La cobertura mediática del asesinato de Lucas González demostró una vez más el rol de muchos medios que se apresuraron a titular con falsas versiones de lo sucedido. La movilización del barrio, de los amigos y de la familia pudo dar vuelta la historia y demostrar lo que verdaderamente fue: un caso de gatillo fácil.
Viernes 19 de noviembre de 2021 14:35
"Tiroteo". "Delincuentes". "Confuso episodio". "Ladrón recibió un balazo". "Delincuente herido".
El relato que intentó construir la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, habló desde el comienzo de que Lucas González había sido herido de un balazo en la cabeza después de "haberse tiroteado con policías que protagonizaron una persecución a bordo de un auto por el barrio porteño de Barracas". La propia agencia estatal Télam le dio desde un comienzo peso a esta versión de la fuerza de seguridad.
Ese relato policial, que buscó la impunidad de una fuerza de seguridad que tiene las manos manchadas en sangre, al igual que todas las policías del país, contó desde el primer momento con el apoyo de una cobertura mediática de muchos de los principales medios de comunicación del país, que montaron una cadena de fake news al servicio de esconder la verdad.
El contexto, aunque lejos está de ser la primera vez que sucede, no es casual: los responsables políticos de las fuerzas de seguridad, tanto de la Ciudad de Buenos Aires como de otras provincias del país, vienen de terminar una campaña electoral cargada de manodurismo en la que dieron rienda suelta a discursos demagógicos que pedían una mayor criminalización de la pobreza como respuesta al problema de la "inseguridad". Pedidos de más policías, más cárceles o baja de la edad de imputabilidad estuvieron a la orden del día durante los debates. Se trata de una respuesta demagógica que no solo evita hablar de un contexto de 40 % de pobreza mientras los mismos de siempre siguen ganando, sino también del rol de las fuerzas de seguridad como protagonistas y organizadoras del gran delito, en la cual no hay grieta, ya que sucede de los dos lados de la General Paz y en el interior del país. Una pelea por la construcción de un sentido común al servicio de los poderosos.
Sin embargo, y gracias a las denuncias y la lucha del barrio, así como de los amigos y familiares de Lucas, esta vez la propia cobertura de esos medios fue derrotada y tuvo que que dar un giro. La bronca y la movilización comenzaron a desmontar rápidamente la versión policial y mediática, para dar paso a la verdad: estamos ante un nuevo caso de gatillo fácil. Su voz, gracias a su lucha, fue ganando peso también en la escena mediática, dando vuelta el caso.
No hubo delincuentes, no hubo tiroteo, no hubo episodio confuso: una vez más, lo que hubo fue gatillo fácil y una fuerza de seguridad asesina.
Con esa lucha se dio un paso para que se conozca la verdad: ahora sigue la pelea para seguir organizados y de pie hasta conseguir Justicia por Lucas.
Por su parte, en A24 periodistas como Viviana Canosa se dedicaron insólitamente (o no tanto) a cuestionar al aire a los amigos de Lucas por no haber ido a votar, mientras que Eduardo Feinmann habló de que se sentía "inseguridad" en ambos autos, como si en uno no viajaran asesinos y en otros las víctimas de la violencia policial.