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Red Internacional
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DESASTRE NUCLEAR. Las madres de Fukushima

A cinco años después del tsunami que arrasó la central de Fukushima, se han documentado unos 600 niños que sufrieron y continúan padeciendo los efectos de la radiactividad.

Domingo 6 de noviembre de 2016

El 11 de marzo de 2011, los tres reactores en operaciones en Fukushima se apagaron rápidamente después de un terremoto. La mayor parte del combustible en esos reactores era dióxido de uranio. Cuando el tsunami inundó el sitio, unos 40 minutos después del terremoto, se perdió la energía nuclear y a eso siguió la pérdida de la fuente de energía local para emergencias, lo cual causó un apagón en la estación y la pérdida del refrigerante del reactor. Lo siguiente fue una fundición parcial del núcleo en las unidades 1, 2 y 3. La reacción del revestimiento de aleación de zirconio del combustible con el agua a temperaturas altas generó gas de hidrógeno que se acumuló y explotó en cuatro de las unidades del reactor. El escape de radioactividad, aparte de los productos gaseosos y volátiles de la fisión, fue controlado con toneladas del agua del mar que se usó para enfriar los núcleos y las piletas de almacenamiento. Durante la crisis nuclear que siguió al terremoto y tsunami fueron evacuadas más de 80.000 personas del área más cercana a la planta Fukushima, y más de un año después siguen desplazadas. El gobierno de Japón ha asignado inicialmente 13.000 millones de dólares en contratos para empezar la descontaminación y rehabilitación de una región de más de 35.000 kilómetros cuadrados expuesta a la precipitación radioactiva.

Cuando ocurrió el desastre, mucha gente no pudo abandonar su ciudad, con el agravante que muchas personas, especialmente niños, tuvieron diagnósticos de hemorragias nasales y en algunos casos aparecieron quistes cervical en la garganta con insuficiencia respiratoria. A cinco años después del tsunami que arrasó la central de Fukushima, en la ciudad de Kawakami se han documentado unos 600 niños que sufrieron y continúan padeciendo los efectos de la radiactividad, con patologías de cáncer de tiroides, hemorragias nasales, dolores de cabeza, erupciones cutáneas, ojos hundidos, materia fecal negra...

Los testimonios de los sobrevivientes dan cuenta de cómo este desastre afectó la vida cotidiana familiar. Una periodista del diario El Mundo que estuvo en esa zona comentó lo siguiente: “una mañana acompañé a un sacerdote mientras atendía a un grupo de las llamadas madres de Fukushima. Una pequeña sala de apenas 10 tatamis, llena de juguetes de madera y un pequeño piano, en la que se oía la voz suave y tranquila del pastor, un hombre de poco más de 40 años. Frente a él había sentadas cinco o seis mujeres de edades comprendidas entre los treinta y cuarenta años a las que se les relajaba la expresión del rostro oyendo lo que les decía el religioso. Todas ellas parecían petrificadas y tensas: un reflejo natural de cinco años de penurias y sufrimientos”.

Otro testimonio explicaba, “cuando sucedió el accidente, mi hijo formaba parte de una banda de música después del colegio. Sufrió una hemorragia nasal tan terrible que gastó una caja entera de pañuelos de papel. Ahora, cuando se va al colegio andando, le sangra la nariz. Las hemorragias nasales son tan intensas que le he pedido que abandone la banda de música”. Entre todas las ciudades de la prefectura de Fukushima, la ciudad de Koriyama tiene la mayor población de niños con cáncer de tiroides confirmado y de casos sospechosos, según los resultados del primer y segundo estudio oficial de seguimiento de la función tiroidea realizados en 2014 y 2015.

Todos los años la Universidad Médica de Fukushima investiga la incidencia de cáncer de tiroides en distintos municipios y, a finales del mes pasado, se detectaron 16 nuevos casos confirmados en Koriyama, lo cual eleva a 115 la cifra total de niños afectados. Estos enfermos tenían edades comprendidas entre los 6 y los 18 años cuando sucedió la catástrofe.

Las autoridades descreen que exista una vinculación entre el accidente nuclear y la incidencia de cáncer, y así lo han demostrado cuando en diferentes encuentros se mostraron indiferentes ante las familias afectadas que se hicieron presentes en ese lugar. Solamente pudieron preguntar los principales medios de comunicación de Japón afines al Gobierno.

Existe una razón para tanta indiferencia. La ciudad de Koriyama es un importante centro de negocios de la región, con unos 340.000 habitantes en la actualidad. La buena evolución del sector químico de los últimos cinco años y la fanfarria oficial de la “Campaña de reconstrucción de Fukushima” impulsada por el Gobierno han hecho que, desde febrero de 2015, regresaran a la ciudad unos 6.600 habitantes. También es la ciudad que alberga la mayor cantidad de gente enviada por las empresas desde Tokio, porque aquí se concentran muchas fábricas y delegaciones de las principales empresas japonesas.

Uno de los pocos periodistas japoneses que se animó a investigar sobre el desastre de Fukushima fue Maki Iwaji, de la cadena de televisión Asahi. Su trabajo fue investigar la verdad sobre los niños afectados en ese lugar. Su investigación nunca llegó a publicarse, por un supuesto “suicidio” al inhalar humo de carbón en su casa.

Maki fue el primer periodista de la televisión japonesa que logró emitir un vídeo de una entrevista con una madre cuyos hijos tenían cáncer de tiroides. Su paso por la ciudad de Koriyama fue bien visto por los propios damnificados. Los testimonios en ese lugar dan cuenta que este periodista estaba intentando identificar a un niño con cáncer de tiroides que entonces tenía seis años. Su búsqueda lo llevó a dialogar con la junta directiva de su colegio y visitando el propio centro escolar. Tarea infructuosa ya que los directivos del colegio negaron la existencia de un niño que haya tenido esa problemática.

La vida de muchas madres es ardua porque son conscientes de vivir en un contexto donde todos pueden estar afectados por la radiación, por eso compran alimentos fuera de Fukushima. Eso ocasionó que inviertan una cantidad enorme de energía para afrontar las críticas que lanzan contra ellas sus vecinos e incluso sus propias familias. Hay que tener en cuenta que las escuelas de Fukushima están empezando a consumir verduras y arroz de la región con el eslogan de “Comamos comida local”.
El tema es que cuanto más intensamente se dedican a defender a sus hijos, mayor presión y rechazo han de soportar, especialmente de sus maridos y parientes más cercanos. De hecho, la mayoría de estas mujeres confiesa que la relación de pareja con sus maridos ha empeorado, cuanto más hablan de sus miedos y preocupaciones, más aumentan las fricciones con sus cónyuges.

Muchos hombres creen y cumplen sin una actitud crítica lo que dice el Gobierno y los medios de comunicación japoneses. Por eso los conflictos de parejas son muy intensos y en algunos casos llega hasta el divorcio. Otras optan por quedarse con sus maridos porque no se atreven a divorciarse, a pesar de que temen por la salud de sus hijos. En muchos casos mujeres que les plantearon a sus maridos de irse a vivir a otro lugar luego de la explosión de Fukushima la respuesta es, “vete tú sola, la niña se queda aquí”. Según el diario El Mundo, la misma mujer admitió, “si pudiera divorciarme, lo haría. Pero no puedo, si me mudo a un lugar extraño, sola con mi hija disminuida, no creo que pudiera sobrevivir”.