El sábado 21 de marzo la ONEMI ya advertía al Gobierno un increíble pronóstico de lluvias para todo el norte del país.

Claudia Moreno Antofagasta, Chile

Sebastián Castro Director Colegio de Periodistas Antofagasta
Miércoles 8 de abril de 2015
Cuatro días después se cumplía el vaticinio, cayendo cantidades de agua históricas para las regiones del desierto más árido del mundo y dejando en la expectación a toda la población, sin embargo el Gobierno no había desplegado ningún plan de contingencia y en la incertidumbre, sin ningún apoyo, miles de familias trabajadoras y pobres vivieron uno de los peores desastres naturales de los últimos años en Chile.
Porque las lluvias son peligrosas en ciudades como las nuestras; aludes, inundaciones y corte de los servicios básicos mostraron al país y al mundo que la catástrofe no es natural sino social, y que el agua quitó el velo del otro Chile: el trabajador y precario.
Con las lluvias el norte se incomunicó completamente por casi 5 días. Sin líneas telefónicas ni señal de internet e incluso con el servicio de agua potable y eléctrico aún endeble, pocos podían saber qué estaba sucediendo a nivel de otras ciudades o qué declaraba el Gobierno.
En las horas más cruciales los Ministros de la Nueva Mayoría llamaron a la “auto-evacuación”, mientras que aludes que parecían verdaderos ríos que bajaban desde sectores cordilleranos hasta las costas arrastrando todo a su paso sin distinción. El asunto de los tranques de relaves aledaños al paso de los aluviones se mantiene como debate abierto ante la excesiva contaminación que ya se divisa en las ciudades más afectadas, especialmente de la III región de Atacama, recordemos que sólo en Copiapó existen 14 tranques de relaves mineros.
Cuando la lluvia se detiene y su ensordecedor sonido se acaba, el eco del llanto y la angustia es lo que comienza a escucharse en las ciudades y pueblos afectados. La mitad de éstos están bajo un denso barro que cubre hasta la mitad de las casas de techo plano pampino. Ya no están las plazas, ni el transitado centro, las costas de la pesca y los buques se tiñen de un verde mineral, y en otros simplemente lo ha desbordado el aluvión con sus colores café. El olor es innegable, es olor a descomposición y desde las 23:00 horas del día después de las lluvias comienza el toque de queda hasta las 06:00 horas.
“El toque de queda se mantendrá el tiempo que sea necesario hasta recuperar la normalidad”, aseguraba Rodrigo Peñailillo, Ministro del Interior, mientras que las familias comienzan a bajar en busca de algún rastro de sus seres queridos desaparecidos. Al comienzo, con sólo remover algunos escombros ya se divisaban cuerpos, los cuales luego eran protegidos por militares. Los Bomberos del USAR marcan los lugares donde se sabe que existen cuerpos aún enterrados y durante el toque de quedo proceden a rescatarlos para llevarlos a destinos que aún se desconocen.
Solidaridad obrera, estudiantil, popular e independiente
Las cifras no se condicen con la realidad, la gente de la III región se molesta con sólo ver la televisión. Y es posible que nunca sepamos la real magnitud del desastre. La inoperancia del Gobierno a vista y paciencia de todos es un hecho que ha marcado incluso la impopularidad de sus figuras como la propia presidenta, en medio de una insostenible crisis desatada por los PENTA, SQM, Caval y los sucesivos “gates” que los mantienen profundamente cuestionados como casta política.
Es así como los estudiantes y trabajadores de diversos rubros comienzan a levantar centros de acopio, o bien a viajar directamente al epicentro de la destrucción a tirar palas para descongestionar un poco los hogares de miles de familias pobres que lo han perdido absolutamente todo. En Antofagasta la “Red de apoyo por el Norte” se organiza sin confiar en el Gobierno ni las Municipalidades que no hacen entrega efectiva de la ayuda, por otro lado se levanta en crítica también a las Federaciones de las Universidades (de Antofagasta y Católica del Norte) quienes finalmente hicieron alianza con los anteriormente nombrados e incluso con la Iglesia y ONG. “La Red” entonces organiza acopios en los supermercados, tarreos e incluso organiza un viaje de voluntariado a Chañaral en conjunto con los portuarios de la Antofagasta Terminal Internacional (ATI) pertenecientes a la Unión Portuaria del Norte, además de encontrar alianza en ese pueblo con los profesores de Chañaral y los portuarios de Iquique y Chañaral.
Trabajadores en zona de catástrofe
El desastre sacó a la luz además de las condiciones precarias de una masa importante de los chilenos. La situación de irregularidad laboral (como el caso de las temporeras atrapadas en un conteiner laborando que fueron dejadas a la suerte por los patrones). En Chañaral, por ejemplo, los pescadores no tienen dónde laborar con una costa contaminada y casi deshecha, los portuarios perdieron su lugar de trabajo, el 60% del comercio se encuentra enterrado en gran parte con el retail afectado, los empleados públicos observan el edificio de la Municipalidad en ruinas, los profesores no tienen cómo hacerle clases a los hijos de los trabajadores que perdieron todo.
¿Cuál fue la respuesta del Gobierno? Javiera Blanco, actual ministra del Trabajo, declaró que “lo más importante es que el empleador siempre ponga la integridad física del trabajador por delante (…) es una obligación legal” y que el trabajador “está totalmente justificado para no ir a trabajar, porque se entiende que obra un criterio de caso de fuerza mayor que impide que esa persona pueda concurrir”.
Sin embargo, respecto a la destrucción de los empleos no se han pronunciado. Recordemos que el Código del Trabajo heredado de la dictadura no declara explícitamente sobre la relación laboral durante las catástrofes naturales. Por otra parte, la Inspección del Trabajo dictamina que no procede el nombrado “caso fortuito” del Artículo 159 del Código que posibilita el despido por estos casos donde los patrones excusan el despido “por fuerza mayor”, la Inspección se fundamenta en que Chile es un país de “contingencias naturales” por lo mismo no procedería, sin embargo no se hicieron cargo en su uso masivo durante el terremoto 27-F en el sur. Es así como las leyes heredadas de la dictadura hoy continúan sirviendo a los empresarios, incluso en tiempos de desastres naturales, de catástrofes sociales.

Claudia Moreno
@abajoelcodigo