En el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología llamaron a “librar una batalla contra los fundamentalismos” encarnados en los ambientalistas que se oponen al modelo sojero y megaminero.

Roberto Andrés Periodista @RoberAndres1982
Jueves 12 de abril de 2018 17:25
Ayer miércoles La Gaceta de Tucumán publicó un artículo titulado La ciencia argentina llama a una batalla contra los fundamentalismos. En ella se relata cómo en la asamblea del Consejo Federal de Ciencia y Tecnología, un órgano de asesoramiento del ministro de Ciencia Lino Barañao, una de las frases que se escuchó en reiteradas ocasiones fue: “Tenemos que librar una batalla contra los fundamentalismos”.
“Según manifestaron varios de los miembros presentes, esos ‘fundamentalismos’ están encarnados principalmente por agrupaciones ambientalistas que en reiteradas ocasiones ponen trabas a sectores productivos, principalmente la minería y la agricultura (sobre todo por la resistencia al uso de agroquímicos), con lo que favorecerían un atraso social y económico en comunidades puntuales”, señaló el medio tucumano.
Lino Barañao, quien ayer fue ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Cristina Kirchner y hoy lo es de Mauricio Macri, agregó en tal situación que “la diferencia entre un ecólogo y un ecologista es la misma diferencia que hay entre un enólogo y un borracho”. Y sin noción del ridículo hizo una fraudulenta comparación al señalar que “ha muerto mucha más gente en accidentes de tránsito o electrocutada que por el uso de agroquímicos en los cultivos. Sin embargo, ninguna de estas organizaciones ha salido a manifestarse en contra del automóvil o de la energía eléctrica”.
Solo señalemos que para el desarrollo de la industria automotriz y de la energía eléctrica se debieron imponer varias normas que regularicen estas actividades para su uso masivo, pero para el desarrollo del modelo sojero en Argentina no se contó con ningún estudio de impacto ambiental previo (salvo el realizado por Monsanto). Además el Senasa ha mantenido bajo siete llaves los documentos que habilitaron el uso del glifosato en Argentina.
“Pienso que se debe principalmente a que el beneficio de andar en auto o de encender la luz de la casa es mucho más cercano y palpable que el beneficio que trae, por ejemplo, un emprendimiento minero”. Mal ejemplo. A pesar de los años, en San Juan, Catamarca y Santa Cruz, las provincias emblemáticas del desarrollo del “modelo minero”, esta actividad no se convirtió en ningún momento en “motor de desarrollo”.
Después de casi 20 años de explotación de La Alumbrera los índices industriales y de la construcción cayeron en Catamarca, y los niveles de pobreza siguen siendo más altos que la media nacional presentando el mayor número de beneficiarios de la asignación universal por hijo. Mientras tanto La Alumbrera consumía más de 86 millones de litros de agua por día, mucho más que el consumo total de la provincia, y en materia eléctrica representaba el 85 % del consumo total de la energía de la provincia. Su filial tucumana consumía el 80 % del total de energía de la provincia. En marzo de 2017 el INDEC señalaba que San Juan, la provincia en donde opera Barrick Gold, era la tercera provincia más pobre del país.
Fundamentalismos y fundamentalismos
Lo de Lino Barañao es simplemente agitación política. La de un patovica con corbata al servicio de los grandes empresarios y el capital imperialista. Tan solo por poseer en sus manos el departamento del aparato estatal destinado al desarrollo científico que beneficia a la clase que detenta el poder, Barañao se adjudica la autoridad para designar, junto a esa cueva de lobos que es el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología, qué tiene “sustento científico” y qué no lo tiene.
Científicos y profesionales honestos que han acompañado la movilización popular en contra del saqueo y del socavamiento de las condiciones naturales que garanticen el derecho a un ambiente sano de la población, han elaborado estudios que muestran los efectos negativos del modelo minero y sojero en la población.
En diciembre pasado un grupo de científicos del Departamento de Geología y del Centro de Investigaciones de la Geósfera y la Biósfera de la Universidad Nacional de San Juan publicaron un estudio que mostraba, tras 17 años, los impactos negativos de la megaminería en el ambiente glaciar y periglaciar de los Ándes desérticos, específicamente en los casos de Pascua Lama y la mina Veladero, explotada por Barrick Gold. Esta última protagonizó en 2015 el peor desastre ambiental de la minería argentina con el derrame de cinco millones de litros de agua cianurada.
