La CGT se mostró dividida entre moyanistas y “gordos”. Macri respondió atacando el control de las obras sociales. La izquierda y el sindicalismo combativo marcharon de forma independiente y criticaron el anuncio de Schmid.

Fernando Scolnik @FernandoScolnik
Miércoles 23 de agosto de 2017
La de este martes fue la primera marcha de la CGT a la Plaza de Mayo durante el Gobierno de Mauricio Macri, y a la vez la que más dejó explicitadas las tensiones que atraviesan al triunvirato de conducción de la central sindical, cuya continuidad está en duda para después de las elecciones legislativas de octubre.
El palco montado de espaldas a la Casa Rosada expresó las divisiones: detrás de Juan Carlos Schmid, único orador de un acto cuyo principal anuncio fue el llamado a un Comité Central Confederal para el 25 de septiembre, ocupó su lugar apenas la mitad del Consejo Directivo de la CGT. Se configuró en lo esencial una movilización de los gremios del moyanismo junto con aliados, mientras que los “gordos” de los grandes gremios de servicios, la Unión Obrera Metalúrgica y el gremio de la construcción liderado por Gerardo Martínez, entre otros, participaron casi formalmente, aportando columnas reducidas. La UTA, por su parte, se bajó de la movilización. Lejos estuvo la jornada de la masividad de otras convocatorias.
En el palco estuvieron presentes junto a Schmid, entre otros, el triunviro Carlos Acuña, Pablo Moyano (Camioneros), Omar Plaini (Canillitas), Sergio Romero (UDA), Andrés Rodríguez (UPCN), Víctor Santa María (SUTERH), Abel Frutos (Panaderos), Julio Piumato (Judiciales), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Facundo Moyano (Peajes), Rodolfo Daer (Alimentación) y Jorge Sola (Seguro). Además, acompañaron Gustavo Vera y los coordinadores de movimientos sociales Daniel Menéndez (Barrios de Pie), Esteban Castro (CTEP) y Juan Carlos Alderete (CCC).
Del otro lado, las ausencias que más “ruido” hicieron en el palco fueron las de Héctor Daer (triunviro y dirigente de Sanidad), Gerardo Martínez (Uocra), Ricardo Pignanelli (mecánicos), Guillermo Pereyra (petroleros), Armando Cavalieri (Comercio), Ramón Ayala (peones rurales) y los metalúrgicos Antonio Caló y Francisco "Barba" Gutiérrez.
Fueron también parte de la convocatoria la Corriente Federal y las dos CTA lideradas por Hugo Yasky y Pablo Micheli. Las dos últimas la semana pasada habían emitido un comunicado de convocatoria junto a Juan Carlos Schmid y Pablo Moyano, sin diferenciarse en nada de la CGT, ni exigir paro general, ni mencionar el apoyo a las luchas obreras más importantes del momento, como la de PepsiCo. Ayer las CTA permanecieron a varias cuadras de la Plaza de Mayo, sin siquiera acercarse al palco.
Distinta fue la actitud de la izquierda y el sindicalismo combativo. Este sector se movilizó desde la mañana realizando un corte en el Obelisco, y más tarde con una columna independiente que partió desde la carpa de los obreros de PepsiCo e ingresó en la Plaza de Mayo exigiendo paro general y el apoyo a todas las luchas (mientras que Rodolfo Daer, líder de la Alimentación que traicionó su lucha, estaba en el palco). Los trabajadores de esta fábrica se han convertido en uno de los principales símbolos de lucha en el país, y ayer convocaron a expresar un polo dentro de la movilización, del cual participaron sectores antiburocráticos y combativos de docentes, estatales, subte, telefónicos, ferroviarios, aeronáuticos, gráficos, metalúrgicos, del neumático, colectiveros, alimentación, entre otros gremios, a la vez que partidos de izquierda como el PTS, PO e IS en el Frente de Izquierda junto a sus referentes Nicolás del Caño, Myriam Bregman y Néstor Pitrola.
También estuvieron presentes en la marcha referentes políticos del kirchnerismo como Jorge Taiana, Axel Kicillof y Héctor Recalde, entre otros.
