Pase a ver la redención de la derecha: los personajes que movían los hilos de la dictadura pinochetista con sus violaciones a los derechos humanos y quienes incluso hasta hace tres meses atacaban directamente los derechos de las mujeres y la diversidad sexual se han iluminado con las movilizaciones feministas.
Domingo 3 de junio de 2018
Por nombrar algunos casos de esta redención en masa:
Comencemos por Hernán Larraín, uno de los pupilos de Jaime Guzmán que ahora se encuentran en la UDI. Fue miembro de la Corporación de Amigos de Colonia Dignidad, es decir, de quienes tapaban los abusos sexuales y violaciones a los derechos humanos en el asentamiento fundado por un ex militar nazi.
Ahora Larraín se muestra renovado. Por sobre sus violetas vestiduras indica que es urgente la necesidad de legislar a favor del cambio de sexo y nombre registral de trans en términos formales. Agrega que “los temas de identidad de género existen y deben tener solución rápida"... ¿impresionante no? Plantea que hay que poner urgencia a un problema que la derecha ha pateado históricamente y que quiere arreglar con un cambio en el registro, con un reconocimiento formal. Algo parecido ocurrió con las feministas sufragistas que fueron reconocidas formalmente para votar no exentas de obstáculos legales y que no resolvió el problema de la violencia machista estructural, de lo contrario ¿cómo es que hoy habría que movilizarse para acabar con esa violencia?
¿Alcanzará Larraín la redención? ¿Cómo podrá quitarse de encima el peso de Colonia Dignidad, las desapariciones, torturas y asesinatos durante la dictadura este personaje ahora de tan buen corazón?
Sigamos con Isabel Plá, una de las políticas de la burguesía que se está tomando la escena. Para el 2013 ya arremetía en la opinión pública en contra del aborto, apelando a que con los avances científicos existentes hoy en día se puede evitar el aborto a toda costa. Plá, parada desde su posición de política del empresariado se encontraba lejos de defender la realidad de la inmensa mayoría de la población de las mujeres, de las mujeres trabajadoras, de aquellas que en promedio usan alrededor de 6 horas al día en las labores domésticas. Agregaba que “el día que tenga que cambiar una posición en un tema tan clave como ese para ganarme la simpatía de alguien, me voy de la política”. Fuertes palabras.
Este año, entrando como ministra de la mujer y la equidad de género, Plá atacó directamente a la conquista mínima del aborto en tres causales. Hoy la vemos apoyando las movilizaciones y hasta se ha declarado feminista. Beatriz Sánchez de Revolución Democrática, una de las figuras públicas del Frente Amplio salió a felicitar a Plá, que por lo demás no se ha ido de la política, no se ha retractado de su posición frente al aborto.
Además tenemos a otros varios personajes como Evelyn Matthei, Felipe Alessandri y Piñera portando la bandera del feminismo.
Basta de ingenuidades
Si ni Larraín ha hecho lo posible por revertir una mínima parte de las consecuencias de su política nefasta y la de toda su casta, ni Plá se ha retractado de atacar al aborto haciéndonos el pequeño favor de salir de escena, entonces ¿de qué redención estamos hablando?
Cuando usamos el recurso sarcástico de la redención no lo hacemos por pecar de ingenuos. En una coyuntura como la de hoy podemos escuchar y leer constantemente hablar de “el feminismo”, una homogeneización de la lucha para acabar con la violencia machista o para mitigarla. Este hecho, de plantear como homogénea una lucha cuyos sectores que la componen son radicalmente heterogéneos al igual que sus intereses, hace que la lucha política se vuelva subterránea, que las diferencias sean escondidas y, por tanto, que se abra paso a que la subjetividad del movimiento pueda permearse cada vez más de la subjetividad que beneficia a la clase dominante, al empresariado.
Nadie tiene la autoridad moral para decir que su feminismo es el feminismo, ni siquiera podemos decir que Plá, Larraín o Matthei no son feministas. Esto hay que decirlo claro: estos personajes pueden ser feministas, pero de serlo serían feministas liberales, buscan la igualdad de derechos hasta que dentro de su clase se encuentren en mejor pie para seguir perpetuando la explotación capitalista y alimentar al capital con el saqueo de la fuerza de trabajo a los sectores más oprimidos de la sociedad. La burguesía y sus capataces de la derecha no buscan acabar con la violencia machista y el patriarcado, para ello tendrían que destruir el mismo sistema capitalista que les entrega sus privilegios. Estos personajes con su feminismo liberal se detendrán en el punto en que las mujeres y la diversidad sexual de su clase se encuentren en una mejor condición para seguir oprimiendo y explotando a mujeres y diversidad sexual de la clase trabajadora y el pueblo pobre, probablemente de maneras que parezcan más sutiles.
Lo que muestra aquí la derecha es una respuesta coyuntural, una demagogia coordinada para canalizar el malestar de un movimiento de mujeres realmente heterogéneo pero lo suficientemente “homogeneizado en el discurso” como para permitir que la derecha salga a lavarse la cara y no tener mayores repercusiones.
El sexismo
Como decíamos anteriormente, el movimiento de mujeres no es un movimiento homogéneo, es un movimiento policlasista en el que se pueden expresar desde trabajadoras precarizadas hasta empresarias que arremeten contra el derecho de abortar.