En dicha ocasión un informe del Laboratorio de Análisis Instrumental de la Facultad de Ingeniería de la UNCuyo confirmaba la contaminación, pero la Cámara Minera y el Gobierno sanjuanino de Gioja denunciaron el estudio como “malicioso” y reclamaron una retractación por parte de la Universidad, apelando a un supuesto estudio favorable emanado por la ONU, pero que posteriormente fue desmentido por el organismo internacional.
En el caso del agro, solo por nombrar algunos, están los estudios realizados por Andrés Carrasco, director del Laboratorio de Embriología de la UBA, de Eduardo Maturano, del Comité de Epidemiología del Instituto de Virología José María Vanella de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC, y de Damián Verseñazzi, del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR.
Ante estos casos las autoridades políticas universitarias denunciaron el carácter “anticientífico” de los estudios y bregaron por los acuerdos comerciales con las multinacionales químicas y agroalimentarias. La disputa por una ciencia al servicio del pueblo pobre y trabajador, en contraposición a una ciencia al servicio de los mezquinos intereses del capital nacional e imperialista, está más vigente que nunca.
Pero Barañao no se arruga si tiene que bendecir como ministro de Ciencia y Tecnología los fundamentalismos esotéricos de un empresario. Fue en noviembre pasado cuando el ministro confesó su disposición para estudiar lo paranormal “e ir viendo de qué manera podemos ir integrando esos mundos que parecen antagónicos, que tarde o temprano tienen que confluir”. Lo hizo mientras daba una charla en el auditorio de la Fundación Columbia de Conciencia y Energía, de Palermo, una institución creada en 2011 por Santiago Ardissone, presidente del Banco Columbia en Argentina.
Barañao acompañaba a las autoridades mientras estas entregaban las primeras Becas Fundación Columbia de Investigación en Ciencia y Espiritualidad. Uno de los proyectos ganadores se titulaba Rasgos perceptuales, psicofenomenológicos y psicofisiológicos asociados a las variedades de prácticas curativas espirituales y psicoenergéticas, del presidente del Instituto de Psicología Paranormal. Un año antes Mauricio Macri, su nuevo empleador, anunciaba la restricción del acceso al 60 % de becarios del Conicet del sistema científico.
Pero su confesión tenía segunda parte. El pasado 23 de marzo el ministro que llama a combatir los “fundamentalismos” que cuestionan la megaminería y el modelo sojero, tenía que abrir (tras autorizarla) la realización del Encuentro Gratuito Ciencia y Espiritualidad en el Centro Cultural de la Ciencia, organizado por la fundación de su amigo banquero.
El Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA repudió el evento y le solicitó a Barañao una disculpa pública por promover seudociencias. También que en el futuro “se abstenga de asociarse con personas o instituciones que promuevan este tipo de actividades”.
Fue una de estas mismas personalidades “esotéricas” la que le negó la promoción a investigador superior a Andrés Carrasco. Siendo biólogo molecular y director del Laboratorio de Embriología Molecular (Conicet-UBA), Carrasco publicó en 2009 su estudio en el que denunciaba los efectos del glifosato en el desarrollo embrionario, lo que generó un escándalo en la industria de los agrotóxicos.
Barañao, siendo ministro de CFK, realizó un inusual pedido de revisión “ética” al Conicet respecto al accionar de Carrasco y desacreditó su investigación tanto en el programa de Héctor Huergo, jefe de Clarín Rural y lobbysta del agronegocio, como en encuentros de la Asociación Argentina de Productores para la Siembra Directa (AAPRESID), una organización que recibe financiamiento de BASF, Bayer, Dow, DuPont y Monsanto.
En 2014, luego de tres décadas de trabajo e importantes hallazgos científicos (como los genes Hox) y varias publicaciones en revistas internacionales, a Andrés Carrasco se le negó su promoción a investigador superior del Conicet, pese a haber contado con experiencia siendo director del Laboratorio de Embriología. Al poco tiempo después moriría de un infarto.
En el comité que negó su promoción había un científico vinculado a los agronegocios y una experta en filosofía budista. Roberto Salvarezza, examigo de Barañao y diputado hoy por Unidad Ciudadana, puso la firma.
Lo señalado por Lino Barañao, en el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología en contra de los ambientalistas que denuncian el modelo sojero y la megaminería, no debe entenderse más que como una amenaza. A estas amenazas hay que hacerles frente: por cada Lino Barañao, que florezcan mil Andrés Carrasco.