lid bot

Entrevista. Laura Vilches: “Aunque quieran borrar la historia, la reducción de la jornada laboral es posible y urgente”

Desde La Izquierda Diario entrevistamos a Laura Vilches, pre candidata a senadora en Córdoba por la lista Fortalecer a la Izquierda en el FITU junto a Liliana Olivero. Conversamos sobre la propuesta de reducir la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana con un salario que como mínimo sea igual a la canasta familiar.

Martes 17 de agosto de 2021 08:47

LID: En una campaña “vacías de ideas” por parte de los partidos tradicionales, coméntanos de que se trata esta propuesta que viene haciendo el Frente de Izquierda y que, tanto Nicolás del Caño y Myriam Bregman, como vos vienen planteando como eje en estas elecciones.

Laura Vilches: Nuestro planteo es una verdadera respuesta ante la necesidad de las mayorías populares y la juventud precarizada. Se trata de garantizar que todos tengamos trabajo y salarios que alcancen para vivir y para eso hay que repartir el trabajo entre todas las manos disponibles, reduciendo la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana, para que trabajemos todos y trabajemos menos, cobrando, como mínimo, un salario igual a la canasta familiar que hoy está cerca de 90 mil pesos al mes, según la Junta Interna de ATE-INDEC.

Esta medida terminaría con los salarios de hambre y la desocupación en todo el país, nos permitiría tener tiempo para vivir, estudiar, cuidar nuestra salud, ver a nuestras familias, disfrutar del descanso y el tiempo del ocio. En fin, una vida deseable donde trabajemos para vivir y no vivamos solo para trabajar. Es irracional que mientras unos trabajan 10 o 12 horas, millones estén sin trabajo. No tenemos por qué resignarnos a esto.

LID: Pero, esto que plantean, ¿Cómo se puede conseguir?

LV.- Sí, Con la tecnología actual podríamos terminar con esta irracionalidad, pero los empresarios se van a negar, porque ellos sólo quieren acumular más y más ganancias a costa de la vida de las mayorías populares. Así como la jornada de 8 horas se conquistó hace más de 100 años con un enorme movimiento de toda la clase obrera mundial dirigida por partidos socialistas; esta bandera que hoy levantamos desde el Frente de Izquierda puede ser una realidad.

Para eso, tenemos que impulsar la lucha y la organización entre quienes están ocupados y desocupados. Unidos podemos crear un poderoso movimiento que lo conquiste, empezando por debatir esta propuesta en cada lugar de trabajo y exigiendo a las conducciones de los sindicatos que luchen por esto. ¿Te imaginas la fuerza que tendríamos si hoy, los movimientos sociales y organizaciones llamadas de “la economía popular”, que agrupan a millones de personas, le exigieran a todos los sindicatos luchar en común por esta perspectiva? Bueno, eso no sucede, porque mientras algunos referentes sindicales hacen demagogia, las conducciones de los movimientos sociales pelean por una perspectiva que, como mucho, tiene el objetivo de alcanzar un ingreso universal que no cubre las necesidades básicas. Ambas direcciones se conforman con administrar la miseria, sin tocar la ganancia de los que más tienen.

No ponen en escena toda la fuerza que tiene el pueblo trabajador que podría generar un movimiento histórico por esta demanda. En cambio, como están subordinados políticamente a gobiernos que administran la pobreza para pagarle al FMI, subordinan toda esa fortaleza social detrás de los gobiernos que ajustan.

LID: El gobierno, a través del Ministro Kulfas, dejó claro que no quiere debatir la reducción de la jornada tomando centralmente dos argumentos: Por un lado, que somos un país poco desarrollado para poder implementarlo; por otro, planteando que hoy la prioridad es resolver los bajos salarios y el empleo, oponiendo ambos a la posibilidad de reducción de la jornada semanal. ¿Vos, qué opinas?

L.V: Creo que son argumentos falsos. En los hechos, las mayorías populares estamos pagando las políticas de su gobierno que es muy tibio con los empresarios y muy duro con las y los trabajadores. Pagamos su ajuste con sobreexplotación laboral y con la desocupación de millones. Bajo el gobierno de Macri y ahora, nos quieren hacer creer que el crecimiento y el desarrollo mediante la inversión empresarial, resolverá el problema de los trabajadores. Pero no. Ajustan a nuestros jubilados, ajustan los salarios, votan leyes con beneficios a los que más tienen, pagan millones a los especuladores con deuda externa.

¿Y dónde están las inversiones? La realidad es que el empresariado no invierte. Por el contrario, evade impuestos por más de 20 mil millones de dólares al año, mientras descarga sobre las espaldas de la población el atraso y la miseria con las que condenan al país.

Nos quieren hacer creer que la reducción de la carga laboral es imposible, sin siquiera plantear una idea sobre cómo resolver el problema del desempleo y la desocupación que en la Argentina tiene niveles récord. Creo que los que dicen que es imposible quieren borrar la historia.

LID: ¿Por qué? ¿A qué te referís?