Dentro de este movimiento, principalmente en las universidades, se ha ido gestando en germen la estrategia separatista, es decir, una estrategia que busca conseguir sus fines últimos mediante la separación de hombres y mujeres. Ésta estrategia, que no se puede dar sin la homogeneización política y social de las mujeres, que necesita despojar a las mujeres de sus diferencias políticas y reducirlas a un género (o peor aún, a un sexo), es expresión del sexismo y aporta a su vez a perpetuar la lógica sexista de política para mujeres y política para hombres, devaluando así la calidad de sujeto político de las mujeres en la sociedad de conjunto, relegándolas a hacer política en “espacios autónomos de mujeres”, a confiar en la utopía de “espacios seguros” dentro del capitalismo.
Además, en este sector del movimiento, en el sector separatista, existe una cantidad importante de mujeres que lucha por la igualdad de derechos en términos más formales, incluso en términos meramente judiciales y punitivos. Estas salidas al problema de la violencia machista son parciales y además de no terminar con el problema de raíz no apuntan a quienes son responsables de que la violencia machista sea una cuestión sistemática y estructural, dan paso a que las y los empresarios así como sus lacayos en la política y en las fuerzas represivas puedan mantener sus privilegios a costa de seguir perpetuando la violencia estructural a las mujeres y la diversidad sexual.
Este sexismo está siendo utilizado por la derecha, lo vimos en la propuesta de aumento a la cotización de pensiones para los hombres y lo estamos viendo en la represión selectiva a estudiantes secundarios de colegios de hombres y colegios mixtos mientras que a las movilizaciones de mujeres las dejan estar. No queremos que a ninguna movilización -ni a las categorizadas como estudiantiles ni a las categorizadas de mujeres- se le reprima. Queremos autoorganizarnos y que el Estado no ataque a nuestras posibilidades de cuestionamiento mayor a su régimen capitalista neoliberal y patriarcal.
Es notable también la disposición diferenciada de “los pacos” y “las pacas” de Fuerzas Especiales en las marchas (notable ha sido en este respecto el despliegue de las mujeres de FFEE en la cuenta pública de Piñera). A las policías las envían a estar inmóviles frente a las cámaras mientras a los policías se les envía a atacar. Así la respuesta estudiantil que va hacia ámbos géneros de la misma policía al servicio del empresariado choca con la conciencia de quienes creen que el problema está en el enfrentamiento de géneros o sexos y no en el enfrentamiento entre intereses de las clases sociales, de la burguesía o empresariado y de la clase trabajadora.
Los medios de la burguesía como El Mercurio salieron a denunciar la violencia hacia las pacas, leen el ánimo separatista en las Universidades y les sirve potenciarlo, el sexismo está de su lado y es servil para sus intereses. Ese es el tipo de feminismo que levantan y con el cual permean al movimiento de mujeres actual.
¿Dónde está el Frente Amplio?
Mayol y Cabrera en su libro Frente Amplio en el momento cero afirman que “Nadie puede dudar hoy que el Frente Amplio surfea la ola correcta o, al menos, una ola que existe”. Una frase de oro, afirma que no cabe duda para inmediatamente después dudar su propia afirmación. Aquí se encuentra el Frente Amplio desde el cambio de mando, surfeando una y otra ola que existe, dudando si es o no la correcta.
Así es como vemos hoy al Frente Amplio surfeando torpemente la ola del movimiento policlasista de mujeres para salir a celebrar a Plá en la boca de Sánchez, para salir con Boric a decir que no tenía cara para decirse feminista porque ser hombre implica vivir con mucho machismo, además de expresarse en su base estudiantil a lo largo de decenas y decenas de universidades.
Con Sánchez vemos una nula crítica a la historia que ha producido a la Isabel Plá de hoy, con Boric vemos una posición culposa que calza justo con el sentido común separatista imperante, tal vez incluso se haya ganado un par de votos para 2020.
No nos extenderemos innecesariamente en pasar revista al resto del actuar del Frente Amplio en ésta nota, pero es importante notar cómo ésta coalición surfea la ola más grande, sin notar que por la imposibilidad que tienen de encontrar la correcta se terminarán estrellando con el roquerío. Aunque consigan unos cientos de votos más para las elecciones 2020 y consigan conquistar una que otra posición más en el movimiento estudiantil actualmente se encuentran alimentando un sentido común que está capitalizando la derecha a nivel nacional, les están tejiendo las vestiduras violetas.
Desenmascarar el espíritu homogeneizante
Con este espíritu, los medios de los capitalistas han salido a instalar, por ejemplo, que la actual movilización que está recién comenzando es equiparable a la reforma universitaria del 68’ (!?), a ese periodo en el que se levantaba el Mayo Francés en unidad obrero-estudiantil y donde las movilizaciones acá en Chile buscaban un cambio de raíz a la estructura educativa nacional chocando con la estructura de la sociedad. Hoy vemos principalmente luchas por petitorios que le sirven a las autoridades para que tengan más facultades para expulsar a estudiantes.
El sexismo viene a imponer que la división para ésta lucha es la división de géneros o sexos, cuando la historia de la sociedad y sus problemas se ha motorizado en el plano de la lucha de clases. Ésta es la diferencia más importante a marcar como feministas socialistas, como marxistas, como materialistas históricos. Sin embargo, pareciera que actualmente la primera diferencia que hay que marcar es que hay que marcar diferencias. Ésta es también un férrea lucha que debemos dar luego de que cientos de compañeras y compañeros hayan sido acallados por no respetar lo que tal o cual personaje dijo que era “el feminismo”, una vil maniobra que hoy podemos escuchar muy normalmente en boca de compañeras que reivindican a las mujeres que fueron acusadas de brujas pero que son bien dignas de un escolástico de la inquisición.
Este es el escenario en el que la derecha busca redimirse. No podemos seguir cediéndoles terreno.