El lunes 21, Bachelet firmó el proyecto de Ley de Migraciones, y se abrió un debate sobre sus verdaderas implicancias y objetivos.
Lunes 28 de agosto de 2017
El proyecto de ley busca regular el ingreso y la permanencia de los migrantes en Chile. Dicen que sería ante un “explosivo aumento” de su ingreso. Está lejos de la realidad, con una población inmigrante de poco más del 2%.
Se trata, más bien, de acrecentar un clima más represivo que, por ejemplo con las regulaciones sobre el control de las comunicaciones electrónicas, el Gobierno de Bachelet se despide, allanándole el camino a un probable Gobierno de Piñera que podrá hacer libre uso de estos distintos instrumentos para ser usados contra el pueblo trabajador y sus organizaciones sociales, sindicales y políticas.
Es que conocedores del tema denuncian que este proyecto, hecho a espaldas de las organizaciones interesadas, tiene una lógica de “seguridad nacional”, más para “protegerse de los extranjeros” que para garantizar sus derechos humanos.
Se refuerzan las medidas de control y seguimiento, como al establecer un Registro Nacional de Extranjeros. Establece medidas de prohibición.
Establece más restricciones con distintos tipos de visas de ingreso.
Además, algunos candidatos (en su momento sobre todo Piñera y Ossandon), en el debate público instalan que migración es igual a delincuencia; o sus medios de prensa que es igual a enfermedad (a partir de slos casos de lepra detectados en el sur).
Aunque en su discurso Bachelet mencionó que todos son “titulares de DDHH”, según los mismos conocedores del tema, en el proyecto del Gobierno, bien conveniente a la derecha, el 80 o 90% refiere a mecanismos de control o de expulsión.