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Red Internacional
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Pandemia. Las y los obreros de la maquila: "carne de cañón" para reactivar la gran industria estadounidense

El grueso de los trabajadores de la industria maquiladora de la frontera norte del país ha pasado la cuarentena trabajando y viendo morir a cientos de sus compañeros. Los pocos que lograron parar, las últimas semanas han sido orillados a aceptar su regreso a la producción ante la falta de ingresos.

Jueves 21 de mayo de 2020

El anuncio por parte del gobierno federal de incorporar a la industria automotriz y maquiladora como parte de los sectores esenciales ha puesto en marcha la reactivación de las pocas maquilas que habían parado por razones de sobreproducción o por la presión de sus trabajadores para cumplir con las medidas de distanciamiento social.

El anuncio por parte de la 4T de esta reactivación productiva, es, como lo hemos señalado, una respuesta subordinada a las presiones del gobierno estadounidense para reactivar las cadenas de suministro de su gran industria.

Los trabajadores de maquiladora deben tener el mismo derecho que, por ejemplo, los funcionarios de gobierno para resguardarse ante la pandemia. Y en el caso de los sectores verdaderamente esenciales para la economía nacional, operar con las medidas de seguridad sanitaria que garanticen su salud y su vida.

Pero lo cierto es que la patronal en gran medida no acató las disposiciones del gobierno federal de distanciamiento social y, donde lo hizo, las más de las veces fue por presión de los propios trabajadores que tuvieron que recurrir a una serie de manifestaciones y paros “locos”.

Ante ese escenario, las empresas, con respaldo de autoridades y hasta de los propios sindicatos subordinados de la CROC y CTM, mandaron a sus trabajadores con salarios recortados, con porcentajes que van desde descansos sin goce de sueldo, 40%, 50% y en el mejor de los casos 75% o con el sueldo completo en por lo menos un par de maquilas, pero sin sus bonos.

Así, al paso de 2 o 3 semanas, con sueldos recortados, los trabajadores manifiestan su deseo de volver a sus trabajos, no importando que la curva de contagios esté en este momento en su punto más alto. Lo hacen aceptando el riesgo porque carecen de su ingreso íntegro que el gobierno federal anunció como obligación de las empresas el pago a los trabajadores y que no fue cumplido por la patronal nativa y extranjera.

Los obreros regresan hambreados, esa es la verdad, con temor al contagio, pero más miedo es no poder garantizar a sus familias un plato de comida ya de por sí raquítico con sus ingresos, dado lo caro de los productos de la canasta básica y en aumento en esta contingencia sanitaria.

Los y las obreros de la maquila regresan condenados a asumir los riesgos de contagio para ellos y sus familias, con hospitales saturados a los que ellos mismos se niegan a asistir en caso de enfermar y con las funerarias y crematorias a su máxima capacidad. Los números oficiales del gobierno estatal de muertes por covid-19 en la industria maquiladora no cuadran con las cuentas de periodistas y activistas que desde las redes sociales ya hablan de más de 200 obreros y obreras fallecidos.

A lo anterior se suma el escenario de despidos masivos, que junto a la pandemia se vienen presentando. Recientemente se dio a conocer en una entrevista a un académico de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) que se calcula entre 57 mil y 163 mil obreros y obreras que serán lanzados a la calle en el actual trimestre en esta frontera. Una verdadera catástrofe laboral y de miseria.

Desde la Izquierda Diario México sostenemos que los obreros y obreras tienen derecho a salvaguardar sus vidas; que la reactivación de la maquila deja al descubierto las prioridades del gran capital, donde las vidas de los obreros no son una de ellas. A los obreros mínimamente se les deben garantizar condiciones seguras para operar, y los que se fueron a cuarentena con sueldos recortados se les debe resarcir la parte del salario que no les fue pagada, porque eso fue lo anunciado por las autoridades y que no ha hecho nada para hacer valer este derecho conquistado por los trabajadores.

Para poder mejorar los servicios de salud, para garantizar los salarios de las personas de alta vulnerabilidad por enfermedades crónico degenerativas y su licencia en casa, se debe aplicar un impuesto progresivo a las grandes fortunas y cancelar el pago de la deuda externa.

Asimismo, consideramos que es importante prohibir los despidos, repartir las horas de trabajo entre los obreros sin disminuciones salariales. Empresa que realice despidos o se niegue a pagar los salarios íntegros de los trabajadores, debe ser nacionalizada y puesta bajo control de los propios obreros, mirando las posibilidades de poder reconvertir la producción de acuerdo con las necesidades sociales que enfrentamos.

La infame burocracia sindical se hace parte de esta política laboral de los patrones. Por eso, las y los trabajadores deben luchar por recuperar sus sindicatos y ponerlos al servicio de sus intereses de clase.