En la entrevista publicada recientemente por el periódico La Jornada, el jefe de gobierno de la Ciudad de México intenta explicar la caída de su popularidad: dice que fue por no desalojar el plantón del magisterio, cuando el “50% de la población lo quería”.

Pablo Oprinari Ciudad de México / @POprinari
Martes 12 de septiembre de 2017
Mancera miente. Es común entre los políticos al servicio de los empresarios, más aún cuando están en carrera para la silla presidencial. Ahora se nos presenta como democrático y tolerante ante los maestros. Nada más lejos de la verdad.
El viernes 13 de septiembre del 2013, el plantón magisterial en el Zócalo de la Ciudad de México fue desalojado violentamente por 3,000 efectivos, en una acción ordenada por Enrique Peña Nieto, con el saldo de un número indeterminado de heridos y más de 30 detenidos.
El mando de la represión estuvo a cargo del entonces Comisionado Nacional en Seguridad (CNS), Manuel Mondragón y Kalb, quien hasta diciembre de 2012 actuó como Secretario de Seguridad Pública del gobierno perredista de la Ciudad de México (entonces GDF).
El GDF y la policía capitalina apoyó y participó de toda la operación para expulsar a las y los maestros de Zócalo. El secretario de gobierno de la Ciudad, Héctor Serrano, junto al gobierno de Oaxaca y a los altos mandos de la PF, le dieron el ultimátum a los maestros para que se retirasen del Zócalo, tal como publicaron varios medios de circulación nacional al día siguiente.
En los mismos pudo leerse también que tanto Mancera como el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, justificaron el accionar policial y la represión contra los profesores.
Mancera habló explícitamente de la intervención conjunta de las autoridades locales y federales. Está plasmado en los medios que la policía capitalina participó del operativo posterior para “liberar las vialidades” y “escoltar” a los maestros fuera del centro Histórico. Mancera no puede ocultar que el GDF fue parte de la operación para desalojar a los combativos maestros del Zócalo.
Esta colaboración con el gobierno federal se confirmó después del desalojo: el GDF se encargó una y otra vez de evitar el regreso de los maestros a la Plaza de la Constitución. Y también de hostigar y desalojar los plantones que la CNTE instaló en otros lugares de la ciudad para darle continuidad a la lucha contra la reforma educativa.
El 19 de noviembre de ese año, los granaderos del D.F. golpearon a los maestros que se manifestaban cerca del Monumento a la Revolución. El 11 de febrero de 2015, miles de policías capitalinos junto a fuerzas federales reprimieron al magisterio, desalojaron Paseo de la Reforma y los encapsularon hasta el Monumento a la Revolución. El 26 de junio de 2016, Miguel Angel Mancera amenazó con reprimir si intentaban llegar al Zócalo quienes se movilizaron en solidaridad con el pueblo de Noxchitlán y el magisterio de Oaxaca.
La mentira de Mancera y su historial represivo no termina allí. Desde diciembre del 2012, el llamado “Pacto por México” se mostró también en una política represiva común entre el Gobierno capitalino y el gobierno federal.
El debut de Manuel Mondragón en la CNS y de Miguel Ángel Mancera en el GDF fue el 1 de diciembre de 2012: represión a las protestas por la asunción de Enrique Peña Nieto, con un saldo de decenas de detenidos y heridos de gravedad, uno de los cuales -Juan Francisco Kuykendall- falleció posteriormente a causa de las heridas recibidas.
Desde entonces, el gobierno perredista impulsó la criminalización de la juventud y la protesta social, con represión y decenas de presos políticos. Ejemplos hay muchos: uno de ellos, el 10 de junio de 2013, al finalizar la marcha en conmemoración del “Halconazo” de 1971.
Una de las medidas más impopulares de Mancera fue el aumento del metro a cinco pesos, que justificó con promesas de mejorar el transporte público, lo que nunca hizo. El movimiento “Pos me Salto” fue hostigado mediante multas y arrestos, y sujeto al espionaje policial, como fue denunciado en su momento.
Mancera, en campaña
Lo único cierto en la entrevista mencionada es que Mancera está a la baja en su popularidad, resultado del descontento que provoca en amplios sectores de la población de la CdMx.
Ahora, para apuntalar sus aspiraciones presidenciales, afirma “Esto de la política no se me da” y lanza una campaña de spots –en vísperas de su quinto informe de gobierno– presentándose como algo distinto “a los políticos” y “cercano a la gente”. Y además, quiere borrar su historial de represión y criminalización a las luchas sociales.
Pero Mancera gobierna la ciudad al servicio de los de arriba, bajo su mandato los empresarios y las constructoras se beneficiaron enormemente.
En contraparte, los trabajadores y el pueblo pobre sufren las consecuencias de su gobierno: viajan hacinados todos los días en un transporte público cada vez más desbordado, y amplios sectores de la población padecen desde las carencias de una infraestructura básica –como la falta de agua potable y de una vivienda digna– hasta el colapso con las inundaciones recientes.
Frente a quienes gobiernan para los de arriba, necesitamos una ciudad al servicio de los trabajadores, la juventud y los sectores populares.

Pablo Oprinari
Sociólogo y latinoamericanista (UNAM), coordinador de México en Llamas. Interpretaciones marxistas de la revolución y coautor de Juventud en las calles. Coordinador de Ideas de Izquierda México, columnista en La Izquierda Diario Mx e integrante del Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas.