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Red Internacional
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REFORMA LABORAL EN BRASIL. La reforma brasileña que el Gobierno quiere importar a la Argentina

“Por Pepsico, frenaron anuncios de reforma laboral” titulaba el diario Clarín el viernes pasado, luego de la enorme batalla de trabajadoras y trabajadores de esa multinacional en defensa de sus puestos de trabajo. El diario se refiere a una de las principales promesas de campaña que el “gobierno de los CEO” hizo a las patronales nacionales y extranjeras.

Isabel Infanta

Isabel Infanta @isabel_infanta

Miércoles 19 de julio de 2017

La llamada “reforma laboral”, en Argentina o en Brasil, tiene el objetivo de aumentar las ganancias de las patronales a costa de las condiciones de trabajo. Sin embargo, funcionarios y grandes medios quieren vender la idea de que esta pérdida de conquistas es una “modernización” de las relaciones laborales, que permitirá a las patronales ganar “competitividad”, bajar el costo laboral y de esa forma generar trabajo.

Con este mismo discurso, el presidente golpista de Brasil, Michel Temer logró aprobar la ley, que entrará en vigencia dentro de 4 meses. Economistas y analistas políticos subrayan que este logro de la patronal brasilera la hará más “competitiva” que la argentina, y que ahora las patronales argentinas se ven obligadas a hacer lo mismo acá para recuperar su “competitividad”.

Para develar de qué se trata la famosa “competitividad”, veamos qué es la reforma recientemente aprobada en Brasil y que el gobierno de Macri quiere importar.

Reforma laboral a la brasileña

Una medida fundamental de la reforma dice que las empresas con más de 200 empleados pasen a tener “representantes de los trabajadores” para facilitar el “entendimiento” con los patrones, buscar soluciones y encaminar reivindicaciones. Esta medida busca el debilitamiento de la organización sindical.

Sobre esta base, la reforma permite que la empresa negocie acuerdos con los trabajadores por encima de la ley del trabajo en quince puntos, entre ellos la duración de la jornada laboral, las vacaciones, los descansos o el grado de insalubridad.

Esta reforma parte de una falsa igualdad en la capacidad de negociación entre patrones y trabajadores y tira por la borda conquistas que generaciones de luchadores y luchadoras lograron imprimir en la legislación.

La reforma permite la jornada de 12 horas diarias hasta el absurdo de 60 horas semanales. El tiempo de descanso o almuerzo durante la jornada podrá ser reducido a 30 minutos. El trabajador no tendrá más derecho a hora extra.

Las vacaciones, por ejemplo, ahora podrán ser fraccionadas en tres, según la conveniencia de la empresa. El tiempo de traslado al trabajo en lugares remotos con transporte provisto por la empresa ya no será computado como parte de la jornada laboral.

Se prevé un tipo de despido “de común acuerdo”, con el que la empresa podrá terminar un contrato pagando solo medio preaviso y con cambios en el cálculo de la indemnización a favor de la empresa, sin derecho a seguro desempleo.

Otro cambio muy caro a la vida obrera es el de cumplimiento -y su costeo- de las normas de salud, higiene y seguridad de los trabajadores, que deja de ser responsabilidad de la empresa, a la que a partir de ahora solo le cabe su “instrucción”.

Además, se prevé la pérdida de la relación de dependencia para los trabajadores autónomos aun cuando estén contratados con exclusividad y en forma continua. También el permiso para tercerizar cualquier actividad de la empresa, que hasta ahora estaba prohibido para las actividades centrales.

La reforma incluye además la posibilidad de burlar el salario mínimo con contratos de largo plazo pero con remuneración por hora o el paso de algunos ítem salariales a la categoría de no remunerativos.

Las mujeres serán particularmente castigadas por la reforma. En casos de embarazo o lactancia, las mujeres serán trasladadas en casos de puestos con insalubridad máxima, como frigoríficos y áreas hospitalarias sujetas a infección. En casos de insalubridad mediana o mínima, los casos deberán ser evaluados por un médico, que puede ser de la propia empresa.

También los patrones agrarios fueron tenidos en cuenta en esta reforma. A partir de ahora, el “empleado rural” no necesariamente tiene que ser remunerado con salario. De esta manera, se legaliza la esclavitud en el campo.

Como si fuera poco, a partir de ahora los trabajadores deberán pagar los costos judiciales de las demandas que sean perdidas frente a la empresa.

Esta es apenas una enumeración inicial. Según un análisis detallado hecho por jueces laboralistas y profesores de Derecho, la reforma laboral contiene más de 200 modificaciones a la ley del trabajo que atentan contra los trabajadores.

Entre nuestras vidas y sus ganancias

Lo primero que queda claro es que para los patrones, “modernizar las relaciones laborales” es "volver al siglo XIX", o incluso “volver a la época de la esclavitud”. Lo segundo, que “mejorar la competitividad” significa trasladar la competencia entre ellos a los trabajadores, haciéndonos competir por puestos de trabajo cada vez más precarios. Esta es su manera de seguir obteniendo ganancias millonarias a pesar de la enorme crisis económica. La cuenta, la pagamos nosotros.

Ni bien lograron su aprobación en el Senado, los voceros de las patronales ya cantaron retruco y salieron a flamear la bandera de la reforma jubilatoria, la frutilla del postre que se quieren comer.

A propósito de la heroica gesta de Pepsico, Esquerda Diário de Brasil tituló en su editorial del domingo pasado: “Obreros argentinos demuestran que la lucha puede frenar la reforma laboral”. No es para menos. Los trabajadores y trabajadoras de Brasil han mostrado enorme disposición a la lucha en varias oportunidades, incluyendo dos huelgas generales. Sin embargo, las direcciones mayoritarias de los sindicatos dirigidas por el PT de Dilma y Lula, vienen boicoteando el combate en las calles y en los lugares de trabajo, alentando expectativas en las elecciones con el objetivo de que vuelva Lula.

La estrategia de la CUT frente a semejante ataque la resumió su presidente, Vagner Freitas, hace algunos días a la revista Valor: "Primero, vamos a buscar foros regionales de la Justicia del Trabajo solicitando la inconstitucionalidad de la reforma, porque ya existen manifestaciones de jueces por la inconstitucionalidad de la precarización, de la tercerización y de la flexibilización. (...) La salida de Temer y la elección directa pueden hacer que tengamos más fuerza política incluso para rever esta reforma eligiendo un presidente que no esté de acuerdo con ella".

Cualquier semejanza con el secretario general del Sindicato de la Alimentación Rodolfo Daer no es mera coincidencia. Salvando las distancias con un personaje que cuenta en su prontuario sindical el apoyo a Carlos Menem, lo cierto es que ambos cumplen el papel propio de las burocracias sindicales: evitar que los reclamos de los trabajadores cobren una dinámica que frene la ofensiva patronal y ponga sobre la mesa las necesidades de los trabajadores.

Si bien Rodolfo Daer hoy pone los huevos electorales en la canasta del candidato Florencio Randazzo, la canasta de Cristina Fernández de Kirchner no va en otro sentido. Frente a los avances antiobreros del gobierno de Macri, la expresidenta difundió hace algunos días “Sé que lxs trabajadorxs tienen más que sobradas razones para reclamar, pero también sé que en lugar de llamar a una movilización el 7 de agosto, lo que debemos hacer es convocar a una gran votación el 13 de agosto (…) una gran votación que el 13 de agosto le diga al Gobierno de Cambiemos que así no se puede seguir”.

Frenar las reformas en Brasil: elecciones o el combate en la calles

La estrategia electoral para frenar la reforma laboral no es creíble por al menos dos motivos. Uno, porque deja el “combate” en las manos del mismo corrupto parlamento que acaba de aprobar la reforma, solo que lo patea para más adelante, cuando los cambios estén más asentados y los trabajadores más desmoralizados. Dos, porque pasa por alto que las reformas ya habían comenzado a ser aplicadas por Dilma Rousseff, bajo la aplastante presión de las patronales. Fue precisamente la “baja intensidad” de las reformas impulsadas por Dilma lo que le valió el golpe institucional. Cualquier regreso del PT al poder estará condicionado por ese hecho.

La tarea en Brasil es romper el inmovilismo traidor de los sindicatos y salir a derrotar la ley antes de que se aplique. Quedan 4 meses. El Movimiento Revolucionario de Trabajadores está en plena pelea contra la reaccionaria reforma laboral y la traición de la CUT y demás centrales sindicales, que se puede seguir por Esquerda Diario.

El caso brasileño muestra que la competencia entre los trabajadores solo favorece a las patronales. El “combate de Pepsico” es un ejemplo que trasciende las fronteras y potencia la lucha de los trabajadores en Brasil y en todo el mundo. La enorme repercusión en la prensa mundial y la solidaridad recibida de trabajadores de varios países así lo demuestra.