Este lunes 8 de mayo el Liceo Andrés Sabella, de la ciudad de Antofagasta, amaneció en toma por parte de unos 30 apoderados y estudiantes para evitar que asumiera la nueva directora nombrada por concurso público.

Daniel Vargas Antofagasta, Chile
Martes 9 de mayo de 2017
La toma se enmarca en una serie de actividades por la cual parte de la comunidad educativa reclama que Jorge Tapia Guerrero, continúe sus funciones como director, aún cuando el mismo haya reconocido el vencimiento de los plazos correspondientes para la postulación al cargo.
Su salida ha sido en extremo polémica, dado que este establecimiento, que por años ha estado en la retaguardia de las diversas movilizaciones docentes o estudiantiles, hoy recurra a movilizaciones, funas y marchas, tras la salida de quien por 27 años dirigió el Liceo.
Lo contradictorio de la situación versa en torno a que ese mismo director era quien obstaculizaba la organización de docentes y estudiantes para irse a paro o movilizarse.
Esto trae a colación un debate en torno a si basta solo el método o el uso de medios más o menos combativos para determinar si una lucha es o no progresiva. En esta columna apostamos a comentar que no basta con que el método sea combativo, sino que hay que observar que política se esconde detrás de cada acción.
Cortes de calle, movilizaciones, tomas y marchas son métodos históricos de la clase trabajadora y los pobres para la conquista de sus derechos, son históricos pues han sido con los cuales los sectores marginados han elevado sus demandas mediante la fuerza.
Pero estos métodos también pueden ser tomados por sectores reaccionarios, quienes durante la década de 1970, como el propio político de derechas Andrés Allamand cuando estudiante, protestaban con barricadas contra el gobierno de Allende, con el fin de afectar al gobierno.
No podríamos determinar que la movilización en curso es parte del grueso de demandas y necesidades de los docentes o del movimiento estudiantil, no es una lucha por la conquista de la educación gratuita, ni por ponerle fin a la carrera profesional docente, sino que es por resguardar el puesto a un director que por 27 años se encargó de mantener sumisos a docentes y estudiantes.
Es una pelea por defender el cargo de directores, los cuales convierten, en mayor o menor medida, cada liceo y escuela en su propio feudo, desconociendo a delegados gremiales o pasando por sobre la organización de docentes y estudiantes.
En muchos casos elegidos “a dedo” por la propia Corporación Municipal de Educación o la misma Municipalidad, conformando pequeños feudos donde son amos y señores. “Hoy por hoy, producto de las atribuciones con que la ley 20.501 invistió a los directores, éstos han pasado a tomar más rasgos de “gerentes” que de gestores educativos, contando con amplias facultades para agobiar a los docentes y ejercer represalias tras situaciones de movilización” nos comentó Patricia Romo, presidenta del directorio comunal del Colegio de Profesores.