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Red Internacional
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TRABAJO INFANTIL. La región NOA registra los mayores niveles de trabajo infantil del país

Con un 13.6 % de los menores de 5 a 15 años que realizan actividades productivas la región supera el promedio de 10 % del país. En los adolescentes es peor aún. Bajos salarios, repitencia y deserción escolar, entre los problemas que genera la explotación capitalista de los niños, niñas y adolescentes.

Gastón Remy

Gastón Remy Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.

Jueves 15 de noviembre de 2018

A nivel nacional el 10 % las niñas y niños de 5 a 15 años realizan al menos una actividad productiva, mientras que en el NOA con el 13,6 % se registran los niveles más elevados del país.

En el caso de las zonas rurales las cifras son casi el doble como es el caso del NOA con el 20,1 % de los niños y niñas realizando actividades productivas.

La falta de alternativas laborales y sociales lleva a que las madres y padres tengan que admitir el trabajo de sus hijos como una forma de garantizar la supervivencia del grupo familiar.

Trabajo infantil en las ciudades

Si consideramos las zonas urbanas el 8,4 % las niñas y niños de 5 a 15 años a nivel nacional realizan, al menos, una actividad productiva; mientras que en el NOA la cifra es superior con un 11,5 %.

En el caso de analizar la composición de las actividades productivas se observa que en el NOA las niñas y niños que realizan alguna actividad orientada al mercado supera al promedio nacional (5,2 % y 3,3 %), al autoconsumo (1,9 y 2.9) y a las actividades domésticas intensivas (4,3 % y 5 %) respectivamente.

División sexual del trabajo

En las zonas urbanas del NOA los varones de 5 a 15 años realizan el 67,1 % de las actividades de mercado y las mujeres el 32,9 %.

En el caso de las actividades de autoconsumo el 77, 3 % que las realizan son varones y el 22,7 % son mujeres. Se invierten los resultados en las actividades domésticas intensivas donde el 64.8 % son mujeres y el 35,2 % son varones. La división sexual del trabajo comienza desde la infancia.

Situación de la ocupación

Mayoritariamente el 67,7 % las niñas y niños de 5 a 15 trabajan acompañando a sus padres u otro familiar. De ellas y ellos, el 9,2 % lo hace bajo una relación de dependencia con un patrón.

La edad de inicio laboral es de 11 años en las zonas urbanas, al igual que en las rurales y las jornadas son de 12 horas semanales. Mientras las remuneraciones son un poco más del doble con 656 pesos mensuales respecto al campo, pese a que el 21,3 % de las niñas y niños que trabajan lo hacen sin percibir remuneración alguna (ni monetaria, ni en especie).

Los motivos del trabajo infantil tienen una base de necesidad material elocuente. El 48 % lo hace porque gana dinero y el 46,1 % como ayuda a la familia o al negocio familiar.

La falta total de libertad al momento del trabajo infantil se corrobora en las condiciones laborales donde el 30 % dice que se cansa, el 11,7 % que se aburre y el 9,8 % hace mucho esfuerzo físico. Esto en un medioambiente donde el 31,3 % se queja de que hace mucho calor o frío, el 14 % de que hay polvo y el 12,6 % del ruido.

Trabajo infantil y escuela

El trabajo de las niñas y niños tiene sus consecuencias. El 1,3 % de los que realizan al menos una actividad productiva deja de asistir a la escuela. Cifra que sube significativamente al 5,7 % para aquellos que realizan una actividad orientada al mercado.

Considerando las niñas y niños que realizan al menos una actividad productiva y aquellos que la hacen para el mercado, la repitencia es del 9,3 % y del 21,4 % respectivamente.

Por último, las expectativas de futuro confirman el panorama de necesidades sociales que empujan al trabajo infantil. El 32,9 % de las niñas y niños esperan trabajar y estudiar, y considerando que el 18,9 % solo trabajar, tenemos como resultado que más del 50 % de las niñas y niños van a insertarse en el mercado laboral.

