate ¡Pobre pelota!

La crisis general del país, signada por recortes, despidos y tarifazos, amenaza a los clubes chicos que ni siquiera pueden pagar la luz y el gas. Pero se puede extender a todos los clubes y los interesados en imponer modelos privatizadores pueden avanzar.

Corren tiempos duros: aunque por la pureza del juego y la fantasía que brota de los protagonistas la pelota “no se mancha”, hay que denunciar y luchar contra los que la pueden pinchar o patear a lo del vecino.