Compartimos una crónica de dos trabajadoras del sistema de salud cordobés, una enfermera y la otra tercerizada en una empresa de limpieza, en estos días donde los hospitales y centros de salud, al igual que los barrios, se ven cada vez más afectados por casos de COVID-19.
Jueves 20 de agosto de 2020 17:16
En estos días la curva de contagios se disparó en Córdoba. Sin embargo, los informes diarios del COE provincial están lejos de reflejar la realidad que se vive en los centros de salud y los barrios de la ciudad. Por eso, desde La Izquierda Diario queremos mostrar lo que los números oficiales ocultan con ayuda de los grandes medios de comunicación hegemónicos.
En los pasillos de uno de los hospitales más importantes de la ciudad camina Paola, trabajadora de limpieza. No puede sacarse de la cabeza la noticia de que hay casos entre el personal de salud, incluidos varios tercerizados. Mientras tanto, observa los pocos elementos de protección que le otorga la empresa y piensa en las eternas promesas de que van a conseguir más. La misma situación padece cuando toma posición en su servicio y se encuentra con que en el hospital no hay más mamelucos, o escasea el alcohol y le hacen la advertencia de tratar de “moderar” el uso del mismo. Y por si esto fuera poco, tampoco puede dejar de pensar en las promesas de pago, cuando, luego de haber trabajado 44 horas semanales, este mes solo le depositaron los 10 mil pesos de ATP.
Vale recordar como reflejamos en notas anteriores, que la empresa cobra todos los meses por el servicio otorgado, pero no se hace cargo de los sueldos de sus empleadas y empleados. Además, el Gobierno provincial de Schiaretti premia a estas empresas garantizándoles concesiones por tiempos fuera de lo reglamentado, en concursos que suceden en total complicidad de acuerdo a dónde y cómo.
También el Gobierno nacional de Alberto Fernández destina exorbitantes sumas de dinero para la “ayuda” a las empresas con el pago del 50% de los sueldos de los trabajadores. Pacto con el cual cumplen en tiempo y forma, no pudiendo decir lo mismo sobre el bono al personal de Salud que se anunció a principios de la cuarentena para quienes exponemos nuestra vida en la primera línea todos los días.
En el otro extremo de la ciudad capitalina, en la Córdoba profunda, Carolina comienza su turno, hay rumores de que en el barrio hay casos, pero nada oficial. No hay cordón, no hay notificaciones, no hay nada, en sintonía con el barrio ciudad. Barrios ciudades en los que durante los 18 años de peronismo en el gobierno, tuvieron como política mantener a la comunidad alejados de todo, incluso de los más básicos derechos como cloacas, pavimento y accesibilidad, creando verdaderos guetos de pobreza.
La noticia es cierta, pero la notificación se tardó 4 días. Atrasando los tiempos en los que se podría haber comenzado la atención sanitaria. Dos días más para constatar que había 3 casos más. Los teléfonos suenan, los reclamos también, ¿dónde está la respuesta del Estado? ¿Dónde está la asistencia alimenticia para esas familias?
Carolina no puede dejar de pensar en que este caso surgió porque un joven fue hacer una changa, una changa con un jefe que le pidió a sus empleados que esperen el resultado trabajando, "la vida sigue" les decía. No puede dejar de pensar en que ésta es la situación de miles de pibes.
Volviendo a Paola, habiendo sido contacto estrecho de un caso positivo confirmado en el hospital provincial donde trabaja, la empresa no la quiere hisopar. Ahí comienza su odisea, el nuevo criterio de los Ministerios de Salud de Nación y Provincial, afirma que debe ser testeada, pero la empresa le asegura que no es necesario. Luego de diferentes recorridos, pasaron 7 días hasta que logra que la estudien. A escondidas de la empresa. Los patrones insisten, en complicidad con un COE que no llega hasta nuestros lugares de trabajo a verificar la cantidad de personal que debe ser hisopado. Dejando al libre albedrio de la patronal la decisión de quién sí y quién no. Así, los empresarios, en un claro ejemplo de avaricia desmedida, demuestran una vez más que no les importan nuestras vidas, sino solo garantizar sus ganancias.
