El pasado 28 de marzo, salió un grupo de 80 personas que partieron desde Honduras rumbo a Estados Unidos. Su objetivo: denunciar el impacto y las condiciones de la fallida guerra contra las drogas en los países centroamericanos.
Martes 12 de abril de 2016
Distintos movimientos sociales, familiares de desaparecidos, organizaciones sociales y de derechos humanos partieron desde Tegucigalpa, Honduras, el pasado 28 de marzo con destino a Nueva York en la Caravana por la paz, la vida y la justicia.
En su periplo por Centroamérica, la caravana ha compartido diferentes experiencias con organizaciones sociales. En Honduras la caravana recorrió varias ciudades, destacando la reunión con integrantes del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh), organización de origen lenca que fuera dirigida por Berta Cáceres Flores, activista asesinada.
Miembros del Copinh se unieron a la iniciativa de denunciar la estrategia neoliberal que han impuesto distintos gobiernos latinoamericanos, en donde la escalada militarización, saqueo y despojo de recursos, así como el asesinato selectivo ha cobrado la vida de miles de luchadores sociales, entre los que se inscriben los asesinatos de Berta Cáceres y Nelson García.
Laura Zúñiga Cáceres, una de las hijas de Berta, compartió en un encuentro con miembros de la caravana el papel de la militarización en Honduras en claro aumento desde 2009 con el golpe de Estado, y destacó la denuncia contra la criminalización a la juventud con el pretexto de la “guerra contra las drogas”.
A su paso por El Salvador también se les unieron miembros de organizaciones sociales de Guajirla, mientras que en Guatemala la caravana fue recibida por estudiantes con un acto político-cultural en la Universidad de San Carlos.
La llegada de la Caravana por la paz, la vida y la justicia en México contó con diferentes escalas en San Cristóbal de las Casas, Chiapas y en Iguala, Guerrero, donde la caravana se vio nutrida por diferentes organizaciones ambientalistas, indígenas y defensores de migrantes.
El festival en la Ciudad de México
También hubo un recibimiento de la Caravana en el corazón político de la Ciudad de México. Con distintas personalidades como el padre Miguel Concha, el historiador e intelectual Adolfo Gilly, Laura Carlsen actual directora del Programa de las Américas, entre otros, se destacó en un foro realizado en el Museo de la Ciudad de México, la defensa de la vida y de los derechos humanos en países como México, Guatemala, Honduras y El Salvador, donde esta lucha se ha convertido de primer orden ante un sistema económico de despojo y muerte.
En plena plancha del Zócalo capitalino, varios grupos y bandas musicales realizaron un festival de 3,000 personas, donde ratificaron la petición de los participantes de la caravana, enfatizando sobre la necesidad de que se priorice el respecto a los derechos humanos y se termine con la violencia, abordando el tema de la política internacional contra las drogas.
Entre las más de 80 personas que se han ido uniendo al trayecto de la caravana, se encuentra la participación de dos mujeres mexicanas, familiares de víctimas de desaparición forzada. Es el caso de Maricela Orozco Montalvo, madre de Gerson Quevedo Orozco de 19 años, secuestrado en marzo del 2014 en el estado de Veracruz y de María Elena Herrera en cuyo rostro se refleja el dolor por la desaparición de once familiares, entre ellos sus seis hijos. Con la voz entrecortada ha narrado como el día de la desaparición de sus familiares, le habían asesinado a toda la familia a un narco de nombre Rubén Granados Vargas y éste en represalia mando “levantar” a toda la gente extraña que anduviera por la zona.
Estados Unidos, responsable de la militarización
En un comunicado, los participantes de la caravana han convocado a una “articulación para poner un alto a la guerra contra las drogas”, y el objetivo será llevar esa denuncia a una de las sesiones especiales de la ONU, que tendrá lugar en Nueva York el próximo 19 de abril.
Aunque en otras ocasiones se han tenido iniciativas parecidas, quienes encabezan la caravana han destacado la oportunidad para seguir denunciando por los países más afectados por esta estrategia política, los enormes costos sociales medidos en cientos de miles de muertos, miles de desaparecidos y desplazados, y más de un billón de dólares gastados desde 1971 por los Estados Unidos para seguir financiando la militarización en toda Latinoamérica.
En un artículo firmado por uno de los principales coordinadores de la caravana, Ted Lewis y Laura Krazovitzky sintetizan las principales características y condiciones político sociales que signan a los países latinoamericanos; “Latinoamérica se ha convertido en una región de violaciones de derechos humanos, en donde impera el crimen organizado, cuya estrategia de militarización financiada directamente por Estados Unidos ha dejado una impunidad sistemática en los pueblos y la destrucción y despojo del medio ambiente”.
A los avatares de la política centroamericana, se suma la consolidación de la “democracia” o la imposición de gobiernos de alternancia, siempre bajo el visto bueno del imperialismo estadounidense, que con la firma de los acuerdos de paz, dieron un fin negociado al periodo de guerras civiles que sacudieron a la mayoría de los países del istmo, entre las décadas de 1970 y 1980.