Artur Mas no logró este martes ser investido de nuevo president de la Generalitat tras el primer debate en el Parlament. A pesar del apoyo de sus 62 diputados, tuvo en contra el voto de toda la oposición, pero también de sus aliados de la CUP, que sumaron 73. El jueves habrá un segundo debate. Aquí resumimos las claves del primero.

Diego Lotito @diegolotito
Miércoles 11 de noviembre de 2015
Foto: Alex García
El debate duró casi todo el día de ayer. Todos los representantes de cada grupo parlamentario tomaron la palabra para fundamentar su voto, que recibieron la réplica del candidato Artur Mas y luego tuvieron derecho a una contrareplica.
Inés Arrimadas (Ciutadans)
Comenzó con la intervención de la líder de la oposición en el Parlament, Inés Arrimadas, de Ciutadans. Su argumentación no fue novedosa. Habiéndole arrebatado al PP su papel de vanguardia del españolismo en Catalunya -eso sí, con “sensibilidad social”-, la diputada de Ciutadans atacó a Mas por haber sido un “mal gestor”, por haber recortado en servicios sociales, por la corrupción, por “intentar dividir” a los catalanes convocándoles a las manifestaciones de la Diada y por ser “duro con los débiles y muy débil con los que tienen el poder”· Y cargó con el argumento de que Convergència ha abrazado el independentismo por los procesos judiciales en los que está envuelta por casos de corrupción. “No cuela”, dijo una y otra vez como un latiguillo.
En su réplica, Mas respondió con ironía, afirmando que no hay ningún “chamán” en la Generalitat que obliga cada año a 1,5 millones de personas a salir a la calle y se defendió de querer tapar los escándalos de corrupción con una deriva independentista diciendo que “al contrario”, su apuesta le había generado “más problemas” con todo el mundo: el Gobierno, el Congreso, el Constitucional, el Ibex 35 y la prensa.
“Si hubiésemos sido duros con los débiles habríamos cumplido estrictamente los objetivos de déficit impuestos desde Madrid y todos han sido incumplidos porque tenemos conciencia social”, dijo Mas, pero al mismo tiempo justificó su apoyo a la reforma laboral del PP como recurso para evitar un rescate del país. “Nos la hemos jugado para ayudar a España y nos la jugaremos para tirar adelante con Cataluña”, afirmó. Una de cal y otra de arena.
Miguel Iceta (Partit dels Socialistes)
Miguel Iceta, jefe de las filas del Partit dels Socialistes (PSC), defendió la “unidad de España” sin mucha imaginación, como es usual en la parroquia socialista. Tras acusar a Mas de “estar dispuesto a lo que sea para seguir como presidente”, insistió con que la mayoría de los catalanes no quieren la independencia. Iceta terminó diciéndole no por triplicado al candidato: “No a la independencia, no a la ilegalidad y no a Artur Mas como presidente”, pero también dejó la puerta abierta al diálogo y la negociación: “En democracia mandan los votos, es cierto, pero en muchos de esos votos había esperanza de negociación, no de secesión como van a hacer ustedes”, afirmó el socialista.
En su respuesta Mas reivindicó los resultados electorales de Junts pel Sí, reprochándole a Iceta que hablase de la “unidad de España” con un 48% de la población a favor de la independencia. Y respondió que no estaba “dispuesto a hacer lo que sea” para ser presidente, “hay líneas que yo si soy presidente no las pasaré. Pero llegaré tan lejos como haga falta para cumplir el mandato de la gente”, amenazó Mas.
Sin embargo, con la mira puesta en los posibles resultados de las elecciones generales del 20D, Mas no desaprovechó la oportunidad para mostrar su disposición a reconstruir algunos puentes: “para que haya diálogo tiene que haber alguien en la otra parte. Y lo que recibimos es: ‘Tenemos toda la maquinaria preparada’”. Yo le conozco a usted y sé que no le molesta 2 millones de personas participando en el proceso. Pero ¿sabe con qué nos responden? Con querellas”, afirmó, buscando quizá ir abriendo alguna brecha en las filas del “frente nacional” con vistas al futuro.
