Escenarios apocalípticos cruzados por importantes referentes del poder político, eclesiástico y económico; maquetas gigantes donde el espectador puede vivenciar la representación de una realidad oscura que el artista se esmera por develar, son algunas de las imágenes que la obra del artista visual chileno, Norton Maza, nos presenta.

Bárbara Brito Docente y ex vicepresidenta FECH (2017)
Lunes 30 de marzo de 2015
Recuerdos del pasado con juguetes de madera y cartón que chocan con un imaginario de plástico y mercado; desechos y más desechos que toman el lugar del firme metal de las metralletas, tanques, casetas de seguridad contruidas por la guerra y el hambre de destrucción, son otras de las herramientas con las que trabajó el artista.
Lo político en su obra aparece como un paisaje desolador de hambre de guerra y destrucción, como una crítica radical a una sociedad construida sobre mentirosas bases que transvisten la realidad. Aquí todo vale, lo político no es solo el Bush y el Papa como muñecos gigantes ante una pequeña ciudad destruida por la guerra y por su propio paso, como lo vemos en su obra “estudio para la sinfonía del poder eterno”; lo político se manifiesta desde el primer átomo constructivo: el cartón, la lata, lo reciclable es materia de metralletas, casas y esculturas; es el material que forja sus escenas de lujos, religión y política; es, primero, el propio material el que nos grita que nada es lo que parece, y todo sujeto de la obra construido desde esta base, en este contexto de precariedad material, es de por sí y por origen denunciado, en su propio pecado fundamental.
Tomando la tradición de los filósofos de la sospecha que cuestionaban aspectos de una realidad contada para pervertir y modificar la mirada, Norton Maza hiere en el centro el ego eclesiástico develando su poder y responsabilidad en las grandes crisis sociales.
Lo hace en grande, con maquetas que imitan las dimensiones de la vida humana, y que someten a Jesús al juego contrario, el asedio de parte de un otro, del mundo, de los hombres afectados por la opresión y la explotación capitalista, por SU opresión, destrucción y guerra; un asedio que es venganza, búsqueda; un asedio contra el cual Jesús se defiende con pistola en mano y unos calzoncillos de Calvin Klein. A modo de maqueta gigante, posible de ser vivida, Norton Maza elabora esta escena apocalíptica esta vez para esa realidad plagada de doble estándar, para esa religión que viste de oro y guerra y que camina de la mano con los grandes empresarios y políticos que dominan el mundo.
Pero también el detalle vale, como el todo, la parte se impone creando nuevos relatos, declamando una poesía contestataria como sucede con su obra “Expansions of de reigns” donde la corona de Jesús adquiere una forma de bing bang y de ella, como en el mundo capitalista, saltan misiles, milicos, pistolas, metralletas, edificios destruyéndose y dragones como púas. O en “choque de una frontera permanente” donde las partes del escudo nacional están encerradas en compartimentos propios; divididas por muros grises y casetas de vigilancia. El detalle en la obra de Maza empuja a reflexionar grandes problemas sociales asiendose de la literatura filosófica como, en este caso, del panóptico de Focault.
La obra de Norton Maza nos invita a reflexionar sobre una serie de aconteceres políticos y sociales a partir del cuestionamiento a los grandes poderes que gobiernan el mundo, sin dejar de hablar desde un lenguaje visual, con una propuesta material y un retorno al barroco que alimenta el interés e impacto respecto a la obra y su contexto. Una de las grandes preguntas abiertas, sin embargo, es la resolución de estos grandes problemas que el artista deja de manifiesto. Esto, sin duda será tarea de todos nosotros y, sobre todo, de las nuevas generaciones de trabajadores que vienen emergiendo como fuerza organizada, o de los estudiantes que, como la obra de Maza pero desde otro lenguaje, develaron la crisis del régimen político que hoy revienta con brutales casos de corrupción y robo.