Un número infinito de historias anónimas se rebelan, día a día, contra el dominio del capital.
Jueves 30 de agosto de 2018
El capitalismo, régimen de la propiedad privada, fue críticamente analizado por Karl Marx en su libro inacabado El Capital.
Una de sus principales aportaciones es que dicho modo de producción de la vida material tiene un límite: el capital mismo.
Eso quiere decir que el capital tiene un límite para su reproducción infinita y progresiva: en la obra de Karl Marx no existe un lugar a dudas de que la producción y reproducción de mercancías lleva a la crisis, a la "tendencia a la caída de la tasa media de ganancia", al desastre.
En su sed de busqueda infinita de ganancia convertirte todo en mercancía: la tierra, el aire, la vida, la salud, la comunicación, toda la naturaleza, "todo lo sagrado se convierte en profano".
Digamos que dicho modo de civilización es algo así como una locomotora cuya dirección va hacia la catástrofe y el conductor pisa el acelerador. No prevé llegar rápido al abismo, y nosotros, somos los pasajeros de la historia mirando el paisaje por la ventana.
Día a día nuestra actividad colectiva anónima se rebela y busca de un modo desesperado interrumpir aquello. Acciones de negación a ser sólo observadores pasivos de aquel viaje en la historia surgen día a día.
Negaciones a ser los pasajeros distraídos de aquel periplo dentro de la historia, no mirar la ventana y el pasaje del viaje que se dirige a la catástrofe.
Hoy en Argentina un movimiento estudiantil interrumpe el festín neoliberal que pretende convertir la educación en mercancía.
En la Huasteca miles de indígenas Teneek protestan para evitar que el territorio sea convertido en gas y el fracking destruya todo.
En Atenco los pobladores gritan tierra si, aviones no, los maquiladores de Chihuahua en Johnson Controls día a día desde hace casi 2 meses hacen un plantón en la JLCA para exigir menos abusos laborales.
Familiares de desaparecidos exigen la presentación de aquellos que nos hacen falta, los migrantes, etc, imposibles de enumerar. Los pasajeros del viaje hacen señales en de estación en estación.
Todos los días pequeñas y gigantes historias anónimas de los pasajeros de la historia se rebelan, con más visibilidad o menos visibilidad, no ocuparán primeras planas en los medios o a veces sí.
En todo el globo, por todas partes, en todos los lados los pasajeros de la historia intentan interrumpir el curso demencial de aquel festín: jalan la manija, buscan jalar la palanca de alarma, hacen señas pero se rebelan para poner el freno.
La lucha anticapitalista no sería ir a buscar llegar a hablar con el conductor de aquella locomotora para que esté gire su camino. La lucha anticapitalista es hacer estallar los rieles.