Los bombardeos del ejército egipcio sobre supuestas posiciones del Estado Islámico (EI) en Libia en respuesta al brutal asesinato de 21 egipcios coptos, son una nueva escalada en la crisis en el país africano.

Diego Sacchi @sac_diego
Miércoles 18 de febrero de 2015 00:01
Las autoridades egipcios declararon que esta era la primera respuesta a los ataques a la seguridad nacional, buscando mostrarse fuertes y evitar que los asesinatos en Libia junto a los ataques extremistas en la peninsula del Sinai muestren una imagen de incapacidad gubernamental que maquillo la represión y matanza de manifestantes opositores bajo la llamada “guerra contra el terrorismo”.
El reconocimiento de los bombardeos sobre el país vecino (saludados y aprobados por varios gobiernos imperialistas) es la primera intervención reconocida oficialmente por el gobierno egipcio, aunque este país junto a Arabía Saudita han venido actuando a favor de una de las frácciones que disputan el gobierno de Libia.
Casí al unisono Al Sisi y el presidente frances Hollande reclamaban una mayor intervención de las fuerzas de la ONU ante la crisis en la que se encuentra Libia. Lejos de las razones humanitarias la preocupación de los gobiernos imperialistas y sus socios regionales se centran en las consecuencias que puede tener una agudización de la crisis interna, tanto por las reservas petroleras del país africano, como por su ubicación regional: comparte frontera con Egipto y Tunez y se encuentra a pocos kilometros del sur europeo.
El ataque del ejército egipcio parece significar la entrada del gobierno de este país a la “guerra contra el EI”. Este cambio puede tener consecuencias internas ya que sectores de la Hermandad Musulmana perseguidos y reprimidos por el gobierno (como blanco principal de la represión que siguio al golpe militar contra el ex presidente Morsi y que apunto a estabilizar de forma contra revolucionaria al país sacudido por la primavera árabe) han comenzado a ver, a falta de una salida progresiva, a grupos reaccionarios como el EI y los golpes terroristas como forma de combatir al gobierno.
La crisis en Libia y la disputa entre distintas fracciones por el poder ha sido subproducto de la intervención bajo la careta “humanitaria” y “democrática” le permitieron presentarse a los imperialistas como “amigos del pueblo libio” y lograr una injerencia directa luego derrocamiento del dictador Kadafi. Lejos de lograr su cometido la injerencia imperialista junto con imponer una salida reaccionaria a la crisis que abrieron las movilizaciones contra Kadafi, transformaron al país en un terreno en disputa de distintas fracciones de poder que aún tiene consecuencias imprevisibles.

Diego Sacchi
Nacido en Buenos Aires en 1977, militante del Partido de Trabajadores Socialistas desde 1994. Periodista, editor en la sección Internacional de La Izquierda Diario y columnista de temas internacionales en el programa de radio El Círculo Rojo.