L.V: Porque quieren borrarnos el pasado. ¿O acaso no saben que desde las primeras huelgas que se recuerden en nuestro país, la clase obrera peleó por la reducción de la jornada laboral de 12 a 10 horas? Fue con la lucha que lo conquistamos. No pueden negar nuestra historia, y sí queda claro que si fuera por los patrones, los trabajadores seguiríamos trabajando 12 o 14 horas.

Los gobiernos que defienden los empresarios siempre dirán que no se puede reducir la jornada laboral, como cuando decían que la ganancia se hacía en la hora 11 para negarse a establecer jornadas de 10 horas.

LID: Hoy la CGT salió a decir que tampoco quiere debatir la reducción de la jornada, haciéndose eco de los mismos argumentos del gobierno .

L. V.: Sí, dicen que hay que cuidar el salario y el empleo en lugar de reducir la jornada laboral. Falso. Justamente reducir la jornada laboral con salarios que alcancen para vivir permitiría repartir el trabajo entre ocupados y desocupados, pero hay que tocar los intereses de los empresarios. La burocracia que conduce la CGT juega el rol de contener la bronca que surge desde abajo y ayuda a imponer la política del gobierno, por eso dicen lo mismo. Nuestro partido impulsa con fuerza las agrupaciones clasistas en los principales gremios, mientras ponemos en pie organizaciones de precarizados, informales y desocupados. Se vuelve fundamental coordinar las luchas de toda la clase obrera para imponer nuestras demandas a los poderosos sindicatos, y en perspectiva de recuperarlos.

Con un 42 por ciento de pobreza, 19 por ciento de desocupación, más del 70 por ciento de precarización laboral en jóvenes, que la CGT no haya ni amenazado con un paro deja claro la necesidad de hacerlo.

LID: Pero hay referentes de algunos gremios que presentaron leyes para la reducción de la jornada.

LV: Sí, hay sectores sindicales kirchneristas que presentan proyectos de ley parciales que solo proponen estas medidas para algunos sectores, pero no tienen la perspectiva de repartir las horas de trabajo entre todas las manos disponibles, con salarios que cubran mínimamente el costo de la canasta básica familiar. No tienen el horizonte de terminar con el hambre y la desocupación.

Otra diferencia fundamental que tienen con nuestro planteo, son sus métodos: Un proyecto de ley no resolverá por sí mismo ningún problema de nuestra clase. Sin la fuerza de la clase trabajadora, debatiendo desde las bases en cada lugar de trabajo, con asambleas donde se discuta en profundidad e impulsando la organización y la movilización popular difícilmente podamos afectar los intereses de la clase capitalista. Somos la mayoría de la población, tenemos la fuerza para poner en pie un gran movimiento histórico que levante estas banderas y luche por conquistarlas.

LID: ¿Crees que quieren naturalizar las condiciones en las que vivimos?

L.V. : ¿El gobierno y los empresarios? Sí, pero ¿qué buscan?; ¿que nos resignemos a que las nuevas generaciones tengan menos derechos y vidas cada vez más precarias? En esas condiciones, la juventud no tiene futuro. La juventud ve todos los días como se extienden las jornadas laborales por sueldos miserables, si es que tiene la suerte de tener laburo.

Estas condiciones generan angustia, afectan la salud psíquica y emocional, provocan depresión. Pero cada vez son menos quienes opinan que estos padecimientos son individuales. Se vuelve cada vez más evidente que están relacionados con la lógica de un sistema que te exprime hasta la última gota de productividad y te deja sin tiempo para nada. “No es depresión, es capitalismo” se leía en las paredes tras la revuelta en Chile. El capitalismo es un sistema que anula las oportunidades y el futuro.

Sin embargo, somos optimistas porque ese futuro está en disputa. Hay una nueva generación que se pone de pie contra la desigualdad generada por este sistema capitalista en toda Latinoamérica. Las mujeres y disidencias sexuales, que somos quienes más sufrimos las consecuencias de la crisis económica y social, quienes cargamos con la recarga en la jornada laboral que significan las tareas del cuidado, demostramos que con organización y ganando las calles, marcamos la agenda con nuestra lucha. En Argentina, con la marea verde arrancamos el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Los enormes movimientos en defensa del agua y el ambiente en Mendoza y Chubut, pusieron límites al extractivismo contaminante.

En nuestra provincia la movilización popular logró echar a Monsanto y frenar la modificación de la Ley de Bosques que atacaba el monte nativo. ¿Cómo no voy a confiar en que la juventud, con esa enorme fuerza, puede convencer a sus familiares, amigos, compañeras de trabajo para pelear por la reducción de la jornada laboral a 6 horas, con salarios que alcancen para vivir una vida digna? Sólo con un enorme movimiento de estas características podremos acabar con la precarización y la desocupación.

Estas son las ideas que queremos llevar a cada rincón de nuestra provincia para estas elecciones. Las y los revolucionarios utilizamos la arena electoral para sembrar ideas que den salida a la crisis a favor de las grandes mayorías. Cada voto a la izquierda es muy valioso y lo es aún más si expresa un crecimiento en la confianza en nuestras propias fuerzas, la de la juventud, de las mujeres, las disidencias sexuales y del conjunto de los trabajadores para construir esa fuerza social necesaria que haga pagar la crisis, como corresponde, a los capitalistas.