Lluis Rabell (Catalunya Sí que es Pot)
Lluis Rabell fue quien siguió en el turno de intervenciones. La clave de la intervención del presidente de Catalunya Sí que es Pot, la coalición integrada por Podemos, ICV, EUiA y Equo, estuvo en una justa denuncia de la corrupción de CDC y una no menos justa crítica sobre la política antisocial del govern catalán. “Tenían su confianza la saga de los Pujol y Crespo. Debería irse a la oposición. Un partido como el suyo no puede pilotar el proceso. Ustedes necesitan desesperadamente conservar el poder”, dijo el diputado, y defendió que Catalunya necesita un Gobierno que “responda a las necesidades sociales. Es decir, todo lo contrario a lo que ha hecho Mas. Gobierno que se han contado con la connivencia del PP”.
Rabell consideró un exceso el tono del debate. “Hemos escuchado algunas voces intervenir como en el 1934”, dijo, antes de afirmar que “la independencia se ha vendido como una utopía y la polarización ha abordado el 27-S (…) Se dio un voto independentista sí, pero no para desconectar”.
El diputado de CSQEP quiso recordarle a Mas que “sí hay gente que les escucha” en España. "Sí, nuestros compañeros. Esta gente no solo nos escucha sino que en un entorno hostil defiende el derecho de autodeterminación de Cataluña. Es un orgullo”, dijo. Aunque no mencionó que la defensa del “derecho a decidir” que hacen tanto Podemos como IU, parte de la base de que la cuestión catalana debe resolverse en los marcos de la legalidad vigente y un hipotético referéndum en todo el Estado. Una posición que, en última instancia, se ubica como el “ala izquierda” del frente nacional que defiende la unidad española.
Como el experimentado político capitalista que es, Mas se defendió haciendo uso de la retórica. “Si yo hubiese querido el poder a cualquier precio”, dijo, “no habría convocado las elecciones anticipadas de noviembre de 2012, porque tenía estabilidad parlamentaria, y en aquellas condiciones convoqué elecciones: perdimos diputados y formamos otra mayoría con ERC”. Y haciéndole un “ole” a las críticas por corrupción, sostuvo sin sonrojarse que “es verdad que CDC ha tenido aportaciones de empresas privadas, como otros”, pero se justificó con el insólito argumento de que “no está prohibido que los partidos reciban dinero a través de las fundaciones y si quieren lo pueden prohibir”.
La respuesta de Mas a Rabell dio lugar a uno de los momentos más tragicómicos de la sesión. Fue cuando el líder de CDC no dejó de atacar en uno de los flancos más débiles de CSQEP, su defensa del gobierno de Syriza. Con cinismo, Mas le recordó a Rabell que Syriza era el “gran adalid” en contra de las políticas de austeridad y que ahora las está aplicando. “Si lo hace Syriza no pasa nada, pero si lo hace el Gobierno de Catalunya está mal. Y eso que Catalunya está peor que Grecia, porque ellos al menos se defienden como Estado”, dijo Mas.
De este modo, Mas intentó justificar que los ajustes y medidas antipopulares aplicadas en Catalunya han sido fruto de la “imposición” del Estado central. “Es muy fácil criticar esta reforma laboral”, ironizó, “el gran tema es si algún día podremos hacer un marco laboral desde este Parlament y así podremos decidirlo entre nosotros”.
Y finalizó con un guiño: “Ya sé que defienden el derecho a decidir pero nosotros no solo lo proclamamos sino que lo ejercemos”, seguido de una invitación: “Si quieren volvemos a hablar después del 20-D, contemos las fuerzas y veamos si podemos hablar con Madrid”.
