Una denuncia por violencia de género, que incluyó la difusión de imágenes sin autorización, abren un nuevo debate.
Jueves 28 de noviembre de 2019 15:39
Una denuncia que terminó convirtiéndose en el primer juicio por viralización de fotos y videos íntimos, puso sobre la mesa un debate que hasta el momento parecía estar escindido de las problemáticas de género de las que habitualmente se habla: la violencia de género digital.
En el Juzgado N° 3 de la provincia de La Rioja, donde se desarrolla el juicio, Paula Sánchez Frega contó que conoció a Patricio Pioli cuando fue a su local a hacerse un tatuaje. Luego de unos meses de convivencia, Pioli comenzó a ejercer sobre Paula distintas violencias, algunas físicas y otras psicológicas. Pero sin dudas todas con un denominador común, el uso de la violencia para imponer el miedo y a través de este coartar toda posibilidad de reacción por parte de Paula.
Como sucede generalmente en los círculos violentos, cuando Paula decidió terminar con la relación, el que era su pareja amenazó con venganza. En el caso de Pioli, se trató de la extorsión con difundir imágenes de ellos filmados en la intimidad. Finalmente, y pese a la negativa de Paula, Pioli decidió viralizar por WhatsApp fotos y videos íntimos.
Este fue un límite para Paula, que se presentó en la justicia para denunciar la violencia sufrida durante esos 8 meses de convivencia. Patricio Pioli fue detenido, con prisión domiciliaria, y acusado, en principio, de coacción y lesiones leves calificadas, delitos que figuran en el Código Penal. El abogado de Paula cuenta que ella se vio afectada en distintos ámbitos de su vida como resultado de ello. Recién después de dos años. por ejemplo. consiguió trabajo.
Lo nuevo en este juicio, que convirtió a Paula en la primera mujer que llega al Poder Judicial denunciando denunciando esto hechos, es que en rigor el delito que denuncia, no existe para las leyes argentinas, por lo que también se debate esta cuestión. En principio, el dato es que el juez consideró como un elemento más para ejercer violencia el uso de la tecnología. Es decir la utilización de las imágenes (fotos y videos) para violentar la intimidad y privacidad por razones de género.
En la actualidad, a estos delitos informáticos suele calificárselos como “pornovenganza”. Pero la abogada feminista Marina Benítez Demtschenko, especialista en Derecho Informático con Perspectiva de Género, sostiene por ejemplo que “decir ´pornovenganza’ genera impacto, pero encierra una terminología machista en la que grabarse o generar material audiográfico o audiovisual en la intimidad estaría vinculándose con producir pornografía, cuando en realidad sabemos que la pornografía está destinada a que otras personas se estimulen sexualmente con ese material, y lo que hacemos en la intimidad no es para terceras personas sino para las que intervienen en esa situación específica y mientras estén de acuerdo”.
Por su parte, el fiscal de la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI), Horacio Azzolín, propone utilizar el término “difusión no autorizada de imágenes íntimas”, ya que esta acción aún no es un delito en la legislación argentina.
Más allá de las salidas penales, que como advertimos muchas veces, se limitan a actuar sobre el hecho consumado en el caso individual; y más allá de los debates acerca del carácter (patriarcal, machista) de la pornografía en sí, lo cierto es que la divulgación no consentida de imágenes, videos y audios, como estrategia de la violencia de género, para someter a otre, se instala por primera vez en la agenda.
"Le pido a todas las mujeres que no dejen de denunciar y que sepan que la viralización de material íntimo sin consentimiento es una forma de violencia", sostuvo al respecto Paula, en una entrevista reciente.
El movimiento de mujeres logró visibilizar la violencia machista, pero desde aquel primer 2015 fue mucho más allá y sacó la violencia de las cuatro paredes en las que siempre se intentó ocultarla, para mostrar lo que sucede en los lugares de trabajo y estudio por ejemplo.
De ahí lo interesante de abrir el debate sobre la violencia que puede ejercerse a través de la informática. La violencia machista sin dudas involucra varias aristas y con ellas las posturas para dar una respuesta.