La tragedia en Las Tejerías era completamente evitable. Y bien podría hablarse de lo acontecido como crónica de una tragedia anunciada. No podemos naturalizar que se “atienda” la catástrofe en lugar de evitarla. Era más que previsible, todos los hechos y estudios precedentes ubicaban la zona como de altísimo riesgo sino se tomaban medidas de urgencia, y no se tomaron.
Milton D’León Caracas / @MiltonDLeon
Jueves 13 de octubre de 2022

El deslave en Las Tejerías hasta el momento ha dejado un balance de 50 personas fallecidas, 56 desaparecidos, 757 viviendas destruidas y 15 empresas afectadas de acuerdo a los últimos informes oficiales. Pero en otras partes del país, aunque en menor magnitud, también se suceden situaciones trágicas en medio de las torrenciales lluvias, con personas fallecidas y pérdidas materiales, contándose 20 víctimas mortales, fuera del deslave de Las Tejerías.
Mientras tanto, en el corto plazo tres ondas tropicales se aproximan a Venezuela. De acuerdo al Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh) las ondas tropicales 43, 44 y 45 vienen rumbo a Venezuela, aunque no precisaron cuándo estas ondas podrían llegar o acercarse al país, solo que ya este martes, la 43 estaba cerca del territorio nacional con un desplazamiento de 23 kilómetros por horas.
Todo esto implica más intensas lluvias con tormentas eléctricas, fuertes vientos, que pueden azotar el territorio nacional. En otras palabras, se podrían presentarse situaciones con saldos trágicos, sino se toman no solo los protocolos para minimizar los daños, como no se tomaron en Tejerías, sino las medidas preventivas de emergencia pues los problemas son más de fondo y de larga data.
Aunque sí estuvieron prestos quienes nos gobiernan a tomar medidas de “emergencia” para que los medios de comunicación no pudieran desarrollar ampliamente su labor porque, según el ministro de Interior y Justicia, “estorbaban”, permitiendo libre acceso solo a los medios oficiales. Incluso se llegó al extremo de “solicitar” que no se difundieran videos de la tragedia, tal como lo hiciera la gobernadora del estado Aragua, Karina Carpio. Todo para mantener el hermetismo y que no se pusiera al desnudo toda una tragedia evitable por responsabilidad del Gobierno y el Estado, teniendo pleno conocimiento de la situación vulnerable de la zona.
TRAGEDIA EN LAS TEJERÍAS: Por que el ministro de Interior y Justicia Remigio Ceballos no permite que la prensa libre el independiente entre a Las Tejerías estado Aragua? Aquí está la respuesta. pic.twitter.com/cFeBXgkzXR
— Gustavo Azócar A (@GustavoAzocarA) October 12, 2022
¿Por qué era evitable la tragedia de Las Tejerías?
Cuando apenas habían transcurrido 48 horas del deslave, Maduro se hizo presente en la zona de la tragedia, admitiendo que 10 días antes del deslave desde el gobierno tenían conocimiento de que los suelos estaban saturados por las lluvias de los últimos días. “Estuve diez días en transmisión conjunta. Tenía mucha preocupación, por la forma cómo se estaban saturando los suelos de agua. Se estaban saturando las montañas, y ordenamos revisar todas las montañas cercanas a las poblaciones porque se estaban saturando”, declaraba Maduro.
¿Pero por qué en esos momentos no se iniciaron los protocolos de emergencia de desalojos, evacuación de la zona, desmalezamiento, limpieza y remoción de escombros, atención de las familias en situación más precaria, entre otras? En todo ese tiempo la población de Tejerías pudo haber sido evacuada, pero la desidia estatal continuó corriendo ignorando el peligro inminente, mientras las lluvias se intensificaban y las quebradas o ríos ya se desbordaban.
Así, por ejemplo, todos los medios reportaban que desde el pasado 27 de septiembre, la quebrada Los Patos –una de las que estuvo en el centro de la tragedia este fin de semana–, ya había causado estragos en los sectores El Libertador y el barrio El Béisbol, cuando se presentó una crecida bien importante, y el 6 de octubre se volvió a vivir otro evento similar. El terreno estaba completamente saturado, suelto y colapsado por las lluvias de días y meses anteriores. Luego de 11 días de la primera crecida ocurrió la tragedia, y las zonas señaladas están prácticamente tapiadas por el gran deslave del sábado 8 de octubre.
