El Perú es el cuarto país con el índice más alto de feminicidios en América Latina. De esta manera, las estadísticas muestran que cada tres días, una mujer, es asesinada a manos de su pareja, ex pareja u hombre con algún tipo de cercanía a la víctima y durante el confinamiento por la pandemia la violencia no paró.
Diana Solis Directora de arte y militante de la Corriente Socialista de las y los Trabajadores "CST"
Miércoles 22 de julio de 2020
Foto: TELESUR
Durante el confinamiento no fue la excepción. Incluso las organizaciones y colectivas feministas alertaron de antemano las problemáticas que podrían generarse al dejar a las mujeres dentro de sus casas con sus agresores las 24 horas del día.
Por ello, en los días de cuarentena, no solo las líneas telefónicas del MINSA estuvieron saturadas por emergencias de Covid-19, la línea 100 del Ministerio de la Mujer colapsó frente a la ola de violencia de género.
En efecto, el primer feminicidio durante la cuarentena se registró el 22 de marzo contra Cynthia Xesmena Torres Huamán, de 36 años. El hecho ocurrió en Arequipa por su pareja, Rubén Castro Ortiz. Esa misma semana, el 28 de marzo en Lima, Pierina Navarro Tello de 27 años fue asesinada por su pareja, Michael Remigio Quezada, capitán de la policía.
En abril se registraron 12 feminicidios, en mayo 8 y en junio también 8 feminicidios.
Recordemos que en el 2019 se aprobó la Política Nacional de Igualdad de Género a través del DS N° 008-2019-MIMP, el cual especifica todas las formas de violencia de género, identificando de esa manera al feminicidio como el grado más extremo. Sin embargo, las cifras registradas de feminicidios entre el 2018, 2019 y lo que va del 2020, ponen en evidencia que la norma es insuficiente para ponerle fin a la violencia contra las mujeres ya que este es un problema que tiene raíces estructurales.
Esto quiere decir que las políticas implementadas por los gobiernos en los últimos diez años no han funcionado, además, es necesario tener en cuenta que dentro de esta problemática existen muchos actores que contribuyen a que los números ya señalados sigan en aumento.
La prensa
Escribir un artículo, noticia o informe sobre feminicidio sin caer en la revictimización y el morbo es difícil si no es a través de una mirada feminista y con perspectiva de género. La mayoría de noticieros, diarios y portales web solo buscan generar contenido hueco, rating y likes en sus páginas que terminan por convertir un feminicidio en un episodio de serie policial.
Lamentablemente en el Perú existe concentración de medios y solo se dedican a repetir las noticias de la misma forma, sin análisis coherentes, sin perspectiva de género, instrumentalizando los cuerpos de las mujeres fallecidas. Es importante empezar a analizar y criticar cómo se presentan las noticias sobre feminicidios o violencia de género.
La sociedad
"Un feminicidio no surge de la nada, surge de una sociedad violenta y de una sociedad cuyas relaciones de género son violentas" (Rita Segato, 2019) El reflejo de la sociedad peruana está en el estado y viceversa. Tenemos un estado que violenta a las mujeres, desde el derecho a decidir sobre sus cuerpos hasta la emancipación económica. La sociedad mantiene el rol de la mujer en subordinación a la del hombre, tanto en el plano privado como en el público. Si una mujer no sigue esos parámetros automáticamente hay un señalamiento por parte de la sociedad.
Estamos, entonces, ante una sociedad que genera constantes agresiones contra las mujeres, las normaliza y no las cuestiona. Asimismo, los hombres igualmente son víctimas de otros hombres que perpetúan una estructura de masculinidad. De esa manera se construye también una sociedad violenta. Es cierto que cada año el movimiento feminista crece, más mujeres se reafirman como feministas, educan a sus hijas e hijos con igualdad de género y hay más hombres que van entendiendo que debe haber un cambio. Pero estas acciones siguen siendo minoría ya que, como dijimos, el problema tiene un alto contenido social.
La necesidad de cambios profundos
El modelo económico y político de los últimos cuarenta años ha generado una serie de políticas ausentes de iniciativas de género y que valoricen la importancia de las mujeres en el desarrollo social. La educación pública sigue una agenda religiosa, capitalista y patriarcal, lo que impide entonces que la infancia crezca con una mirada justa y equitativa hacia las mujeres. La pedagogía es un instrumento muy importante, por ello es necesario exigir la separación de las iglesias del estado; por una educación laica, científica y con perspectiva de género y por aborto legal, libre, seguro y gratuito.
Del mismo modo, las mujeres debemos pelear por iniciativas que nos permitan acabar con la discriminación que sufrimos y que esta tan naturalizada en la sociedad. Sin embargo, las actuaciones de la mayoría de los políticos, tanto del ejecutivo como del legislativo, han sido lamentables cuando se debatió iniciativas que tenían que ver contra la violencia de género, esto ha quedado evidenciado en declaraciones y gestos que muestran el pensamiento de una sociedad machista y patriarcal.
Como lo vimos líneas arriba, el número de feminicidios en el país se acrecienta, lo cual ha sido potenciado por la pandemia y la cuarentena obligatoria ya que muchas mujeres se han visto forzadas a convivir todo el día con sus agresores, por eso, la mayoría de los feminicidios registrados en los meses de cuarentena ocurrieron en la casa de la víctima. De igual manera, muchas mujeres han quedado sin un empleo y sin un sustento económico, generándose con ello una mayor dependencia hacia sus agresores.
Por eso urge organizarnos y luchar contra las políticas anti laborales de Vizcarra que afectan mayoritariamente a las mujeres trabajadoras; por refugios transitorios y plan de vivienda para las víctimas; acceso a créditos para la vivienda con tasa cero; acceso de manera gratuita e inmediata al asesoramiento y la intervención de equipos interdisciplinarios especializados en la prevención, atención y asistencia a las mujeres víctimas de violencia; creación de un régimen de licencias laborales para las víctimas de violencia que tienen empleo, manteniendo su salario; guarderías en todos los centros de trabajo y en los barrios, atendidos por profesionales especialistas, entre otras medidas transicionales que nos ayudaran a empezar a luchar en serio contra la violencia que padecemos miles de mujeres todos los días.