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Fútbol y política. La racista y guerrerista ministra que no logró que Messi juegue “para Israel”

Miri Regev es ministra de Cultura y Deportes, aunque viene de la comandancia del ejército israelí. Tuvo la idea de que jueguen Argentina-Israel en Jerusalén, pero fracasó. Su trayectoria.

Ulises Valdez @CLAVe

Miércoles 6 de junio de 2018 10:53

Miri Regev está furiosa, desde que ayer se enteró de que el “amistoso” entre las selecciones de fútbol de Israel y Argentina se había suspendido. “Espero que el equipo nacional argentino no ceda al terrorismo" había dicho cuando comenzaron los rumores.

El partido estaba pensando como un evento político. Aprovechando la “cábala” argentina de jugar con ese seleccionado antes de algunos mundiales, el gobierno israelí quería convertir el juego en otro de los eventos que recuerdan los 70 años de la fundación artificial del Estado de Israel.

Con algunos condimentos que lo convertían lisa y llanamente en una provocación: se hacía tras una feroz matanza a manifestantes palestinos que recordaban la Nakba, el éxodo árabe de 1948. Pero además Regev había tenido otra idea “genial” como ministra de Deportes y Cultura. Jugarlo en Jerusalén, una ciudad simbólica para árabes y judíos, en un estadio emplazado sobre lo que ayer fuera una aldea palestina, Al Mahal.

O sea, el “amistoso” pretendía ser una reivindicación de su política de ocupación sobre las tierras palestinas, y también un aval de una Jerusalén como "capital eterna e indivisible" de Israel. Esto último que ni siquiera es aceptado por la ONU, es reivindicado por la derecha israelí y por el gobierno de Netanyahu y se convirtió recientemente en una provocación lisa y llana contra los palestinos cuando Trump mudó la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv (donde se encuentran las de todos los países) a Jerusalén, lo que fue festejado por el gobierno israelí.

Racismo, censura y expansionismo

Miriam Regev fue general del Ejército de Israel. Es dirigente además del Likud, el partido de derecha que lidera Benjamin Netanyahu. En los últimos años se convirtió en Ministra de Cultura y Deportes.

Desde el gobierno se ha convertido en una de las más feroces defensoras de la política de ocupación y opresión sobre el pueblo palestino.

Pero además ha desplegado toda su verborragia racista y guerrerista. El principal blanco fueron, obviamente, los palestinos y otros pueblos de la región. Fue Regev quien describió a los trabajadores migrantes de África como "cáncer en nuestro cuerpo". Paso siguiente impulsó la deportación de miles de sudaneses que trabajan en el sur de Tel Aviv, a pesar de las que las Naciones Unidas recomienda no hacerlo porque “corre peligro su vida”.

Regev es además una de las más fervientes impulsoras del avance expansionista del Estado sionista. En 2013, presentó un proyecto de ley para anexar el Valle del Jordán, una provocación que solo hecha leña al fuego del conflicto en la región.

Así como lo intentó estos días con el deporte, en su otro rubro, la cultura, también hace política. Por ejemplo cuando desfiló por el Festival de Cannes con un vestido estampado con imágenes de Jerusalén. “Este año celebramos 50 años desde la liberación y reunificación de Jerusalén”, dijo Regev a los medios. “El vestido honra el estatus de nuestra eterna capital”.

Pero además atacando a cualquier artista judío que no comulgue con la política del Likud. Regev propuso una enmienda a la ley de presupuesto llamada “Lealtad en la cultura”, apuntando contra las obras de arte “políticamente indeseables”. “Dentro de un mes se sabrá lo que está permitido y lo que está prohibido si se quieren recibir las ayudas oficiales”, anunció en eso momento. Por eso fue repudiada por muchos artistas “progresistas” y árabes. Regev ha intentado censurar varias obras que no comulgan con “el espíritu del Estado de Israel”.

La censura se ha convertido en uno de sus “deportes” favoritos: intentó cancelar las subvenciones a una compañía de teatro infantil de Haifa en la que actúan niños judíos y palestinos dirigida por un árabe-israelí que se negó a llevar sus representaciones a los asentamientos de colonos en Cisjordania, ocupada por Israel desde 1967 (El País).

Por eso el “amistoso” que se iba a jugar en el Estadio Beiar Trump –en homenaje al presidente norteamericano que ha puesto su embajada en Jerusalén como gesto a su socio imperialista– no era un simple hecho deportivo. Regev y Netanyahu –que ahora intenta despegarse de la idea y propone un partido en Tel Aviv– querían usar el partido como un evento político para reafirmar la política expansionista y de ocupación colonial israelí.

Pero Messi y compañía no jugarán “para el Estado de Israel” ese partido.