La tuberculosis vuelve a resurgir a raíz de las deficiencias graves en el sistema sanitario en África y en otras regiones, además resiste cada vez más a los antibióticos.
Miércoles 15 de julio de 2015
Una enfermedad que se creyó prácticamente controlada después del descubrimiento de la estreptomicina a finales de la década de 1950 -y en especial en los países industrializados en donde las enfermedades infecciosas se creían habían pasado a la historia- está emergiendo de nuevo.
Es producto del indiscriminado uso de los medicamentos descubiertos, así como de los deplorables servicios de salud en países que ahora afecta. En la actualidad, hay 9 millones de casos y 1.5 millones de muertes por año: es la segunda causa de mortalidad en el mundo.
Otra causa que influye y es de gran importancia es el hacinamiento en las grandes ciudades, -en especial en los barrios obreros como Khayelisha, de 400,000 habitantes conurbado a Ciudad del Cabo- en donde viven varias familias en edificios pequeños que carecen de los servicios más básicos, con sueldos muy mal pagados que no les permiten ni cubrir las necesidades más básicas de alimentación e higiene. Esto genera un primer cordón para el combate de la enfermedad.
Para irse a trabajar deben tomar unas vagonetas en donde suben 18 a 20 personas en cada una, hacinados y además recorren distancias muy largas hasta sus centros de trabajos, en Ciudad de Cabo.
Resulta similar en la Ciudad de México, donde hay estas condiciones tan deplorables en los barrios populares. La contaminación afecta que seamos más sensibles a las enfermedades en vías respiratorias, además del alto consumo en tabaco -su consumo cada vez empieza a edades más tempranas por lo que aumenta vulnerabilidad a la tuberculosis y otras afecciones más-, tanto así que el 20% de los casos se atribuyen al tabaquismo según la OMS.
La tuberculosis además ha ganado terreno debido a la supresión inmunológica provocada por el virus VIH-SIDA. La posesión del virus aumenta entre 27 y 31 veces más la sensibilidad a padecer tuberculosis y desarrollarlo en variedad multiresistente o en ultrarresistente (que ni con los antibióticos de segunda línea son eficaces).
El tabaquismo, la diabetes y las deficiencias nutricionales son factores que también influyen en la supresión inmunológica.
Farmaceúticas, medicamentos y salud pública...
El comportamiento monopólico salvaje de las principales farmacéuticas como Pfizer, Merck y Bayer incentivado por el libre mercado, que elevan los precios de los antibióticos para la tuberculosis, tienen como consecuencia que la enfermedad será resentida por el pueblo pobre y trabajador, afectado por la baja de salarios.
Sumado al elevado precio de los medicamentos, el gasto en salud pública de los países dependientes es insuficiente además de mal encaminado. Lo poco que se canaliza se va hacia las grandes lagunas de corrupción dentro de los órganos administrativos y a los altos gastos burocráticos.
Debido a estas omisiones la tuberculosis no se ha erradicado ni se ha frenado de manera importante, y aparecen cada día más casos de variedades que muestran resistencia a uno o varios antibióticos. Los síntomas de la enfermedad cada vez son más intensos y los gobiernos hacen caso omiso al respecto.
Los síntomas ya conocidos (tos con estupos presentes con sangre, sudores nocturnos, baja repentina de peso, fatiga, sibilancias, dificultad respiratoria y dolor en el pecho) con las cepas resistentes se intensifican; se llega al grado de la postración además de que el desgaste orgánico es más doloroso para el paciente.
En África, en donde se concentra la mayor parte de los 480,000 casos reportados de tuberculosis de alta resistencia en el mundo, se padece con más frecuencia esta versión afectando a miles de personas cada año, en especial, en la África Subsahariana y Sudáfrica; en donde se concentran la mayor parte de los casos de VIH-SIDA, siendo la TB la principal enfermedad oportunista de ésta.
El sistema capitalista no tiene interés de resolver de fondo estos problemas que aquejan a la humanidad, al contrario, los agrava: contamina con sus industrias a la vez que explota a los niños que están desnutridos y les niega derechos como la educación además de que los vuelve más propensos a enfermedades como la TB con el agravante de que es más letal en un niño que en un adulto.
Son los dueños de las farmacéuticas, y los gobiernos que les administran sus ganancias, los que provocan estas atrocidades.
Esto es una muestra las prácticas inhumanas y humillantes intrínsecas al sistema capitalista. En la posguerra, sólo se atenuaron en los países capitalistas más desarrollados, en el resto de los países continuaron las condiciones de miseria. Ahora se agudizan en el seno de la clase obrera. Para ellos no somos seres humanos sino simplemente, cartuchos descartables.
Es necesario que la clase trabajadora tomen conciencia de que no solo es la Tuberculosis resistente sino también otras consecuencias ante tanta devastación ambiental y avaricia de los grandes grupos empresariales, como las farmacéuticas que encarecen a precios de diamantes sus patentes.
La clase obrera y trabajadora es la que produce la riqueza en el mundo, y se debe luchar por nuestros derechos humanos, la vida y las condiciones higiénicas en el trabajo y vivienda.
El capital usa los antibióticos como negocio, mientras que en los países semicoloniales mueren millones de personas por una enfermedad que podría prevenirse y erradicarse.
* Por países semicoloniales se entiende a aquellas naciones económicamente dependientes de las potencias imperialistas, que mientras mantienen una independencia formal están subordinadas política, militar y diplomáticamente a aquellas por pactos, acuerdos y tratados de coloniaje.