Pero los testimonios que mostramos no son aislados, son parte de las vivencias que muchos trabajadores y sectores de la población alejada del centro capitalino viven cotidianamente. Mientras, la estrategia del COE muestra una clara perspectiva de clase: una modalidad para los lujosos countries, donde rápidamente testean, y otra para la clase trabajadora, donde la política del COE y las empresas, es que “la vida siga”, mientras no otorgan asistencia, mientras no son prioridad los contactos estrechos y los contagios se van dispersando.
Una estrategia que pone énfasis en las propagandas oficiales que muestran una política de cotillón con hospitales de campaña que no funcionan por falta de personal, mientras que para el personal de salud no llegan insumos básicos. Una política basada en la responsabilidad individual del auto-cuidado y que si nos contagiamos, fue por el mal uso en los elementos de protección. Y si nos atrevemos a denunciar, encima nos persiguen y nos amedrentan, tal y como denunciaron en el Hospital Córdoba.
A esto se suma que hacen uso y abuso de dos sectores completamente feminizados y precarizados como lo son el servicio de limpieza y el personal de salud. Mujeres soportando por décadas el turno noche, para poder cumplir durante el día con la jornada en casa de trabajo doméstico no remunerado, únicas sostén de hogar en su mayoría. Mujeres que desde marzo están al frente de una primera línea, dándole pelea a esta pandemia que dejó a simple vista el desfinanciamiento de años del sistema público de salud. Donde ellas dejan su mayor esfuerzo en todas sus jornadas teniendo plena conciencia de que somos laburantes quienes utilizamos el sistema público de salud, un sistema por el cual dimos más de una pelea.
Carolina y Paola pelean cotidianamente junto a cientos de trabajadores de todo el país. Fueron parte de los diferentes plenarios que se vienen realizando en estos días impulsados por el Movimiento de Agrupaciones Clasistas, como el de salud que reunió a más de 600 trabajadores y el de trabajadores informales que se hará el próximo sábado 29. Para enfrentar esta pandemia, que no solo dejó al desnudo una profunda crisis sanitaria, sino sobre todo una gran crisis social y económica que tanto el PJ como el Gobierno nacional, en complicidad con las patronales quieren descargar sobre los trabajadores. Por eso, como parte central de los plenarios, vienen impulsando una gran campaña porque las vidas obreras importan, la del personal de salud y las de nuestros usuarios.
Pelean por la centralización de los recursos públicos y privados bajo control de los trabajadores de salud y los usuarios, junto a cientos de trabajadores, porque es la única forma de garantizar que no falte nada y que los sectores populares cuenten con una salud gratuita y de calidad. Se pronuncian por el desconocimiento de la odiosa, ilegal e ilegitima deuda externa que debería ser invertida en poder hacer frente verdaderamente a la crisis sanitaria. Plata para la salud y no para el FMI y los buitres.
Y también pelean por Comisiones de Higiene y Seguridad en cada sector de trabajo, con compañeros votados en asamblea que discutan los protocolos y controlen las medidas de prevención en defensa de nuestra salud, la de nuestras familias y de los sectores populares. Que se garanticen los equipos de protección personales descartables en cantidad y calidad. Testeos para todos. Que las ART cubran el COVID como parte de las enfermedades laborales.
Paola y Carolina tienen en claro que la ruta de los contagios es la ruta de la precarización. Por eso también, como se votó en la gran asamblea de trabajadores de la salud, exigen el pase a planta permanente y el fin de la precarización laboral.
Y por último, porque son conscientes también de que para pelear por todos nuestros derechos necesitamos construir grandes corrientes en los sindicatos que nos permitan imponer desde abajo que convoquen a asambleas para discutir y votar un plan de lucha unificado por todas nuestras reivindicaciones, se organizan.