Editorial en Pateando El Tablero, la izquierda en radio, 101.7 Jujuy FM.

Gastón Remy Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.
Miércoles 16 de septiembre de 2020 20:11
En la última semana la Policía bonaerense con su chantaje armado de tres días y un rodeo a la Quinta de Olivos pudo llevarse su botín. Pero a diferencia de las editoriales de los principales medios que tratan de mostrar el resultado en términos de “ganadores” y “perdedores” de la grieta, me refiero a Larreta por Juntos por el Cambio y a Fernández-Kicillof por el Frente de Todos, me quiero detener en considerar los hechos desde los intereses de las dos grandes clases sociales que conforman la sociedad en la que vivimos, empresarios y trabajadores.
Lo que se llevó la bonaerense no puede ser visto entonces solo como una mejora salarial y, una casi segura falta de investigación sobre los responsables de este accionar; si no lo más preocupante para la clase trabajadora es el empoderamiento de su función como parte del aparato represivo del Estado.
El eco de este resultado tuvo efecto casi inmediato en Jujuy donde la Policía provincial actuó contra los choferes de colectivos primero el viernes y con mayor saña el lunes por la madrugada. “Ayer reclamaban ellos y hoy vinieron a cargarnos a palos”, así lo reflejaba un chofer que recibió palos y balas de goma sobre su cuerpo por reclamar junto a sus compañeros por la falta de pago de los salarios en tiempo y forma.
Esa misma semana familias sin techo que intentaron ocupar tierras fiscales recibieron una cacería de la policía por las calles del barrio 150 hectáreas de Alto Comedero. Detenciones, multas e imputaciones de la Justicia fue la respuesta del gobierno.
Entonces, lo que cede el gobierno nacional frente a la Policía bonaerense, la mayor del país, se cobra en un reforzamiento del accionar represivo de las policías provinciales bajo las órdenes de los gobernadores.
En el caso de Morales, reciben una ayuda no menor, puesto que es conocido por haber montado un régimen policíaco de represión y persecución sobre la clase trabajadora, sus sectores más empobrecidos y contra los sindicatos y organizaciones sociales y la izquierda. A falta de pan y tierra, con un sistema de salud colapsado por no invertir y siquiera centralizar los recursos de las clínicas privadas, el gobierno puede seguir apelando al disciplinamiento de la miseria misma, a punta de pistola y causas judiciales.
Muy diferente es la realidad de quienes tienen 50 millones de pesos mensuales de parte del Estado provincial, no pagan en tiempo y forma los salarios, y por si acaso no les exigen rendir cuentas de los fondos públicos que caen en sus manos. Por el contrario, los empresarios del transporte cuentan con el apoyo policial contra el reclamo de los choferes.
Otro tanto, como venimos insistiendo desde este espacio editorial, la empresa Ledesma sigue sin cumplir el protocolo sanitario y mantiene el récord de obreros fallecidos de covid-19 en el país. La falta de accionar de los ministerios de Trabajo, el dejar hacer a la empresa por parte de los gobiernos, los ubica en un lugar de cómplices de un crimen social, ante el cual, no hay un solo miembro de la familia Blaquier siquiera imputado.
Con este accionar de los gobiernos retrocediendo frente a la Policía y grandes empresarios empiezan a dejar más en claro de qué lado están algunos (Fernández-Kicillof) o ratifican su rumbo (Morales), pero todo esto no es suficiente al momento de poner en el centro de la sociedad la agenda de reclamos de la clase trabajadora.
En primer lugar por el rol de contención que juegan las direcciones de masas, los sindicatos, dejando pasar los ataques salariales, las suspensiones y despidos, metiendo miedo como también continuando con la división entre ocupados y desocupados, sin responder ante los ataques del Estado a los sin techo, que son el sector más vulnerable de la clase trabajadora. Y del lado de las organizaciones sociales mayoritarias oficialistas con la distribución de la ayuda social aportan lo suyo a evitar la acción de protesta de los más pobres.
En segundo lugar, por la campaña política e ideológica, que los gobiernos con ayuda de los aparatos mediáticos difunden apoyados en la crisis sanitaria para que “te quedes en casa”, como única opción frente al virus sin que se realicen la testeos recomendables, se invierta en salud lo necesario y sin centralizar el sistema de salud como medidas de emergencia. Lo que buscan instalar una suerte de filosofía de la resignación ante cada ataque a las condiciones de vida de quienes incluso son esenciales y siguen poniendo su cuerpo en cada lugar de trabajo.
Considerando entonces esta pelea por unir a la clase trabajadora exigiendo a los sindicatos la ruptura de la tregua con los gobiernos y las patronales, por levantar los reclamos de los sectores más vulnerables como las familias sin techo, se torna vital comenzar a coordinar y organizar a quienes hoy comienzan a salir a las calles para pelear por lo suyo. Así se prepara entonces para mañana en la provincia y en otros puntos del país una jornada de protesta con marcha y caravana, tomando todos los recaudos del caso, de un amplio sector de organizaciones y sectores agraviados, porque también nos cuidamos defendiendo nuestros derechos en las calles, vale recordar, donde se ha hecho la historia hasta nuestros días, la cual no ha sido más que la historia de la lucha de clases, al menos, mientras persista el sistema capitalista.

Gastón Remy
Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.