Una encuesta le puso valores concretos a una discusión que está en el aire: si Cano se une con Amaya logran una intención de votos que ninguna fórmula del oficialismo puede alcanzar. Separados, Manzur se impondría en los comicios. Que la solución al problema de la oposición parezca simple no implica que sea fácil de ejecutar.
Maximiliano Olivera @maxiolivera77
Juan Rovere @juanroverepts
Jueves 2 de abril de 2015
La encuesta de Poliarquía que se difundió durante el fin de semana preanuncia unas elecciones provinciales polarizadas. Pero con un detalle importante. Solo si, y solo si, el radical José Cano y el peronista díscolo Domingo Amaya se unen lograrían un bloque que atraería el 46% de los votos. La fórmula ideada superaría al binomio Manzur-Rojkés, que cosecharía el 31% a pesar de que la gestión de Alperovich tiene una aprobación que ronda el 50% (con fluctuaciones según las edades, el sexo, y la zona de los encuestados). El estudio encargado por el Acuerdo Cívico y Social debería haber medido la verdadera fórmula del alperovichismo, la de Manzur y Osvaldo Jaldo, aunque los valores no variarían demasiado. A “la Betty” le tocará remar en la inundada sección oeste encabezando la lista oficial de legisladores. Será difícil después del “pedazo de animal, vago de miércoles”.
La mesa chica del Acuerdo Cívico evitó la filtración de los porcentajes individuales de Cano y utilizó los datos que dio la encuesta para presionar en la conformación de un frente opositor con el intendente capitalino. Esta alianza, no tan natural como otras, reaviva tensiones hacia dentro del espacio hegemonizado por el radicalismo y repercute en las relaciones, también tensas, con el PRO y el massismo.
Tras Gualeguaychú
En el radicalismo tucumano la decisión de la convención nacional de la UCR de apoyarse en Macri fue un traspié en los intentos de buscar una coalición que también incluya al massismo. Varios de los aliados que pusieron reparos al macrismo optaron por el silencio, actitud similar tomó la juventud radical con peso en los claustros universitarios. Por ahora, para nadie es negocio sacar los pies del plato.
La relación con el PRO tampoco es fácil. La semana pasada el referente provincial Colombres Garmendia, quien no oculta sus pretensiones de ser senador, salió al cruce del “egocéntrico” Cano, cuando éste dijo que el PRO debía acompañar al radicalismo. Colombres Garmendia remarcó que en Tucumán no están con el radicalismo y que nadie tiene que sumarse a nadie. En tiempos de negociaciones electorales los amagues son parte del ritual pero en la campaña mediática mostrarse tan divididos puede llevar agua a molino ajeno. Amague o realidad, Colombres Garmendia deslizó que también hay conversaciones con el amayismo.
Líneas cruzadas
El amayismo también les atiende el teléfono a los operadores radicales y massistas. El intendente capitalino había hablado de un acercamiento con el dirigente radical, y ayer lo confirmó Germán Alfaro. Pero se cuidan de hablar de un acuerdo electoral.
Lo mismo sucede con algunos de los referentes del massismo en el interior, quienes ya se pronunciaron públicamente por un acuerdo entre “peronistas”. Acá encontramos a los mellizos Orellana que compartieron un asado con Amaya y Alfaro con la excusa del cumpleaños del legislador Teri. Pero hay otros como Gerónimo Vargas Aignasse, quien se dejó ver en actos junto a Cano y se opone a un acuerdo entre el radical y Amaya.
Una posible alianza con el intendente capitalino también despierta amores y odio en los aliados del radicalismo dentro del Acuerdo Cívico y Social. Todos coinciden que Amaya es demasiado K para sumarse a la coalición opositora y que tiene que saltar el cerco cuanto antes. Federico Masso de Libres del Sur, quién lanzó su candidatura a legislador la semana pasada, afirmó que a la hora de sumar el límite es el bussismo. Si el límite es el bussismo, ¿entonces es bienvenido el macrismo? Una pregunta incómoda para una centroizquierda que responde con pragmatismo. En Mendoza comparte un frente con el macrismo, en Neuquén y Salta con el kirchnerismo.
Amaya y el arzobispo peronista
Diálogos aparte, la estrategia principal de Amaya es moverse en el arco peronista ligándose a la candidatura de Randazzo. No se puede descartar la hipótesis de que busque hacerse un espacio propio ocupando el flanco izquierdo del kirchnerismo, algo que nunca ocupó y preocupó a Alperovich, ni siquiera por las apariencias. Pero también esto tendrá sus límites desde los orígenes. Por ejemplo, la idea de combinar una juventud con militancia barrial con el proyecto de creación de una nueva fuerza policial (municipal) no parece muy viable.
Además, hay que sumar que para Amaya su interlocutor preferido es el arzobispo Zecca. Juntos rezan para que el Papa visite la capital tucumana en 2016. Es difícil pensar un peronismo progresista de la mano de arzobispo que durante el conflicto estudiantil del 2013 declaró que “a la universidad no puede llegar todo el mundo, sólo el que tiene capacidad”. El mismo que el año pasado se opuso al paro docente porque “no se puede pedir sueldos desproporcionados”. Conocida es además su férrea oposición al matrimonio igualitario, la educación sexual y el derecho al aborto.
Zecca también opinó con un tono sciolista y a su manera, sobre la interna de la oposición. “Si uno llega con alianzas que son puramente superficiales, fragmentarias y no hay acuerdos de gobierno sustentables y que se mantengan en el tiempo, no iremos a ningún lado”, afirmó el arzobispo. Sus declaraciones también son un guiño a Manzur en caso de que Amaya elija ir por fuera del peronismo. Más allá de las interpretaciones, Zecca se mostró preocupado por la “gobernabilidad” de la provincia. Un emisario de Francisco.
Faltan poco más de 4 meses para las elecciones y 50 días para el cierre de alianzas. Por ahora, el único acuerdo que comparte el conjunto del arco político tradicional fue su indiferencia al paro del 31M, un tiro por elevación contra las condiciones de vida de la clase trabajadora.