En los últimos años más de 38 proyectos de ley que intentan modificar el régimen de licencias parentales fueron presentados por distintos bloques políticos.
Miércoles 23 de septiembre de 2015
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) reconoce la licencia por maternidad como un derecho de las mujeres trabajadoras estableciendo la misma en un mínimo de 14 semanas.
En la Argentina, sin embargo, la ley de contrato de trabajo comprende una licencia de 90 días (12 semanas) para las madres y de 2 días para los padres. Este régimen no solo es el peor de Sudamérica, en cuanto a plazos, sino que además deja afuera a otras formas de maternidad, como por ejemplo padres o madres adoptivos o mujeres que se sometieron a fertilización asistida. Estas exclusiones resultan totalmente extemporáneas en pleno siglo XXI, frente a otros derechos conquistados como el matrimonio igualitario y la identidad de género.
En nuestro país las licencias por maternidad y paternidad no las pagan los empresarios, se hace cargo el Estado a través de la Seguridad Social. Desde ya que para que esto suceda la trabajadora o el trabajador debe estar en blanco.
De acuerdo a un informe del Observatorio de la Maternidad del año 2013, los grupos de mujeres más desprotegidos suman el 60 por ciento: el 39,7 por ciento tiene un empleo precarizado y un 20,4 por ciento trabaja en el servicio doméstico. Esto datos que al leerlos son solo números, representan a miles de mujeres que al no realizar aportes previsionales, no pueden percibir la asignación que brinda el Estado, enfrentándose así a la vulnerabilidad más extrema: sin trabajo, sin dinero ni obra social que los proteja a ella y su hijo.
El proyecto que se encuentra en revisión actualmente en las comisiones de Trabajo y de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia de la Cámara de Diputados, incluye en su propuesta de cambios aumentar el plazo de la licencia de 90 a 100 días; extender a 15 días la licencia por paternidad; abarcar a progenitores biológicos y adoptivos; blindaje a ambos progenitores por igual en el caso de despido; tiempo de lactancia de 1 hora por día.
A priori estas modificaciones no parecen ser tan radicales, ni en plazos ni en contenidos, ya que de lograr su aprobación, Argentina aún seguiría por debajo del estándar establecido por la OIT. Es que en definitiva el centro de la discusión no es si se aumentan los días de licencia o si las mismas abarcarán a más progenitores. El tema es que ampliar los derechos de los trabajadores va en la dirección opuesta de los intereses de las patronales.
Es por este motivo que tanto la Unión Industrial Argentina, como las Cámaras Empresariales, se niegan rotunda y sistemáticamente a que se modifique la ley. Así lo demuestran las declaraciones que hizo el titular de la UIA, Héctor Méndez al diario La Nación, al considerar esta iniciativa como un “nuevo y habitual avance sobre el sector privado que bastantes esfuerzos hace para sobrevivir en un país tan difícil" y advirtió que las licencias parentales "seguramente afectarán la inversión".
Igualmente crítico con el proyecto, se posiciona Ignacio de Jauregui, secretario de Asuntos Legales, Laborales y Sociales de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa: “entiende que la medida sería razonable en el caso de las grandes empresas, pero constituiría una soga al cuello para las pymes”.
Como planteamos en LID respecto a la lactancia, las patronales solo reconocen un derecho cuando se transforma en un beneficio directo para aumentar sus ganancias.
Las mujeres trabajadoras no pueden esperar que los funcionarios del Estado transformen sus reclamos en derechos. La dilación en aprobar los cambios en la Ley de Contrato de Trabajo es la prueba más contundente e irrefutable de la connivencia que los liga a los sectores del poder económico.
Porque mientras todos y cada uno de ellos, haciendo uso del gatopardismo más vil, con una mano levantan las banderas del cambio y las reformas, con la otra sostienen el escudo de protección e impunidad sobre los grandes capitales para que puedan perpetuar la opresión y explotación de toda la clase trabajadora.