Pero el inicio de los protocolos ante la inminencia del riesgo es solo una parte de las cosas que ni siquiera se llevaron a cabo, pero el fondo está en las medidas necesarias previas para no llegar a esos extremos, a sabiendas que desde hace más de una década toda esa zona era considerada de riesgo. De acuerdo a uno de los principales diarios de Aragüa, El Siglo, “en el año 2010 se hizo una evaluación en la zona (casco central) donde se determinó que todos los sectores ubicados en la sección de la quebrada Los Patos, mantenía un puntaje de riesgo de 98,3%, lo que significaba que, por condiciones de período de retorno en el área, era iminente un posible escenario con estas características”. Además, en estos días se hace público que en el Fonacit, Idea, Ivic reposan investigaciones sobre estos fenómenos naturales y no se toman en cuenta para la formulación de políticas públicas.
¿Cómo es posible que en más de una década, no digamos 10 días, no se llevaron a cabo las medidas necesarias, a sabiendas de tanto alto nivel de riesgo? ¿Culpa de la naturaleza? No, es la total desidia de un Estado y las consecuencias del decadente capitalismo venezolano, donde la organización del territorio y de los asentamientos urbanos condena a las mayorías trabajadoras y populares a condiciones precarias, en zonas de riesgo, colocándolas ante las inclemencias de las tragedias como la que se ha vivido recientemente.
Es que ante cada situación semejante que se presenta como estas torrenciales lluvias, el pueblo trabajador y pobre es quien sufre las peores consecuencias de la exclusión social y la falta de planificación urbana, de obras adecuadas para evitar inundaciones y de planes de contingencia para evacuar oportunamente en los momentos de los desastres. Ya que en la mayoría de los casos estas situaciones son previsibles, si se hacen estudios exhaustivos relacionados con los riesgos, identificando las amenazas y las vulnerabilidades en las zonas donde se plantean los desarrollos urbanos.
Son necesarias medidas de emergencia, basta de tanta desidia estatal y miseria capitalista
Por eso no se pueden atribuir tan alegre y cínicamente las consecuencias desastrosas para la población a los meros y exclusivos fenómenos de la naturaleza, cuando se sabe de antemano que por intensas lluvias se está expuesto a este tipo de tragedias. Situaciones que se pueden repetir en cualquier lugar del territorio nacional.
Cuando sucedió el desborde del río El Limón, también en Aragua en septiembre del 2020, cuando fuertes lluvias cayeron en la localidad y un alud afectó a su paso cerca de un centenar de casas en el municipio del mismo nombre, desde La Izquierda Diario advertíamos que se trataba de una alerta de situaciones más trágicas que podrían ocurrir.
En ese entonces se estuvo a las puertas de una tragedia mayor, lugar ya conocido por décadas de posibles desastres, tal como como lo es también la zona de Tejerías. En esos momentos no fueron las medidas de prevención las que evitaron un drama mayor, sino que la intensidad de las lluvias no llegó a niveles superiores provocando mayores desbordamientos.
Decíamos en ese entonces que “la situación presentada en Aragua preanuncia tragedias mayores de no tomarse medidas de emergencia, estructurales y de fondo. Más aún, en un país que ya sufre una de sus mayores catástrofes, económica y social, y no precisamente por causas naturales, donde los sistemas de hospitales están colapsados y en deterioro creciente, viviendas precarias como se observan en las grandes barriadas y una población expuesta a calamidades en un país en ruina”. Y muy lamentablemente, por la desidia oficial, tal cual como un pronóstico anunciado, hoy se ha vive la tragedia de Las Tejerías.
Y pueden venir otras tragedias de no tomarse medidas de emergencia, estructurales y de fondo. Las tragedias por las intensas lluvias que azotan en Venezuela con crónicas de desastres y muertes anunciadas, son debido a la ausencia completa del desarrollo de obras de infraestructura, trabajos de ingeniería urbana, vial, acueductos, canales o diques de contención, encauzamiento de los ríos sobre todo los de zonas urbanas o próximos, sistemas de alerta temprana fiables, viviendas seguras, entre otras medidas, que impidan que por las fuertes precipitaciones o desbordes de los ríos en zonas densamente pobladas o próximas a ellas se llegue a estas tragedias que serían evitables. Repetimos una vez más, no es la naturaleza la culpable.
Para que esto suceda hay recursos que pueden salir de cobrar impuestos a las grandes fortunas y las grandes empresas, dejar de pagar deuda externa, y aumentar los presupuestos para todo un plan de obras públicas, entre otras medidas, como parte de un plan de emergencia frente a estas situaciones.