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Internacional. Israel: ciudadanos de origen etíope se movilizan contra el racismo sionista

El pasado domingo miles de etíopes israelíes irrumpieron en las calles de Tel Aviv para denunciar las políticas racistas del Estado de Israel que discriminan premeditadamente a esa minoría de piel negra, condenada a una perspectiva sin futuro. La movilización fue brutalmente reprimida.

Miércoles 6 de mayo de 2015

¿El Estado judío contra los judíos? El pasado domingo miles de etíopes israelíes irrumpieron en las calles de Tel Aviv para denunciar las políticas racistas del Estado de Israel que discriminan premeditadamente a esa minoría de piel negra, condenada a una perspectiva sin futuro. La movilización fue brutalmente reprimida bajo el argumento de que los manifestantes no tenían autorización gubernamental, abriendo una crisis que cuestiona el carácter “democrático” del Estado judío, del cual se jactan hasta los sionistas de cuño “progresista”.

Después de bloquear el acceso a la principal autopista de Tel Aviv, los etíopes marcharon hacia el centro de la ciudad y trataron de irrumpir en el edificio de la Municipalidad, furiosos y lanzando piedras. La policía respondió con granadas de gas pimienta y gas lacrimógeno, “tácticas similares que se emplean con frecuencia en Cisjordania para aplastar las protestas de los palestinos” ilustraban los diarios. La batalla campal arrojó 56 policías heridos y 43 manifestantes detenidos, un saldo desencadenado en la Plaza Rabin cuando caía la noche, en momentos que miles de israelíes se movilizaban solidarizándose con los reclamos de los etíopes.

Ante la conmoción pública reflejada en todos los medios nacionales, el presidente israelí Reuven Rivlin señaló que el movimiento de protesta protagonizado por los etíopes israelíes había "revelado una herida abierta y sangrante en el centro de la sociedad israelí", en tanto llamaba a calmar los ánimos: "no somos extraños, somos hermanos y no debemos degenerar las cosas llevándolas a un lugar al que todos lamentamos". Sin embargo, este supuesto “defensor de las minorías” que abreva en las fuentes del Likud desacreditó el movimiento de los etíopes, ante el cual "no debemos permitir que un puñado de alborotadores violentos ahogue las voces legítimas”.

La acción callejera no fue un rayo en mitad de un día sereno sino la continuidad de una protesta realizada una semana antes en el centro de Jerusalén, a raíz del arresto y la salvaje golpiza propinada por dos policías de inmigración a Damas Fekade, un soldado etíope israelí en uniforme que transitaba en bicicleta en la localidad de Holon. Las imágenes fueron reproducidas en las redes sociales abriendo un escándalo público. El premier derechista Benjamin Netanyahu se vio obligado a intervenir pidiendo disculpas al soldado para descomprimir la situación, abriendo una investigación en la policía.

La agresión al soldado etíope fue el catalizador de un reguero de denuncias contenidas. Decenas de jóvenes que conforman la segunda generación de etíopes nacidos israelíes denunciaron la brutalidad y el permanente acoso policial de la que son objeto. A pesar de que su inmigración masiva data entre 1984 y 1991 en la célebre Operación Moisés, la comunidad conformada por 140 mil etíopes jamás fue integrada y resulta una de las más estigmatizadas. Más del 70% se concentra en 17 guetos en condiciones de hacinamiento. La mayoría son pobres y con severas restricciones al empleo, la vivienda, la educación y la salud. Las tasas de alcoholismo, violencia familiar y condenados a prisión superan de lejos la media (en la cárcel juvenil de Ofek el 40% de los presos son etíopes). Desde el seno de las instituciones estatales fueron propagados todo tipo de prejuicios humillantes. A mediados de las década del 90, los hospitales públicos rechazaban sus donaciones de sangre, sugiriendo que eran portadores de HIV. El Rabinato estigmatiza a los etíopes cuestionando su identidad judía, presuntamente derivada del antiguo Reino de Saba.

Este movimiento real comenzó a gestarse en 2012, cuando los propietarios de la ciudad de Kiryat Malaji se opusieron a poner en alquiler o en venta sus inmuebles a la minoría etíope. Shlomo Molla, uno de sus dirigentes, convocó a la desobediencia civil y la negativa a prestar servicio en el Ejército.

A sabiendas de que la gota rebasó el vaso, todos los sectores procuran mantener la concordia. La ironía es que nada menos que Netanyahu advirtió que había que “luchar contra el racismo y la discriminación en todos los sentidos y en todas las plataformas”.

El racismo del Estado sionista hunde sus raíces materiales en la opresión nacional de la minoría palestina, sobre la base de un ejército de ocupación permanente, que constituye la principal institución del régimen colonial. Sin embargo históricamente ese mismo Estado judío segregó a las masas judías de origen árabe (misrajis), separadas de las masas ashkenazis blancas provenientes de Europa oriental, que integran la elite de las clases dominantes y las clases medias liberales de los grandes centros urbanos. A mediados de la década de 1950, la entonces ministra de Trabajo Golda Meir no ahorraba insultos contra los judíos de Marruecos, a los que consideraba “brutos” e “ignorantes”, a pesar de que fueron el músculo que montó las bases de la infraestructura nacional. La estigmatización dio lugar a una franja de miles de marroquíes, reconocidos como los Panteras Negras, vinculados al PC israelí y grupos antisionistas, que lucharon contra el régimen, resultado de la radicalización política y social a mediados de la década de 1960.

El hartazgo de los etíopes y las simpatías que despierta en sectores de la sociedad israelí pueden constituirse en un punto de apoyo para fortalecer al movimiento nacional palestino y sus legítimas demandas de autodeterminación nacional.