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Red Internacional
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Crónica. López, el Astillero, las lágrimas, nuestra lucha

La Plata, martes 18. Las miles de personas que marchan por Julio López a su paso se encuentran (se abrazan y lloran) con obreras y obreros del Astillero Río Santiago que toman la lucha en sus manos. Emoción es poco.

Daniel Satur

Daniel Satur @saturnetroc

Jueves 20 de septiembre de 2018

Fotos Rocío Tagliaube

La movilización a doce años de la desaparición forzada (aún impune) de Jorge Julio López estaba programada hacía semanas en La Plata. Saldría desde las 18 de la Plaza Moreno (frente a la Municipalidad, lugar en el que se hizo el juicio donde López fue testigo clave para condenar a Miguel Etchecolatz) hasta la Plaza San Martín (frente a la Gobernación, donde habitaron y habitan los responsables políticos del encubrimiento a los desaparecedores de López).

Pero un hecho nuevo hizo que la marcha cambiara (en parte) su itinerario. Y también que viera combinado su tono “histórico” (denunciar un hecho de hace más de una década y determinar sus consecuencias presentes) con otro tono, más intenso y caliente, hallado “espontáneamente” (nada es espontáneo) a su paso.

Por la mañana del mismo martes, en la sede del Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires, cientos de obreros y obreras del Astillero Río Santiago llegaron desde Ensenada para exigirle a los funcionarios de María Eugenia Vidal que abandonen sus mentiras y se hagan cargo de una buena vez de un conflicto que ellos mismos generaron.

Venían de sufrir una nueva maniobra del Gobierno, que les había cancelado el lunes una cita pactada la semana anterior, cuando tras ocupar durante todo un día, pacíficamente, el Astillero obligaron a la gerencia a comprometerse a lo que no quería: darles los insumos básicos para que puedan trabajar y demostrar en los hechos que el vaciamiento de la empresa no es una política oficial.

La bronca del lunes, el martes se transformó en movilización. Y así llegaron al Ministerio en La Plata, ocuparon (también pacíficamente) sus instalaciones y en algunas horas lograron vencer la pedantería y el desprecio oficial, obligando a la firma de una nueva acta donde el Gobierno reconoce los reclamos obreros.

Pasado el mediodía, la noticia de que el ARS se había trasladado a Economía motivó que muchas y muchos militantes políticos, sociales y sindicales fueran en su apoyo. Durante toda la tarde la calle 8 entre 45 y 46 se llenó de hombres y mujeres que comparten la consigna que se canta desde hace tiempo: “de corazón yo vengo a verte, Astillero hasta la muerte, yo voy con vos a dónde vas y cada día te quiero más”.

Se acercaban las 18 horas y, con ellas, el momento de concentrar frente a la Municipalidad para marchar por López. Muchas y muchos, entonces, les prometieron a “los astilleros” volver. Y sería una vuelta especial.

Encuentros

La marcha contra los doce años de impunidad, de varios miles de personas, arrancó como siempre por la Diagonal 74. Pero al llegar al cruce de 8 y 45 dobló y comenzó a pasar por entre las obreras y los obreros que seguían esperando una respuesta de los cómplices de Vidal.

El paso lento se enlentecía aún más por los abrazos, el canto común y la producción industrial de selfies y videos. Las banderas blancas del ARS se entremezclaban con las pancartas de López, con la bandera larga que decía “doce años de impunidad, el Gobierno es responsable” (decorada a su vez con los rostros de López, de Santiago Maldonado, de Rafael Nahuel y de Johana Ramallo) y también con los “trapos rojos” del PTS, del Frente de Izquierda y de otras organizaciones.

Las lágrimas de obreros y obreras, que peinan canas pero lloraban como infantes, lo decían todo. El término “emoción” se quedaba corto. Desde las ventanas cerradas del primer piso del Ministerio algunos jóvenes del Astillero cantaban cuales hinchas fanáticos subidos al paravalanchas. Una niña subida al techo de una camioneta flameaba una bandera blanca mientras saludaba a otra niña que pasaba subida a los hombros de su papá con un banderín rojo. Una trabajadora, con su cartelito “Astillero somos todos” en una mano y una bandera argentina en la otra no paraba de llorar y reír al mismo tiempo.

Por un instante el sexismo machista del cantito “vamo’ Astillero, ponga más huevo, que te lo pide todo el pueblo entero” quedaba en un segundo plano frente a la necesidad de cantarlo bien fuerte y así hacerlo ensordecedor, demostrándole a la Gobernadora y sus secuaces que esta pelea no quiere parar hasta vencer.

Juicios y castigos

Con nuevos bríos, la marcha por López continuó su recorrido por el centro platense, hasta llegar finalmente a la Plaza San Martín.

El documento de la Multisectorial de La Plata, Berisso y Ensenada, leído desde el escenario rodeado de banderas, arrancó por Julio pero siguió por tantos otros crímenes e impunidades de ayer y de hoy.

Incluyendo los de las mujeres que mueren por abortos clandestinos gracias al voto de senadoras y senadores antiderechos y de un régimen patriarcal que no escatima en represiones.

Sobrevivientes del genocidio, junto a hijas e hijos de desaparecidos, denunciaron desde el escenario a los responsables materiales y políticos de tantas atrocidades contra la vida, no dejándose llevar por los oportunismos ni mucho menos por la zanahoria del “hay 2019”.

Obviamente el Astillero estuvo mencionado en ese documento, como parte central de las luchas presentes, con la convicción de que Julio López y el resto de nuestras y nuestros mártires habrían estado ayer junto a esas obreras y esos obreros decididos a no perder derechos.

Finalizada la lectura del documento, una bota militar gigante fabricada por Hijos La Plata (con un pañuelo celeste atado a sus cordones) fue quemada a modo de ritual antimuerte. Y enseguida gran parte de los manifestantes volvieron a 8 entre 45 y 46 a hacerles el aguante el Astillero Río Santiago.

Setentismos

Medianoche. Ya casi es miércoles. Finalmente el Gobierno aceptó firmar el acta comprometiéndose a entregar algunos de los insumos elementales para el trabajo en el Astillero y pagarles a las obreras y los obreros parte de los pesos que les descontó ilegítimamente. Quienes mantenían la vigilia en la calle pudieron volver a sus casas luego de muchas horas de lucha y emoción.

Aunque haya quienes interpreten la definición como un anacronismo, no caben dudas de que el martes en La Plata se vivieron intensos momentos de “setentismo”.

Por Julio López, desaparecido por primera vez bajo las garras de la dictadura en los 70. Por nuestras y nuestros treinta mil. Por Chicha Mariani y Nilda Eloy, guerreras que dieron batalla hasta el final contra cuanto genocida se les puso enfrente.

Y por cientos de hombres y mujeres que no temen en recuperar muchos de los métodos históricos de la clase obrera para enfrentar los métodos (también históricos) de las patronales y sus serviles funcionarios. Esos que quieren descargar su crisis sobre nuestras espaldas.


Daniel Satur

Nació en La Plata en 1975. Trabajó en diferentes oficios (tornero, librero, técnico de TV por cable, tapicero y vendedor de varias cosas, desde planes de salud a pastelitos calientes). Estudió periodismo en la UNLP. Ejerce el violento oficio como editor y cronista de La Izquierda Diario. Milita hace más de dos décadas en el Partido de Trabajadores Socialistas (PTS) | IG @saturdaniel X @saturnetroc

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