La crisis de la educación de mercado en Chile se profundiza. Cientos de estudiantes en todas las universidades pierden la “beca de la gratuidad” a causa de los comunes retrasos para finalizar sus carreras. Las universidades estatales no contarán con ayuda económica de parte del Estado para pagar el déficit que genera esta situación y en la UMCE las primeras afectadas son las mujeres, y no precisamente Carmen Balart, sino las funcionarias y las profesoras a honorarios, porque sobre ellas quieren descargar el peso de esta crisis.
Lunes 4 de marzo de 2019
La empobrecedora administración de Jaime Espinosa y Leonel Durán, rector y director de administración del ex Pedagógico, se combina catastróficamente con las políticas en materia educativa de Sebastián Piñera y Marcela Cubillos, y con el infeliz legado de la falsa gratuidad de Michelle Bachelet.
La ordenanza de que los y las estudiantes que pierden la gratuidad paguen el 50% del arancel que nos legó Bachelet sin asegurar el presupuesto anual para suplir ese déficit, demuestra su cara servil a la derecha, ya que Piñera no puso un peso este 2019 para amortiguar ese desfinanciamiento. Mientras Marcela Cubillos negó la ínfima propuesta del CRUCh de suplirlo con dineros del Fondo Solidario, por lo tanto, el ex Pedagógico como muchas universidades públicas, debe recortar el presupuesto.
Así, las más afectadas son las instituciones de educación pública con menores recursos, y claramente, las y los estudiantes que tendrán que, como siempre, seguir pagando de su bolsillo para poder estudiar.
¿A quién le quitó Espinosa y Durán este 2019?
El presupuesto de este año en la UMCE anuncia recortes de -$230 mil a -$100 mil a las horas extras de las y los funcionarios; -$106 mil a honorarios, y -$43 a material de enseñanza. Como ya se veía venir, los principales ataques son contra las funcionarias y funcionarios, docentes y estudiantes. Y las más afectadas serán las mujeres, ad portas de este 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, que reciben, en el caso de funcionarios/as y docentes, menores salarios que sus compañeros varones.
Aula Segura, Admisión Justa, la pérdida de gratuidad, cierres de universidades, hasta el momento son parte del arsenal con el que Sebastián Piñera busca afirmar la relación entre el mercado y la educación. El desfinanciamiento lo cargan principalmente los y las funcionarias y las y los docentes más precarizadas frente a los estragos que está causando la gratuidad en la educación pública a causa de las políticas de la ex Nueva Mayoría, que jamás quiso establecer una gratuidad universal efectiva con financiamiento estatal, y muy por el contrario, con sus reformas fortaleció el mercado educativo.
Por su parte, la derecha continúa precarizando la educación y el trabajo de miles, pero las mujeres han demostrado su potencia a nivel internacional. En lugares de estudio y trabajo se han organizado para exigir el fin de la violencia machista y el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Este 2019 pueden comenzar siendo el factor para enfrentar todos los ataques de la derecha y el intervencionismo imperialista en América Latina. El 8 de marzo marcará el comienzo de un año de grandes desafíos y posibles ataques contra las mujeres trabajadoras, pero el movimiento de mujeres tenemos la fuerza para dirigir una oposición real si es que se une a trabajadores, docentes, estudiantes y jubilados para frenar el avance del imperialismo y de Piñera en contra de nuestras vidas.
¿Por qué docentes y estudiantes de pedagogía debemos movilizarnos este 8 de marzo?
La docencia ha sido tradicionalmente una profesión altamente feminizada, con más del 70% de composición femenina, los cuales están concentrados en los ciclos parvulario y básico, y es aún mayor cuando hablamos de las asistentes de la educación que sin embargo, no se encuentran en paridad salarial. La marcada desigualdad, sin embargo, no es la única violencia de género en la escuela.
Los fantasmas del trabajo precario e inestable han generado multitud de diferencias entre los trabajadores de la educación, donde las condiciones laborales y salariales no son las mismas para un profesor de enseñanza media y otro de básica, menos para los asistentes de la educación, educadoras de párvulos o las educadoras diferenciales a las que ni siquiera se les reconoce título, quedando sin derecho a bono de reconocimiento profesional (BRP).
Esto es particularmente crítico con las y los profesores más jóvenes, sin derecho en la gran mayoría de los casos a una práctica pagada, siendo obligados a trabajar de manera gratuita, mientras se multiplica la modalidad del contrato a plazo fijo por un año, luego del cual no se les renueva, impidiendo cualquier tipo antigüedad y, además, cortando los procesos pedagógicos construidos en ese tiempo, una práctica completamente perjudicial para los estudiantes y su proceso de aprendizaje.
Esta práctica es ejercida de manera autoritaria por directores y sostenedores, que son los mismos que a su vez se niegan a la posibilidad de discutir una educación no sexista, sin la moral de la iglesia, que permita sobre todo reflexionar y decidir, tomando en cuenta que la necesidad del aborto legal, libre, seguro y gratuito que se tomó las calles durante el año pasado responde justamente a la realidad del embarazo juvenil, siendo la principal causa de deserción escolar entre las estudiantes.
Los tiempos mejores de Piñera han sido sinónimo de peores condiciones laborales, con el aumento de la cesantía y los despidos, la precariedad del estatuto laboral juvenil y la reforma al código laboral que busca debilitar la organización de los trabajadores, y en particular para la educación, el deterioro de las condiciones de enseñanza al negarse sistemáticamente a un mayor financiamiento: Hoy no solo la educación pública no recibe recursos suficientes, sino que aprieta el nudo sobre las universidades con la reciente noticia de la pérdida de la gratuidad para miles de estudiantes, obligando a las universidades a cubrir la diferencia sin ningún aumento de los presupuestos. Es un ataque transversal a la educación que debemos frenar en unidad entre los actores de la educación, en colegios y universidades.
Por esto se hace necesario que este 8 de marzo salgamos a las calles, como un primer ejercicio que dé el puntapie a un año de movilizaciones para enfrentar los ataques de la derecha. Ante esto, todos los estudiantes deben responder, pero en especial quienes estudian pedagogía dado su importante rol como los futuros docentes de este país, articuladores de una imponente fuerza movilizada basada en la unidad entre estudiantes, apoderados y trabajadores de la educación en la perspectiva de lograr construir una educación realmente al servicio de las necesidades e intereses de las comunidades educativas.
Invitamos a todos los estudiantes a discutir en torno a esta perspectiva este 5 de marzo, en la asamblea masiva convocada desde el sindicato GAM para poner en pie una alternativa que luche por esta perspectiva y se muestre este 8 de marzo en las calles.

Tamara Medina Linco
Estudiante de Castellano en el ex Pedagógico y militante de Vencer