La Iglesia Católica y Evangélica son profundamente patriarcales, crean y reproducen las normas sociales, políticas, económicas y culturales de lo que debe ser una mujer.
Natalia Cruces Santiago de Chile
Miércoles 4 de febrero de 2015
En los inicios del capitalismo, buscaron prohibir que la mujer ingresara al mundo laboral asalariado, también justificaban la violencia hacia la mujer, la prohibición del aborto, la condena a la homosexualidad, se negaban a que la mujer consiguiera el derecho a voto o la ciudadanía, entre muchas otras cosas.
La Iglesia Católica tiene en su haber una historia de asesinato, corrupción y tortura, durante la edad media, en las cruzadas, con la justificación de la conquista y asesinato de los pueblos originarios. También en su apoyo a muchas dictaduras militares como en Argentina o en Chile también, con curas que bendecían a los militares y sus asesinatos, o su apoyo al nazismo en los años 30’y 40’.
Además de la política de ocultamiento de los miles casos de pedofilia en el mundo, que durante décadas fueron acallados. Esa es la iglesia que defiende la vida. No muy atrás se queda la iglesia evangélica.
El debate del aborto
El proyecto de despenalización del aborto en tres causales, presentado hace algunos días atrás por Michelle Bachelet, está generando debates y tensiones, al interior de la Nueva Mayoría –especialmente con la Democracia Cristiana – y también con la derecha y las iglesias.
El rector de la Universidad Católica se ha transformado en el vocero de los sectores conservadores, también por la profunda crisis de la derecha a raíz del escándalo del caso Penta. No solo ha señalado que en ninguna de las clínicas ligadas a la Iglesia Católica se realizará el procedimiento, a pesar incluso que se vote la ley, sino también amenazando con el despido a quiénes no estén de acuerdo, a pesar de recibir fondos públicos para su casa de estudios y las clínicas del grupo. Por otro lado, anunció que llegaría al Vaticano para hablar con el Papa.
Desde los sectores feministas se defiende el derecho al aborto para todas las mujeres que lo necesiten, no solo en los tres casos señalados por el gobierno. El argumento de los sectores anti aborto, de acusar de ‘asesinos’ a quienes defienden el derecho al aborto es falso. Muchos estudios señalan que no se trata de una cuestión genética, sino del desarrollo del feto y sus órganos, de cuando este puede vivir solo fuera del útero, etc. Por lo tanto lo que buscan hacer es imponer una visión del concepto de vida. Por eso también rechazan la píldora del día después y otros métodos anticonceptivos.
Despenalizar o legalizar el aborto no promueve el aborto, sino que responde a una realidad que existe y que afecta a miles de mujeres por año, que sufren el riesgo de un aborto clandestino, con secuelas o denuncias a la justicia. Por eso las organizaciones feministas que luchan por este derecho desde hace años, insisten en la necesidad de conseguir el aborto legal, seguro y gratuito.