“Que nos dejen de pegar, que nos dejen de agredir, que nos dejen de faltar el respeto en la calle, que nos dejen de subestimar, que nos dejen de acosar, que nos dejen de matar y que nos dejen de violar”.

Fany Valladares Vocal de Género y Sexualidad FEUV
Viernes 26 de febrero de 2016
Estas fueron las palabras con las cuales Natalia Valdebenito consolidó su rutina en la tercera jornada del Festival de Viña del Mar. Por primera vez en la historia del certamen, una mujer por medio del stand up logra entablar y visibilizar los problemas que vivimos las mujeres día a día, generando además un intenso revuelo tanto en el público como en redes sociales.
Desde el año 2004 que ninguna mujer comediante pisaba el suelo de la Quinta Vergara, en uno de los festivales más importantes del año. Luego de 12 años de ausencia de mujeres comediantes, Natalia Valdebenito se presentaría en la tercera noche del festival, generando diversas expectativas de lo que sería su presentación, siendo una gran apuesta. Antes de la presentación, dentro de las redes sociales se armó un debate en torno a las rutinas de Natalia. Lo que más llama la atención era la cantidad de comentarios que expresan la mentalidad machista de la sociedad, producto de cómo el sistema moldea a las personas para su propio fin y que naturaliza cualquier tipo de violencia hacia las mujeres, algo que claramente, Natalia Valdebenito puso en jaque en su rutina.
Por la Quinta Vergara ha pasado un sin número de artistas. Sin embargo, dentro del área de humoristas y comediantes sólo cinco mujeres han pasado por el Festival, donde el resto de invitados han sido hombres. Uno de los frecuentes recursos humorísticos utilizados por la mayor parte de los comediantes son los chistes sexistas y homofóbicos, donde se ridiculiza algún aspecto de la mujer y la diversidad, haciéndolo ver como risible e incluso malo. “La maraca” “la guatona” “el maricón” “la fea”, son algunas de las recurrentes frases que podemos oír de boca de los aclamados humoristas que han pasado por la Quinta Vergara y que han sacado carcajadas dentro del público y los televidentes.
¿Esto qué expresa? Nada más que el objetivo principal de un sistema capitalista y machista: moldear la mentalidad ad-hoc al funcionamiento estructural de éstos para prevalecer, cosa en la cual la dictadura militar tuvo mucho que ver, e incluso, teniendo en cuenta que los años de “apogeo” del Festival, fue en este período. Volviendo al tema ¿qué relación tiene este análisis de la comedia festivalera con la rutina de Natalia? Pues Natalia dio el puntapié para poder cuestionar el tipo de humor que nos muestran no sólo en escenarios grandes y de renombre como el Festival, sino que también en el día a día dentro de la televisión abierta (como Morandé con Compañía, una “escuela” de humoristas sexistas), el tipo de humor donde la mujer es objeto de burla y subestimación. “¡Pero si son tallas nomás!, no sean graves” cuentan por ahí, y es claramente que dentro de esta talla, implícitamente se quiere expresar algo, y no algo bueno precisamente.
Hace pocos días Edo Caroe realizó una ácida presentación donde no dejó político de pie. Si bien la crítica a la situación del país con un sin número de escándalos políticos, corrupción y colusión era correcta y expresa un sentir que se va apoderando de gran parte de la sociedad chilena, no escapó del humor sexista, cuestión que “pasó piola” durante la rutina, pero que generó también un debate principalmente en las redes sociales.
La rutina de Natalia Valdebenito sin duda marcó un precedente: una espléndida arenga y declaración de principios de quienes luchamos día a día contra la violencia y la opresión, explicando lo que realmente es feminismo ante miles de personas y en un escenario por donde han pasado tantos conservadores y del cual ha sido expectante hasta el propio Pinochet en su tiempo. Natalia además pudo hablar de temas tabú, hizo risa de nuestras propias contradicciones con la ironía que caracteriza sus rutinas, pudo entablar la temática de las mujeres y la sexualidad, algo que culturalmente está abiertamente permitido a los hombres. Para esto se necesita una enorme valentía y convencimiento, en una sociedad que además está permeada por ideas conservadoras. Ella además pudo decir que estamos hartas de todo tipo de violencia hacia nosotras, en un contexto donde las mujeres nos hemos organizado por esto y que día a día cobramos más fuerza.
Si bien no hay un solo tipo de feminismo, y que personalmente puedo tener diferencias en cuanto a la visión política y estratégica de éste, yo soy una de las tantas mujeres que se sintió identificada por cada palabra pronunciada por Natalia: “que nos dejen de pegar, que nos dejen de agredir, que nos dejen de faltar el respeto en la calle, que nos dejen de subestimar, que nos dejen de acosar, que nos dejen de matar y que nos dejen de violar. A nosotras nos enseñaron a ser señoritas y a ustedes no les enseñaron a no violar”. Coincidentemente además estamos cerca de un nuevo ocho de marzo y qué decir que estas palabras vienen al hueso por todas las acciones que hemos realizado contra la violencia hacia la mujer, donde la lucha por nuestros derechos democráticos sigue de pie, y porque estamos cansadas de vivir algún tipo de violencia día a día, estamos cansadas de ganar menos por el mismo trabajo, cansadas de ser acosadas, menospreciadas, de ser blanco de estereotipos, de ser golpeadas, de abortar clandestinamente, de ser asesinadas (el 2015 fueron asesinadas 58 mujeres) ¡estamos cansadas de ser objetos de burlas, estamos cansadas de este sistema nefasto!. En esta lucha coincidimos todas, y tal como dijo Natalia “aún queda mucho”.
Claramente queda mucho por hacer, pues la sociedad hay que cambiarla desde sus cimientos, un cambio social, un cambio cultural, cambiar la vida y transformar la realidad. Cuestionar, debatir, convencer, Natalia lo hizo por medio del humor e hizo historia arriba del escenario, en una tribuna que tuvo expectantes desde Arica a Magallanes, donde hubo quienes le aplaudimos y otros que simplemente no entendieron la explicación con peras y manzanas de que feminismo no es ser feminizas ¡y en cetáceo!. Yo te aplaudo, Natalia, por decir lo que muchas sentimos día a día, y el sabor que me deja todo esto, es que hay muchas razones para seguir luchando hasta vencer y decirle adiós definitivamente al patriarcado.