Se acerca el último tramo de la campaña electoral, y las disputas de Guillier y Piñera, entre ellos y con los suyos, se tornan cada vez más agrias. Las razones, además de la obvia caza de votos, son varias y de importancia.
Viernes 13 de octubre de 2017

En el comando de Guillier dieron nuevas instrucciones con su documento “Motivos para creer”. Allí, hacen una doble operación. Una, atacar a Piñera, “el presidente de unos pocos”, “un riesgo, un peligro de retroceso”. La otra, acentuar su propia identidad, desdibujada, de centroizquierda.
El secreto está en el título. Es que no creen que puedan ganar. El fondo, precisamente, en que tienen una identidad, como mínimo, desdibujada.
No es cuestión de comunicación. Sino de hechos. Mientras reivindican los avances en educación, el propio Gobierno acaba de anunciar que no destinará los fondos comprometidos para gratuidad a los liceos particular subvencionados que se pasaron a esta modalidad.
A la vez, tienen razón. Piñera, que criticó el documento por mentiroso, acaba de anunciar su programa educacional en el que asegura que pasará la retroexcavadora al revés: repondrá el copago y la selección.
La batalla no es menor. Hay caza de votos, pero mucho más. Para eso, cada fuerza tiene a su vez sus propias disputas internas, no sólo de un candidato con otro.
Cada uno debe alinear sus filas. Guillier logró la carta de apoyo para la segunda vuelta de parlamentarios DC. Piñera llama a votar por él y no por José Antonio Kast en primera vuelta, porque difícilmente sean votos traspasables.
Alinear sus filas porque se vienen duras batallas. Si gana Piñera, la retroexcavadora al revés. Si gana Guillier, la frustración de promesas electorales. Y con ello, el crecimiento del descontento social, a veces pasivo, a veces activo, y la búsqueda de nuevas expresiones políticas.
Un escenario electoral en el que se disputan mucho más que votos.