Xavier García Albiol (Partido Popular)
Tras un receso llegó el momento del PP en el uso de la palabra. Su líder en el Parlament, Xavier García Albiol, resumió el discurso de investidura de Mas con cuatro conceptos: “Debilidad, sumisión, mentira y odio contra España”. Le achacó al candidato a president que carece de un aval democrático para impulsar el proceso independentista y lamentó su dependencia de “un partido estrafalario y radical” como la CUP.
“Entiendo que considere que el PP no quiere a Cataluña, aunque forme parte de su imaginario, pero hoy dos grupos políticos [por CSC y Ciudadanos] le han abierto una puerta y, desde la responsabilidad, le pido que escuche e intente llegar a acuerdos para que el Gobierno catalán no dependa de la CUP”, dijo García Albiol en un llamado a la responsabilidad de Estado de quien tantas veces fue un leal aliado del PP.
La respuesta de Mas, impetuosa, acusó al PP de haber sembrado la “semilla de la discordia” en el conjunto de España desde que se opuso al Estatuto y defendió que se acabarían los problemas si la Generalitat recaudase todos los impuestos. Mas pasó factura por los agravios permanentes a Catalunya en el terreno de las infraestructuras: “¡Tenemos una población del 16%, nuestra economía pesa el 19% y la media de inversión es del 10%!”, dijo con vehemencia.
“Cuando hablé con Rajoy no le pedí dinero”, dijo Mas, “pues no, le dije ‘saquemos Cataluña del sistema del café para todos y hagamos un acuerdo bilateral como tienen otros’”, sincerando quizá sin darse cuenta sus objetivos en el proceso. Y respondió también a las críticas del PP a la CUP con un curioso pase de factura: “cuando resulta que en muchos temas no tengamos el acuerdo de la CUP, ¿tendremos el apoyo de ustedes en otros temas que dicen que sí son imprescindibles? Ustedes no están ofreciendo colaboración. Se quieren cargar el consenso de la mayoría de la Cámara”.
Antonio Baños (CUP)
Pero el momento central del debate, no obstante, llegó hacia el final y fue justamente con la formación más pequeña dentro del Parlament, la CUP, pero que por su alianza con Junts pel Sí como parte del bloque soberanista, tiene en su poder la llave de investir o no a Artur Mas.
El portavoz de la CUP, Antonio Baños, justificó su negativa a investir a Artur Mas por tres razones. La primera, la gestión de Mas al frente de la Generalitat durante los últimos 5 años “marcada por los recortes, las privatizaciones y los casos de corrupción”, que no pueden justificarse ni por la crisis ni por las imposiciones del Estado central. El segundo argumento fue el del “personalismo” del actual President en el proceso, que en su discurso del lunes en el hemiciclo catalán había dicho que si la CUP no le apoya en la investidura “el proceso encallará”. Contra esta amenaza de Mas, Baños respondió que “el proceso no se encalla, porque nadie lo puede encallar. Todo el mundo es necesario, pero nadie es imprescindible”. Y un tercer argumento, generado por “su discurso de ayer”, le recriminó Baños a Mas, en el que el líder de CDC no mostró su compromiso con la república catalana puesto que en su discurso “pasó por encima sobre el tema de levantar las alfombras de la corrupción que han sido la base del autonomismo”.
Pero pese a la negativa, Baños tuvo un discurso amistoso, que no dejó de reconocerle virtudes a Mas y elogiarlo por sus dotes de “piloto”. “Usted ha ido a la deriva, ha navegado las corrientes que había, y eso ha sido un acierto”, le concedió. “Conseguiremos un gobierno fuerte y transversal. Pero un gobierno no puede ser una sola persona”.
“Hoy no saldrá de aquí hecho capitán”, le dijo Baños a Mas al terminar su intervención, “pero no se preocupe porque la tripulación está y navegaremos”.
Artur Mas respondió con sonrisas, evasivas y artilugios retóricos para endulzar los oídos de sus aliados. “No entiendo que una formación que quiere mirar hacia adelante y no quejarse, no entiendo que se agarre a la gestión autonómica como argumento para votar no hoy”, aseguró Mas. “Puse las urnas el 27-S para llegar al Estado completo, no para gestionar la autonomía”.
