Los trabajadores y trabajadoras del servicio de “handling”, personal y asistentes en tierra del aeropuerto de Barcelona, denuncian las condiciones laborales totalmente precarias que han dado lugar al caos en la compañía Vueling durante este mes de julio.

Joe Molina Trabajador despedido de Panrico, Barcelona | @joemolina57
Miércoles 3 de agosto de 2016
El aeropuerto del Prat en Barcelona, con 4,2 millones de pasajeros durante el mes de junio y más de 20 en el primer semestre de 2016, es el segundo más transitado del estado español después de Barajas en Madrid. Pero el primero en crecimiento con un 12% más que el mismo periodo de 2015, según fuentes del consorcio de aeropuertos Aena.
Sin embargo este crecimiento acelerado que implica un importante aumento de los beneficios no tiene repercusión positiva sobre las condiciones laborales del personal de tierra. Esta puerta de entrada hiperturística, también lo es a las duras condiciones de precariedad a que están sometidos los trabajadores del handling. Año tras año los salarios y los derechos del personal de tierra, así como de los tripulantes y pilotos se devalúa. Lo que a su vez repercute en la calidad del servicio.
Días antes que la crisis de Vueling afectara a centenares de vuelos y tuviera eco en los grandes medios de comunicación, CESHA, la coordinadora estatal del servicio de handling aéreo, hizo público un comunicado donde preveía gran parte de los que sucedería, como retardos en los vuelos, en el embarque y entrega de maletas, cancelación en otros y por supuesto un gran daño en la imagen corporativa de la compañía.
Según el sindicato CESHA, para poder cubrir esa gran demanda de pasajeros con destino a Barcelona, Vueling aumentó el número de vuelos, sin que paralelamente su operadora de handling, Iberia, aumentara el personal, lo que dio lugar a una carga excesiva de horas de trabajo forzadas y mal pagadas en los turnos de tarde.
Según Miguel Ángel Sánchez, delegado de CESHA, la situación se puede resumir en una larga tendencia del empeoramiento de las condiciones laborales por la introducción del modelo de negocio Low Cost. Las directivas europeas de los años 90 dieron como consecuencia la liberalización del sector aeroportuario e hicieron que Iberia tuviera que competir con otras empresas, tanto en el ámbito de las compañías aéreas como con las operadoras de handling.
Esta competencia ha empujado a compañías tradicionales como Iberia a crear sus propias compañías low cost y reducir gastos en el personal de tierra. Así lo explica Sánchez, en el año 2006, Iberia creó Clickair, para competir con la emergente Vueling en Barcelona, que finalmente acabó absorbida por IAG y en Barajas en el 2012 creó Iberia Express con el mismo objetivo: cubrir ella misma el mercado de vuelos baratos.
Todo esto es una tendencia que acaba afectando a los salarios. Si en las compañías aéreas el gasto se reparte aproximadamente igual entre personal, combustible y flota, en las operadoras de handling el gasto en personal es del 70%; por tanto la reducción en este ámbito acaba siendo la principal vía de abaratar costes.
De cara a los pasajeros la expansión de los vuelos low cost, supone la posibilidad de viajar más y en consecuencia tiene un impacto directo en la masificación del turismo, pero este aumento del número de viajeros no puede estar descompensado pretendiendo dar el mismo servicio con el personal ya existente y resulta evidente que ha de llevar emparejado un aumento de la plantilla.
El comité de empresa de Iberia Handling, encargada de la asistencia en tierra de los vuelos de Vueling en el aeropuerto de Barcelona-El Prat, y a través de su presidente José Antonio Ramírez, ha manifestado que la situación que están sufriendo los trabajadores les está provocando «un estrés laboral sin precedentes». Según Ramírez, durante los últimos días se han producido «agresiones físicas como pegar, escupir a la cara, tirar del pelo o lanzar ordenadores a la cabeza» por parte de pasajeros indignados con los retrasos y cancelaciones de vuelos.
Desde CCOO, Jorge Gómez piensa que los problemas de Iberia no se pueden solucionar fuera del marco de negociación con la empresa porque es una “problemática global”, es decir tiempo, tiempo y más tiempo para acabar aburriendo a la plantilla, todo bajo la más absoluta y cómplice inacción.
Sánchez ve necesario dar un paso adelante en la organización sindical para luchar con cierto éxito contra el modelo de relaciones laborales en el aeropuerto, o tal como el mismo define, “la puerta de entrada de la precariedad” a la Barcelona del turismo masivo.