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Red Internacional
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Tribuna Abierta. Libertad, sí. Explotación y capitalismo, no. Sobre la rabia neoliberal y la conciencia de clase

Ya se cumplen varios días desde que la derecha más neoliberal de nuestro país “ocupa” las calles de aquellos ensanches que tiempo atrás se construyeron para servir, de lo que hoy, se constata que sirven: de refugios burgueses; de santuarios aristocráticos, alejados de la realidad. De la realidad más cruda, sí, pero de la realidad más extendida. Gritos de “¡Libertad, Libertad!” rebotan sobre las fachadas blancas y recargadas de los edificios del Barrio Salamanca.

Lunes 18 de mayo de 2020

No deja de ser curioso, que aquellos que en pocas ocasiones han hecho uso de los utensilios de cocina, hoy los agarren con más fuerza que nunca para hacer ruido contra el gobierno. Aunque, eso sí, a más de uno, la falta de hábito, le ha obligado a cambiar las cazuelas y las cucharas, por los palos de golf y las señales de tráfico.

En estos días se levanta una paradoja más grande y un oxímoron más contradictorio que la ya resonada “nueva normalidad”. En estos días pasados, los menos oprimidos, los menos explotados, los que más libertad ejercen, son los que más reivindican. Pero esta vez no hace falta explicar la paradoja con ingeniosas metáforas, puesto que se explica ella misma. La imagen más ilustrativa de la irracionalidad, de la vergüenza, hoy se materializa en un video que más de uno habrá podido ver en las redes: un hombre, bandera Rojigualda en mano, es llevado por un chófer en un Mercedes descapotable, al tiempo que el “patriota” grita “gobierno dimisión”.

Muchos, observamos atónitos las protestas, incapaces de comprender por qué no son aquellos barios cómo Aluche en Madrid, o Las Tres Mil Viviendas en Sevilla los que hoy ocupan las calles, aunque es cierto que allí se ocuparían las calles de barrios dormitorio gritando “justicia, justicia” contra las fachadas de ladrillo que esconden los minúsculos pisos en los que muchos han aguantado el confinamiento, sin balcón, sin terraza y sin techos altos donde colgar banderas en luto.

Muchos no entendemos por qué no son los vecinos de Puente de Vallecas, con 14.600 personas paradas más que en el barrio de Salamanca, los que hoy salen a la calle (Datos para abril de 2020, Ayuntamiento de Madrid). A muchos se nos hace incomprensible que sea en el Barrio de Salamanca, un distrito con una renta media, y recalco lo de media, de 24.433 € donde se salga a las calles, y no sea en Usera, un distrito con una renta media de 9.295 € (Datos para 2016. INE). Dirán algunos que en Chamartín también se manifiestan, sí, pero allá la renta media resulta ser de 25.996 € y el paro no llegaba el mes pasado ni a las 5.300 personas frente a las 18.700 de Carabanchel.

Los que hoy gritan “libertad, libertad” en las calles de Núñez de Balboa son los mismos que llevan años coartando la libertad del trabajador asalariado. Los que vociferan “gobierno asesino” son los mismos que llevan apoyando demasiados años un sistema, el capitalismo, que se levanta sobre la dominación del Sur, que se levanta sobre el colonialismo, sobre el racismo y la misoginia, sobre la explotación de recursos, y sobre la esclavitud.

Claro que hay que ser crítico con el gobierno; por su puesto, y la izquierda, debería estar al pie del cañón, preguntando por qué no llegan las ayudadas, por qué se privatizaron hospitales, por qué se abandonaron a merced de fondos de inversión a nuestras abuelas y abuelos, por qué se concedieron ERTE a empresas con beneficios millonarios al tiempo que la renta mínima todavía no llega a las familias más vulnerables, por qué la patronal parece dirigir más el país que el propio gobierno, por qué los bancos de alimentos se quedan sin reservas al mismo tiempo que Glovo aumenta las suyas, por qué se han puesto mas multas por la ley mordaza en 3 meses que en los últimos 4 años, por qué, en definitiva, puedo ir a trabajar, a comprar, y no puedo ir a ver a mi abuela, o asistir a su entierro, si es que es demasiado tarde.

Parece como si la libertad que piden los ricos, fuese la libertad de enriquecerse a costa del resto. Demasiados son los argumentos con los que arremeter contra el capitalismo, que si la ley de la concentración que provoca que los ricos sean cada vez más ricos, y que los pobres sean cada vez mucho más pobres; que si la instrumentalización del racismo y el machismo que hoy día destruye demasiadas vidas; que si la manipulación de los medios mediante el control económico de las agencias de noticias, etc.

Pero lo que hoy necesitamos, aún más que discurso, es conciencia, conciencia de clase. Necesitamos apoyarnos las unas a las otras, defender nuestra dignidad contra aquellos que intentan anular nuestra humanidad. Necesitamos libertad y responsabilidad y por tanto necesitamos conciencia de clase, necesitamos posicionarnos abiertamente contra las oligarquías, no con piedras, no con palos (que también) sino con solidaridad, con reflexión, y con inteligencia y razón. Razón de ser, de ser humanos, humanos con derechos y libertades que nadie, ni el más rico de los ricos, puede quitarnos. Necesitamos conciencia y lucha, pues ellos tienen el poder, pero nosotros tenemos dignidad.