Las condiciones de trabajo, estudio y vida, sumadas a las consecuencias de la pandemia, han afectado la salud mental de la comunidad escolar.
Miércoles 26 de octubre de 2022

El 10 de octubre se conmemoró el día mundial de la salud mental y como lo mencionan distintas organizaciones e instituciones, como la ONU y la OMS, este día tiene el objetivo de aumentar la conciencia de los problemas de salud mental en todo el mundo y movilizar los esfuerzos en apoyo de la salud en este rubro.
La depresión ha sido una de las enfermedades que más personas padecen. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, más de 300 millones de personas viven con depresión, aumentando así 18% desde el 2005 hasta el 2015. Los problemas mentales eran una fuerte problemática que con la pandemia se recrudecieron.
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Las condiciones laborales de l@s maestr@s violentan su salud mental
En el evento de la UNAM “Día de la salud mental de las y los docentes universitarios”, se describió que en numerosos países los padecimientos mentales lideran el primer puesto de enfermedades en los docentes, y esta situación se agravó con la pandemia. También se mencionó que en los últimos años los educadores han perdido la ilusión en el trabajo, aumentando la indolencia y la culpa, así como el síndrome de burnout. Hacen mención de que el incremento de actividades académicas ha sido un factor que no ayuda a la salud mental de los docentes.
También se expresó que la docencia es potencialmente riesgosa para la salud mental, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo. La OCDE, por su parte, señala la importancia de atender este aspecto si se quiere mejorar la calidad en la enseñanza.
En efecto, la docencia no es una tarea sencilla y hay factores que la dificultan más, como las malas condiciones laborales, salarios bajos que no alcanzan para cubrir nuestras necesidades y tener otro trabajo para compensar la paupérrimos salarios; además hay una gran inestabilidad laboral que se empieza a incrementar, principalmente en el sector privado, asi como en los niveles medio superior y superior, aunado a mecanismos como el USICAMM que obstaculizan el acceso a la docencia para las y los egresados normalistas.
Las políticas educativas también trastocan el bienestar mental de las y los maestros, aumentando la carga administrativa y laboral. Además muchas de nuestras labores, como la planificación de las clases y la elaboración del material didáctico, las hacemos fuera del horario laboral, ocupando tiempo que podríamos dedicar a la recreación o al descanso. Esto aunado al hostigamiento laboral que ejercen los directivos y las autoridades educativas hacia las maestras y maestros cuando contradicen las políticas educativas que nos imponen.
Cabe mencionar que las condiciones de las escuelas, la falta de mantenimiento de las estructuras, así como la deficiencia en los servicios básicos que deben tener los planteles (agua, luz, internet, etc.) y el raquítico presupuesto educativo generan una gran desilusión de laborar en esos lugares.
Nuestras alumnas y alumnos también padecen la problemática
También se violenta el derecho a la salud mental de nuestros estudiantes. De acuerdo con datos de la Secretaría de Gobernación, la pandemia incrementó el número de suicidios de niñ@s y adolescentes; tan solo en el 2020 se alcanzó una cifra récord de mil 150, lo que representó un incremento del 12% con respecto al 2019.
Recordemos que la SEP desplegó una campaña en la que expresaba una fuerte preocupación por la salud mental de la niñez y la adolescencia, que estaban siendo afectados por el confinamiento, justificando de esa manera la imposición del regreso a clases el ciclo escolar anterior, en el que además no garantizó condiciones sanitarias seguras.
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Sin embargo, abrir las escuelas no fue en sí mismo una solución, ya que se necesitan especialistas en el tema, en particular psicólogos en cada plantel que puedan darle un seguimiento y tratamiento profesional a cada alumno que lo requiera. Además debe de haber clínicas psicológicas en las colonias que ayuden a atender esta problemática en la población.
Los y las maestras debemos empezar a organizarnos para exigir condiciones aporten a una buena salud mental, lo cual pasa por un aumento del presupuesto educativo para la contratación de personal para la atención psicológica (además de médicos y enfermeras), para mejorar las escuelas y nuestras condiciones laborales.
Pero el bienestar mental está relacionado en general con el entorno social y la calidad de vida que tienen las niñas, niños y adolescentes, por lo que debemos plantearnos también la necesidad de exigir que mejore la calidad de vida de nuestros alumnos y sus familias.