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Red Internacional
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Nacional. La repugnante ola racista y xenofóbica que pretende imponer la derecha chilena

Nosotros sabemos muy bien quienes son nuestros hermanos y quienes nuestros enemigos. A nuestros hermanos peruanos, colombianos, haitianos no los toquen, que junto a ellos producimos todas las riquezas que sostienen los privilegios y la opulencia con que viven unos pocos.

Viernes 2 de diciembre de 2016 01:52

Una ola reaccionaria, racista y xenofóbica pretende imponer la derecha chilena. Durante las últimas semanas la prensa –presta siempre a darle bombo a las declaraciones de la derecha más trasnochada, mientras oculta escandalosamente luchas como la de los y las trabajadoras de Homecenter Sodimac- ha dado cuenta de innumerables declaraciones xenofóbicas que han emitido varios representantes de la derecha pinochetista chilena.

Ellos han expresado que en Chile existe un grave problema con la inmigración, problema que han asociado directamente a la delincuencia, la prostitución y al narcotráfico. Piñera, Ossandón y algunos personajes de esta misma “estirpe”, intentan ganar aprobación con un discurso abiertamente xenofóbico. En una verdadera ofensiva, orquestada por todos los partidos de la derecha, pretenden, mediante leyes, legalizar el racismo y la xenofobia. Asocian sin pudor, la delincuencia a la inmigración, haciéndose pasar por defensores de “los chilenos” y por “campeones” del combate contra la delincuencia. Buscan que el pueblo trabajador chileno culpe al trabajador inmigrante de todos sus males. De la delincuencia, de los bajos salarios, de la miseria, la prostitución, el narcotráfico, etc.

De inmediato, los datos estadísticos que diversos sectores salieron a entregar han desmentido y ridiculizado los dichos de la derecha. En honor a la verdad, ya ha quedado claro que solo uno de cada 100 inmigrantes ha sido detenido por presuntos delitos (y si a esto le restamos la gran cantidad de inmigrantes detenidos por comercio ambulante, que nada tiene que ver con delincuencia, el porcentaje es muchísimo menos al uno por ciento). El nivel de escolaridad de los migrantes es de un promedio de 12.7 años, mientras que el de los chilenos es de 10.7. En el empleo, 74% de los migrantes se encuentran ocupados, contra sólo el 53% de los chilenos.

Para aclarar se agrega que sólo el 2.8% de los habitantes del territorio chileno son inmigrantes, en comparación al 13% de los países que componen la OCDE. Además, son apenas el 2.4% de los recluidos en las cárceles, en comparación al 97.6% de origen nacional. Agregar también que, proporcionalmente, son más los inmigrantes afiliados al sistema de pensiones y a las isapres, que los que usan los tramos A y B del sistema de Fonasa. Esto es mayor al promedio de los chilenos.

Está claro que, partiendo desde el punto de vista estadístico, las frases de la derecha no son sino voladores de luces para intentar, desesperadamente, salir de la crisis en que sus partidos sobreviven durante estos días. Y esto, al mismo tiempo, le ha servido a la Nueva Mayoría para intentar pintarse de “democrática” e “integradora”. Pero la verdad es que esto no son sino vulgares intentos de ocultar su crisis y unir a Chile tras el odio hacia la inmigración.

Nos dicen que nos “quitan el trabajo”. Que hacen bajar los sueldos –porque los inmigrantes trabajan el doble por la mitad de la plata que un chileno- que las negras vienen a prostituirse y los colombianos son sicarios, prestamistas y traficantes. Dicen que hay que intensificar las penas para los delitos de inmigrantes y expulsar a todos los que creamos delincuentes. Claro, de Europa y Estados Unidos vienen “extranjeros”. De Perú, Haití y Colombia son “inmigrantes”.

Este discurso, en consonancia con los peores fenómenos nacionalistas del mundo (hablamos de Trump en Estados Unidos, Le Penn en Francia, Amanecer Dorado en Grecia y un largo etcétera), pretende ensombrecer la crisis de credibilidad en que se encuentran los partidos del régimen, debido a el destape de la corrupción, delincuencia de cuello y corbata, y robo estructural que sus representantes vienen cometiendo por años.

La Nueva Mayoría: lobos disfrazados con piel de oveja

A pocos días de sus furibundos discursos, los datos, los hechos y la “opinión pública” los han destrozado. La derecha ha quedado en ridículo y el festín contra su incompetencia sigue en curso. Sin embargo, lo más preocupante es que, en este importante debate, han salido ilesos los personeros de la Nueva Mayoría, quienes incluso han llegado a la desfachatez de posar de defensores de los derechos de los inmigrantes y, demagógicamente, se suben a la cresta de una ola totalmente ajena.