16 a 17: una adolescencia truncada por el capital

La situación de las y los jóvenes de 16 a 17 años según la ENNA es más crítica aún que la de las niñas y niños de 5 a 15 años. El trabajo pega un salto tanto en el ámbito urbano como rural demostrando que la edad de inicio laboral para miles de jóvenes es de 14 años, muy por debajo de lo que señala la Ley que pone el “límite” en los 16 años.

El 31,9 % de los adolescente de 16 a 17 años en todo el país realiza al menos una actividad productiva, mientras que en el NOA el 36,8 % de los jóvenes son los que registran los niveles más elevados de trabajo respecto al total nacional.

A su vez, los jóvenes del NOA registran los mayores niveles en el país de deserción escolar siendo el 18,3 % de los que viven en zonas urbanas y la friolera del 28,5 % de los que habitan las zonas rurales.

El tiempo de trabajo del 20 % en la ciudad y del 23,2 % de los adolescentes que realizan alguna actividad productiva supera la jornada de 36 horas semanales, o sea, trabajan igual que los adultos. En la ciudad incluso, el 13,5 % lo hace durante la noche y el 82,6 % a cambio de un salario, siendo que el motivo del trabajo para el 71,6 % es la posibilidad de ganar dinero.

Hay salida y es anticapitalista

El trabajo de niñas, niños y adolescentes es la forma más descarnada de un sistema social basado en el robo del trabajo ajeno como sustento de la rentabilidad y movilidad del capital en todo el mundo.

Por esta región siguen siendo los señores dueños de la tierra con lucrativas actividades en los ingenios azucareros, el tabaco, la frutilla y el arándano, entre otras actividades rurales; sumado al trabajo doméstico, en la construcción y en las ferias.

El hambre de ganancias históricamente ha llevado a los capitalistas a emplear a la fuerza de trabajo de mujeres y niños como fuente de mano de obra dócil y barata.
No es la cultura del esfuerzo la que se pretende mostrar como sustento ideológico del trabajo infantil; sino la fuerza de la falta de alternativas económicas y las pésimas condiciones laborales de los adultos que llevan a que sus hijas e hijos tengan que salir a trabajar desde niños.

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El capital devora las infancias de las familias obreras en pleno siglo XXI, más aún en las zonas rurales, donde se agudiza la concentración de la tierra y la falta de alternativas económicas, laborales y sociales, dejando al desnudo que los dueños de la tierra y el capital son los dueños de la vida de las familias obreras. Sin la complicidad de los gobiernos y del Estado y los sindicatos esto no podría suceder con tanta facilidad, sin dudas.

Sigue planteado pelearle al capitalismo el derecho a vivir una infancia y adolescencia con plenos derechos, lo cual implica un rol activo de los adultos para enfrentar desde los sindicatos la degradación de los salarios y las condiciones laborales que dan lugar al trabajo infantil

A lo largo de su historia el capitalismo ha llevado a la clase obrera a pelear el tiempo de trabajo, apuntando a la reducción de la jornada laboral, partiendo de los avances tecnológicos y con el reparto de las horas de trabajo enfrentando la división entre ocupados y desocupados. Por eso hoy exigimos jornada laboral de 6 horas, 5 días a la semana, sin afectar el salario y repartiendo las horas de trabajo entre todos los trabajadores.

Pero también la clase trabajadora enfrentó el trabajo infantil en las fábricas y en el campo, resistiendo ante la degradación de la vida de los niños y niñas.

Hoy sigue planteando pelearle al capitalismo porque las niñas, niños y jóvenes tengan el derecho a vivir una infancia y una adolescencia con plenos derechos a la educación, al arte y la cultura, a la formación en oficios en la escuela o al deporte bajo un sistema público y gratuito garantizado por el Estado. A la vez, que peleamos por becas integrales de estudio equivalentes a media canasta familiar para que nadie deje de estudiar.

Esta tarea implica entonces un rol activo de los adultos por enfrentar desde los sindicatos la degradación de los salarios y condiciones laborales, que es la base material para el trabajo de sus hijos, sin cambiar estas bases es imposible enfrentar el trabajo infantil.

Se vuelve urgente contar con una organización política propia anticapitalista que pelee por recuperar los sindicatos y centros de estudiantes, con la perspectiva de unificar las fuerzas sociales que le pueden poner fin al capitalismo.


Gastón Remy

Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.

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