Las críticas de Larroque al Gobierno, el tuit de Cristina y la respuesta del presidente rompiendo el silencio. Una interna donde preocupa el descontento social por su efecto en las urnas, y no evitar su causa: el ajuste de la mano del FMI.

Larisa Pérez Abogada @Larisaperez_
Martes 3 de mayo de 2022 21:21
Todo comenzó la mañana de este martes cuando Andrés “Cuervo” Larroque, ministro de Desarrollo Social de Kicillof y dirigente de La Cámpora, apuntó directamente contra Alberto Fernández de buscar la ruptura del Frente de Todos en declaraciones a Urbana Play. “Si el Gobierno es nuestro... Nosotros constituimos esta fuerza política, lo convocamos a Alberto y ganamos las elecciones. La intención de voto mayoritaria es a Cristina. Nosotros respetamos, pero Alberto no se va a llevar el Gobierno a la mesita de luz. Acá hay un frente”, afirmó Larroque, y volvió a cuestionar al ministro de Economía y su equipo: “Sin ningún tipo de dudas, el que fuerza la ruptura permanentemente con operaciones de desgaste sobre la figura de Cristina Kirchner y sobre el sector que ella representa es Alberto, sin ningún tipo de dudas. Acá los que están construyendo la derrota son Guzmán, Kulfas y Moroni”.
Las críticas de Larroque responsabilizan al ex presidente por la “derrota catastrófica a nivel nacional” del Frente de Todos, debido al empeoramiento de la situación económica. Sin embargo en la propia entrevista reconoce que construir la unidad del peronismo fue incluir a sectores “moderados” como el que expresa Alberto Fernández. ¿Y ahora descubre que el Gobierno perjudica a sectores populares?
La primera respuesta del Gobierno fue evadir el ataque diciendo: “No nos queremos dejar distraer por los que tiran piedras. Estamos preocupados por problemas reales, no por los egos”.
Pero un mensaje de Cristina Kirchner por twitter se sumó a la polémica: “La pregunta era: ¿Cómo íbamos a hacer para gobernar el país después de la crisis de 2001 con apenas el 22% de los votos? Mi respuesta fue única y categórica: nos íbamos a legitimar gobernando… porque se podía ser legítimo y legal de origen y no de gestión”. Algo similar a lo que ya había expresado en la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana (Eurolat): "Que te pongan una banda y que te den el bastón no significa que tengas el poder".
Frente a esto, Alberto Fernández utilizó un acto en La Pampa para responder a las críticas del kirchnerismo diciendo: “Yo no soy el dueño del gobierno, nadie lo es” y “El pueblo quiere que trabajemos juntos y cumplamos con las palabras empeñadas”.
Estuvo acompañado por Wado De Pedro, Ministro de Interior y dirigente de La Cámpora, quien hizo un discurso marcando su apoyo -a diferencia de su compañero Larroque-: “Venimos a ratificar la palabra del Presidente, que cuando asumió dijo que este iba a ser un gobierno federal. Eso le da la posibilidad concreta a cada argentino de tener trabajo en cada rincón de nuestro hermoso país”. Luego fue el turno del jefe de Gabinete, Juan Manzur: “Acá estamos, firmes, no perdimos nunca las convicciones, tenemos claro adónde vamos a ir y seguimos trabajando a la par de la gente”.
Estas críticas y respuestas vienen después de semanas donde el kirchnerismo hizo todo lo posible por bajar la división interna del Frente de Todos y mostrar gestos de unidad, como actos compartidos entre funcionarios que responden a Alberto y a Cristina juntos, y a puesta en marcha de una mesa del Frente de Todos en Provincia de Buenos Aires por iniciativa de Máximo Kirchner.
¿Condenados a la unidad?
Las internas dentro del Gobierno expresan algo más que la rosca política por poder: el desencanto por el aumento de la pobreza, el desempleo, el hambre entre los sectores de trabajadores que día a día y mes a mes siguen perdiendo poder de compra, sea que cuenten con un salario registrado, no registrado, o asistencia social del Estado. Lo que el Frente de Todos prometía iba a cambiar. El descontento social quedó a la vista en las elecciones pasadas, donde Juntos por el Cambio recompuso parte de su base, pero también aparecen opciones políticas fuera de los partidos tradicionales en los extremos: a la derecha los libertarios, fomentado por el establishment económico, y a la izquierda el Frente de Izquierda Unidad con una elección histórica.
La oposición de Juntos por el Cambio aprovecha esta debilidad para instalar su programa: victimizar a los empresarios, reclamar menos impuestos, menos protestas sociales, más impunidad patronal sobre las leyes laborales impulsando reformas y sobre todo, garantizar que se cumpla el acuerdo de ajuste y saqueo nacional votado junto al Frente de Todos en el Congreso.
En estos meses donde sectores del kirchnerismo se diferenciaron dentro del Frente de Todos dentro del Congreso al votarse el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, e hicieron públicas diferencias sobre algunas medidas económicas, no tomaron ninguna acción para frenarlas o cambiarlas. Los gestos de unidad posteriores ponen en evidencia dos cosas: buscan mejorar el resultado electoral, y que se dejan correr esas medidas aunque sean impopulares, sin oposición efectiva, ya que cuando la “frazada queda corta” no se puede poner más plata en los bolsillos de los trabajadores, sin tocar las ganancias empresariales, algo que el kirchnerismo no plantea hacer.
Cristina no sólo reivindica el capitalismo, que es lo que origina cada vez más desigualdad social, guerras y crisis, sino que los esfuerzos del kirchnerismo siguen puestos en que el descontento social no salga de su control. Como podrían ser las y los trabajadores reclamando aumentos de salarios por arriba de la inflación y recomponiendo lo pérdido bajo la era Macri, o los precarizados y desocupados reclamando empleo genuino y salarios acorde a la canasta básica, las únicas formas de terminar con los millones de niños y niñas que viven en la pobreza extrema. El discurso de que el Estado es el que otorga, y los trabajadores deben esperar, fomentando el miedo a males peores para hacer pasar el ajuste que ya se está viviendo, parece ser la receta con la que intentan recomponerse, sin garantías de que funcione. Mientras tanto, co-gobiernan con el Fondo Monetario Internacional, aumentó la participación empresaria en la riqueza generada en el país desde el 48 % en 2016 al 54 % en 2021, y se reduce la de trabajadores, no hay guerra ni siquiera batalla contra la inflación, y la desigualdad social y la pobreza aumentan.
La única fuerza política que hoy pone en agenda las necesidades urgentes de los trabajadores, contra el espíritu de resignación que promueve el Gobierno, es el Frente de Izquierda Unidad, proponiendo romper con la pasividad que imponen las direcciones burocráticas de sindicatos y movimientos sociales, y mostrando la irracionalidad de que las grandes mayorías populares dejen la vida en las fábricas y lugares de trabajo, peleando contra la miseria, mientras un puñado de parásitos se enriquece con su explotación, como se expresó en el gran acto por el Día del Trabajador en Plaza de Mayo.
Ver también: Masivo acto en Plaza de Mayo del Frente de Izquierda Unidad por el 1° de Mayo