La pandemia exacerbó las desigualdades e hizo más extremas las falencias, entre ellas el (no) acceso a un techo. La crisis habitacional se profundizó porque muchas personas no tienen ni pueden pagar un lugar donde vivir con sus familias. ¿Cuál es la situación de las mujeres en los barrios vulnerables, villas, asentamientos y tomas?
Tomando el censo nacional del Registro Nacional de los Barrios Populares (RENABAP, Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat) que fue realizado entre el 2016 y 2019 en todo el país, hay 4.416 barrios populares en el país, donde habitan más de 4 millones de personas. Sólo en la provincia de Buenos Aires hay alrededor de 1.800, y más de 900 en el Área Metropolitana de Buenos Aires. A los que habría que sumar, las 800 tomas nuevas en lo que va del año.
En estos barrios, villas y asentamientos, el 99% no accede a la red formal de gas, el 89% no accede a la red formal de agua corriente, el 98% no accede a la red formal cloacal, y el 64% no accede a la red formal de electricidad.
A la vez, en abril de este año (previo a la pandemia), el Observatorio de Géneros y Políticas Públicas, presentó un informe sobre las desigualdades de género en estos barrios, que compara los datos del RENABAP con la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC en el mismo período. En relación al “trabajo”, en todas las tasas (de actividad, de empleo, desocupación y de trabajo informal) la situación de las mujeres que habitan los barrios y asentamientos, es aún más vulnerable.
Por ejemplo, la tasa de desocupación general de las mujeres para la EPH se ubicaba en el 11%, pero para las mujeres en estos barrios asciende al 20%, el doble. Si las mujeres asalariadas en blanco para la EPH representaban el 23%, para las mujeres en estos barrios desciende a sólo el 10%, menos de la mitad. Por otro lado, solo 3 de cada 10 mujeres de estos barrios declaró tener un trabajo con ingreso antes de la pandemia. Y si para la EPH, el 14% de las mujeres que trabajan, realiza Tareas en el hogar sin remuneración, en los barrios y asentamientos asciende al 34%.
En 6 de cada 10 viviendas, una mujer es responsable del hogar (el RENABAP considera responsable del hogar a quien lleva adelante las tareas fundamentales para su sostenimiento). Y siendo sólo el 8,5% de los hogares “monoparentales”, en estos, la amplia mayoría (88%) está a cargo de mujeres.
El informe concluye con recomendaciones para políticas públicas, entre ellas la urgente urbanización y acceso a la vivienda y el trabajo. La dirección de este informe estuvo a cargo de Victoria Freire, en equipo con Agustina Rossi, Lashayas, Florencia Cascardo, Julieta Campana
Por parte del Estado, la respuesta es tratar a quienes habitan estos barrios como delincuentes, amenazarlos con desalojos e incluso amenazan quitarles las ayudas económicas del estado, a quienes las tuvieran.
Pero, ¿qué instituciones del Estado podrían dar un respuesta y quiénes están a cargo?
Son otras mujeres. Por ejemplo, en caso de la reciente toma en Guernica, la intendenta, Bianca Cantero, del Frente de Todos, no solo no brinda solución alguna a las mujeres de la toma, sino por el contrario, amenaza con su desalojo. El ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat, está a cargo de María Eugenia Bielsa, que se remitió a decir que las tomas son un “delito”. De igual modo la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, aunque luego reconoció que hay una presión concreta por el deficit habitacional mientras hay muchos terrenos ociosos. La Titular del ANSES, Fernanda Raverta, fijó un IFE de $5.000 por mes para una familia, que no llegó a todas, menos aún a la mujeres migrantes, que la directora de Migraciones, Florencia Carignano, tampoco respondió. Y aún no hay respuesta ante la necesidad de agua potable, en el AMBA, siendo la responsable de AySA, Malena Galmarini. Sólo por nombrar algunas instituciones del Estado, donde además, están al mando mujeres.
Sin embargo, son miles de otras mujeres, las de los barrios, villas y asentamientos, que están a la cabeza de la organización y la solidaridad, más aún en situaciones de crisis, siendo ellas las más informales, o sin trabajo, en situación de calle, o incluso escapando de una situación de violencia. Son ellas las que construyen sus barrios, casas, calles, comedores, jardines, y hasta tendidos de luz.
La crisis habitacional es estructural y de larga data, que la pandemia empeoró y más aún para las mujeres, por lo que requiere respuestas urgentes. Hay que discutir prioridades.