Publicamos el testimonio de Claudia, maestra que ha enfrentado la imposición de la reforma educativa y llama a marchar el próximo 8 de marzo: "este 8 de marzo junto a mis compañeras maestras voy a tomar las calles y a gritar a todo pulmón que no vamos a permitirles que nos violenten más, que vamos a echar abajo la reforma educativa y todas las reformas estructurales que precarizan nuestras vidas".
Lunes 6 de marzo de 2017
Siempre quise ser maestra, desde pequeña. Cuando imaginaba mi profesión siempre me veía en un salón de clases. Aun ahora, cuando mi padre quien también es maestro y al ver lo difícil que está todo para nosotros me propone estudiar otra cosa, todas las opciones que se me ocurren están relacionadas con la docencia.
Aun no puedo creer que después de cursar cuatro años en la normal preparándome para ser maestra, todos mis sueños dependieron de un examen extremadamente violento, que duró siete horas y que es aplicado contra la voluntad de los miles de normalistas recién egresados, en su mayoría mujeres, a quienes se nos arrebató el derecho a una plaza basificable.
Ahora, que estoy por terminar mi segundo año de servicio, nuevamente todo mi futuro depende de un examen que nada tiene que ver con lo que aprendí en la escuela y con lo que aprendo día a día de la mano de mis alumnos. ¿Cómo no considerar que la reforma es violenta si duermo pensando en que puede arrebatarme mis sueños?
Pero no sólo es el examen. La reforma educativa ha profundizado las terribles condiciones en las que las y los maestros desempeñamos nuestra labor. Aulas sobresaturadas, falta de materiales, bajos salarios, ambientes dictatoriales, hostigamiento y acoso al interior de las escuelas donde los directivos aumentan cada día más su poder bajo el argumento que repiten sin cesar: “acuérdese maestra que la vamos a evaluar”. Y sí, ellos también nos evalúan bajo sus criterios que son qué tan servicial eres y cuánto te dejas superexplotar aceptando más carga de trabajo sin protestar.
Se acerca el 8 de marzo y el tema de la violencia contra nosotras esta cada vez más presente y yo no puedo dejar de pensar que lo que vivo todos los días en la escuela también es violencia. Que la precarización laboral a la que nos ha orillado la reforma educativa nos violenta de múltiples formas.
Cuando los directivos nos inscriben a cursos sabatinos o en contra turno y nos quitan tiempo para nosotras o nuestros hijos sin siquiera preguntarnos; cuando nos asignan una escuela que nos queda a tres horas de camino y no tenemos otra opción más que aceptarla; cuando me he visto forzada a solicitar un día económico para terminar mi trabajo porque no tengo horas de servicio para planificar, evaluar y revisar actividades; cuando miro en la televisión y escucho en la radio que los medios de comunicación coludidos con el gobierno denostan y desprestigian a mi gremio; cuando me obligan a callar por exigir mis derechos y no puedo ni siquiera dar libremente mi opinión sin el riesgo de ser sancionada y discriminada por las autoridades; cuando salimos a manifestarnos y nos reprimen; cuando no podemos organizarnos dentro de nuestras escuelas y centros de trabajo yo me siento violentada.
Por eso este 8 de marzo junto a mis compañeras maestras voy a tomar las calles y a gritar a todo pulmón que no vamos a permitirles que nos violenten más. Que vamos a echar abajo la reforma educativa y todas las reformas estructurales que precarizan nuestras vidas. Que millones nos estamos organizando y estamos convocando a un gran #ParoInternacionalDeMujeres. Que vamos a luchar con nuestras hermanas y hermanos trabajadores de otros gremios, con estudiantes, con amas de casa, con madres y padres de familia para exigir nuestro derecho al pan, pero también a las rosas.
Luchemos juntas, organízate y marcha con Nuestra Clase y Pan y Rosas este 8 de marzo del Ángel de la Independencia al Zócalo a las 4:00 pm.