“En Cataluña no hay un sistema estructural de corrupción institucionalizada”, se defendió, “son actuaciones personales”, al tiempo que lanzó un anzuelo: “No hay que renunciar al ámbito público, lo he dicho muchas veces. Y mucho de lo que se ha privatizado son concesiones por pocos años para obtener ingresos y no hacer los recortes que nos exigían desde el Gobierno de España”.
Y en cuanto al personalismo, se defendió: “No sé cómo hablan de personalismo cuando, por ejemplo, en contra de lo que me dictaba el corazón, no fui a ninguna de las manifestaciones del 11-S, con lo fácil que me hubiera resultado ir”.
Baños reafirmó la “mano extendida” de la CUP a CDC y Junts pel Sí: “Hay margen para entendernos. Usted lo decía: somos 72 para tirar adelante el proyecto para crear un Estado en Cataluña. Si somos los 72, espero que de aquí a que sea acabe el debate seamos capaces de encontrarle el intríngulis a la cuestión inevitable de que haya un Gobierno definitivo, que arranque rápidamente”.
El líder parlamentario de la CUP insistió también en la necesidad de encontrar rápidamente una solución al intríngulis de la investidura, para que surja un Gobierno de Junts pel Sí que no sea pilotado por Mas. El president le sugirió una salida: que los 72 diputados de Junts pel Sí y la CUP se reúnan y voten por un candidato, a lo que Baños respondió que se haga en formato asamblea y mediante consenso. Y hasta propuso una última alternativa: “voto secreto”, jugando con la idea de que haya alguna sorpresa.
Pero a pesar de los elogios, las sonrisas, las ofertas y contraofertas, no pareciera que de aquí al jueves se –cuando se realizará la segunda votación- Mas logrará que la CUP le brinde su apoyo. Todo indica que se irá a nuevas negociaciones durante dos meses, a la espera de la tercera y última oportunidad para Mas: el 9 de enero.
Lo contradictorio del fundamento de la CUP para no votar a Mas, es que salvo la crítica de “personalismo”, cualquiera de las otros dos cuestionamientos –fundamentales si se mira el debate desde una óptica anticapitalista como la que dice defender la CUP-, es que son aplicables a cualquier representante de CDC, no sólo a su líder Artur Mas.
Incluso la propuesta realizada por la CUP en la mañana de ayer, proponiendo al portavoz de Junts pel Sí, Raül Romeva, como “candidato de consenso” para encabezar el gobierno de la Generalitat, adolecía del mismo problema. Romeva, aunque no proviene de las filas de CDC y aparece como un candidato más “transversal”, en los hechos no es más que el “hombre de paja” de Artur Mas.
La propuesta de Romeva fue un intento de la CUP de “corregir” hacia la izquierda su oferta anterior, la vicepresidenta de la Generalitat, Neus Munté, una dirigente de CDC, ejecutora de la política de recortes, con responsabilidades en los gobiernos del 3% y lazos con la burocracia sindical de UGT.
La realidad es que desde una política consecuentemente anticapitalista, ni Mas, ni Munté, ni Romeva, ni ningún representante político de CDC son dignos del más mínimo apoyo político. Pero el problema no son los candidatos sino, considerar que CDC, el partido histórico de la burguesía catalana, forjado en una historia de corrupción y ataques a los trabajadores y sectores populares, puede ser un compañero de viaje en la lucha por la conquista del derecho de autodeterminación de Catalunya y, mucho menos, para resolver los grandes problemas sociales del pueblo catalán.

Diego Lotito
Nació en la provincia del Neuquén, Argentina, en 1978. Es periodista y editor de la sección política en Izquierda Diario. Coautor de Cien años de historia obrera en Argentina (1870-1969). Actualmente reside en Madrid y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.