Una promesa de paro que está en el aire
El dato central del discurso de Juan Carlos Schmid fue la convocatoria al Comité Central Confederal de la CGT para el 25 de septiembre, con la intención de anunciar un posible plan de lucha con paro general, aunque en los hechos no hubo anuncios concretos más que el llamado a la reunión.
Más allá de las divisiones de la CGT, todas sus alas son cómplices de una tregua mal disimulada con marchas y un paro general aislado y sin continuidad que lejos están de lo necesario para enfrentar los ataques. Esa paz social es responsable de que hayan pasado cientos de miles de despidos y tarifazos, y se vuelve un problema más acuciante de cara a los nuevos ataques que prepara el Gobierno para después de octubre.
Aunque al mismo tiempo, la marcha de ayer es también expresión distorsionada de que hay un amplio malestar en grandes sectores de la clase obrera y un extendido rechazo a nuevos ataques como una posible reforma laboral. Si el Gobierno lee equivocadamente el resultado de las PASO y se envalentona, a pesar de que Cambiemos sigue representando a apenas algo más que un tercio del electorado a nivel nacional, puede pasarse de la relación de fuerzas y abrir paso a nuevas crisis.
En este juego, cada sector sindical muestra sus propias tácticas y modos de negociación. Por un lado, algunos amenazan con medidas de fuerza, esgrimiendo la defensa de los derechos de los trabajadores para defender en realidad sus intereses corporativos de casta, frente a un Gobierno que tiene en la mira a los sindicatos. Si semanas atrás fue intervenido el sindicato de canillitas liderado por Omar Plaini, ayer por la noche, sin ir más lejos, trascendió que el Gobierno nacional había despedido a Luis Scervino de la estratégica Superintendencia de Servicios de Salud. Scervino es un hombre que responde a José Luis Lingeri de Obras Sanitarias, y ocupaba hasta ayer un lugar clave para el reparto de los fondos millonarios de las obras sociales sindicales. Habría sido reemplazado por Sandro Taricco, que responde directamente al ministro de Trabajo, Jorge Triaca. Algunas primeras lecturas relacionaron estos hechos también con la reciente destitución de Eduardo Freiler del Consejo de la Magistratura, como parte de los nuevos movimientos del Gobierno tras las PASO.
Del otro lado, y más aún después de una determinada lectura del resultado de las elecciones, otro sector de las cúpulas sindicales optó por profundizar el “diálogo” con el Gobierno. De esas “conversaciones” nada bueno ha salido en todo este tiempo para los trabajadores, pero a veces sí para las prebendas de las cúpulas sindicales.
En algo, sin embargo, están todos de acuerdo: estas discusiones (al menos mientras haya CGT unificada) se resolverán en los “cuerpos orgánicos”, como el citado Comité Central Confederal. Incluso los que dicen querer avanzar hacia un plan de lucha con paro general, como los moyanistas, no solo han dejado aisladas luchas como PepsiCo sino que también están en contra de construir un paro desde las bases, con asambleas en todos los lugares de trabajo, para que sean los trabajadores los que decidan las modalidades y ritmos de la lucha y pongan la fuerza de millones en movimiento para enfrentar a los gobiernos y las patronales. Es que la democracia desde las bases es incompatible con el dominio burocrático y mafioso que estos dirigentes millonarios enquistados llevan a cabo en los sindicatos.
Desde la izquierda le exigen a los gremios que dicen querer salir a luchar contra el ajuste el verdadero impulso de un plan de lucha debatido e impulsado desde las bases, para salir a apoyar ya mismo a los obreros de PepsiCo, a todos los sectores en lucha y prepararse para enfrentar los nuevos ataques con despidos y deterioro del salario, así como las reformas laboral, tributaria y previsional que el Gobierno prepara para después de octubre.
Así expresaron un balance de la jornada Nicolás del Caño y Myriam Bregman:

Fernando Scolnik
Nacido en Buenos Aires allá por agosto de 1981. Sociólogo - UBA. Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001.