Pero quienes han administrado el régimen político actual son ellos. Su gobierno tiene a millones de inmigrantes viviendo en lugares indignos, sufriendo el hacinamiento de los conventillos de principios de siglo. En guettos. Ellos han llevado -al dejar sin oportunidades- a una que otra joven colombiana (y también chilena, por cierto), a prostituirse, a jóvenes a trabajar por salarios precarios, por debajo del sueldo mínimo, sin horario definido de trabajo, sin contrato alguno que regule su labor.

Ellos permiten que el patrón (chileno y bien patriota) use la mano de obrar inmigrante para bajar el conjunto de los salarios. Estos mismos políticos, que posan de progresivos y defensores de la población inmigrante, han perpetuado por años condiciones paupérrimas para familias completas y han transmitido discursos nacionalistas, como ha sucedido en los litigios con Perú y Bolivia. Ellos han educado a generaciones completas en enorgullecerse con supuestas gestas heroicas de militares chilenos robando tierras a los hermanos de Perú y Bolivia.

Ha sido bajo sus gobiernos en que, en los hechos, se ha establecido la existencia de ciudadanos de primera y segunda categoría. La verdad, es que en ese uno por ciento de inmigrantes que han sido detenidos por “presuntos delitos “, gran parte lo forman comerciantes ambulantes que, al no encontrar trabajo, han visto en la calle y el ejercicio del comercio ilegal la única solución para cubrir sus necesidades básicas. Es decir, los verdaderos delincuentes son menos que el uno por ciento de los inmigrantes.

La clase trabajadora, la patria y la solidaridad con el hermano inmigrante

Las y los trabajadores nos sentimos más identificados con el obrero de la construcción peruano, con la garzona colombiana y el barrendero haitiano, que con el corrupto político chileno y el empresario explotador. Es que vivimos lo mismo. Vivimos en los mismos barrios con nuestros hermanos peruanos y sabemos de su fortaleza y perseverancia en el trabajo. Conocemos el respeto de nuestros hermanos colombianos y la humildad plebeya de la comunidad haitiana.

Agradecemos el enorme aporte que nos entregan. Si hablamos de extranjeros delincuentes, hagámoslo en serio. Expulsemos a las transnacionales que se roban a manos llenas nuestras riquezas naturales, expulsemos a AngloAmerican que no escucha a sus trabajadores hoy en plena lucha. Expulsemos a las hidroeléctricas que destruyen nuestra hermosa cordillera. Y con ellos, expulsemos a los delincuentes que, cuello y corbata, se roban los recurso del estado, Si, esos políticos de los partidos de la Nueva Mayoría y la derecha que han quedado al desnudo como lacayos de los empresarios, que se venden al mejor postor.

Ellos sí que delinquen. Nosotros sabemos muy bien quienes son nuestro hermanos y quienes nuestros enemigos. A nuestro hermanos peruanos, colombianos, haitianos no los toquen, que junto a ellos producimos todas las riquezas que sostienen los privilegios y la opulencia con que viven unos pocos. Los delincuentes están sentados en el parlamento y quieren cortar el hilo por lo más delgado, culpando al más débil de sus propias fechorías.

Los explotados no tenemos fronteras. Nuestra miseria es la misma en una población de la periferia de Santiago de Chile que en una favela brasileña o un ghetto negro en Norteamérica. Los responsables de nuestra situación tampoco tienen banderas, aunque cínicamente se hagan los nacionalistas. Para ellos son sólo negocios, a costa del sudor de millones de explotado en todo el mundo.

Esta ola antiinmigrante sólo busca tapar la crisis de las instituciones de un régimen corrupto, podrido, heredado de la dictadura (muy nacionalista), al que debemos derribar, de la mano con nuestros hermanos que han venido de otras latitudes a buscar un mejor porvenir. El racismo, la xenofobia deben ser desterrados junto a toda forma de discriminación, ya sea por raza, nación, etnia, género, etc. El, capitalismo ha demostrado que, lejos de avanzar, vuelve al mundo a enfrentarse con la cara del apartheid y la xenofobia. Sólo la lucha unidad del pueblo trabajador, de todas las nacionalidades puede acabar con la explotación y la discriminación capitalista.