Según un informe de la ONU la masa total de salarios perdidos por los y las trabajadoras de todo el mundo equivale a 5,5 % del Producto Interno Bruto global. Los rescates multimillonarios de los Estados fueron a las grandes empresas, farmacéuticas, bancos y el sector financiero, mientras que los trabajadores se empobrecieron en todo el mundo.

La Izquierda Diario @izquierdadiario
Miércoles 23 de septiembre de 2020 11:43
La gestión de la pandemia de coronavirus por parte de los gobiernos del mundo se está cobrando un alto precio en los puestos de trabajo y salarios a nivel mundial. Según un informe de la ONU publicado este miércoles, se trata de cientos de millones de empleos perdidos y trabajadores sufriendo una caída "masiva" de ingresos.
El informe hace un cálculo sobre el total de horas de trabajo perdidas durante la pandemia y las presenta como cantidad de empleos y salarios perdidos por los trabajadores en ese período.
El nuevo estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) encontró que a mediados de año, las horas de trabajo globales habían disminuido en un 17.3 por ciento en comparación con diciembre pasado, lo que equivale a casi 500 millones de empleos a tiempo completo.
Eso es casi 100 millones más de equivalentes de empleo que el número pronosticado por la OIT en junio, cuando esperaba que el 14 por ciento de las horas de trabajo se perdiera al final del segundo período de tres meses del año.
"El impacto ha sido catastrófico", dijo a la prensa el director de la OIT, Guy Ryder, en una sesión informativa virtual, señalando que el ingreso laboral global se había reducido en un 10,7 por ciento durante los primeros nueve meses del año en comparación con el mismo período en 2019.
Eso equivale a una caída de unos 3,5 billones de dólares, o un 5,5 por ciento del producto interno bruto (PIB) global, dijo la OIT.
La OIT también advirtió que las perspectivas para los últimos tres meses de 2020 habían "empeorado significativamente" desde su último informe en junio.
La organización había pronosticado anteriormente que las horas de trabajo globales serían un 4,9 por ciento más bajas en el cuarto trimestre que el año anterior, pero dijo que ahora esperaba una caída del 8,6 por ciento, lo que corresponde a 245 millones de empleos de tiempo completo.
Desde que apareció en China a fines del año pasado, el nuevo coronavirus ha matado a casi un millón de personas en todo el mundo de los más de 31 millones infectados.
Además de los problemas de salud, la administración de la pandemia por parte de los gobiernos del mundo ha tenido un impacto devastador en los empleos y los ingresos de los trabajadores.
Durante meses la mayoría de los gobiernos ensayaron un discurso de elegir entre la salud o la economía, una falsa dicotomía que como quedó demostrado ni protegió la salud de los trabajadores esenciales, ni garantizó los empleos y salarios de los trabajadores.
Mientras que los sistemas de salud se vieron cada vez más saturados, tras años de políticas neoliberales que los desfinanciaron por completo, ahora el mundo entra en una segunda fase del virus con rebrotes en Europa sin que se haya hecho nada al respecto.
Los distintos estados votaron paquetes de rescates multimillonarios que se estiman en alrededor de 9,6 billones de dólares a nivel mundial. Sin embargo, la gran mayoría de esa suma fue destinada a financiar a las grandes empresas, a la industria farmacéutica privada, a los bancos y al sector financiero. Las "ayudas" para paliar la situación desesperante de quienes perdían su empleo, eran suspendidos o les rebajaban el salario, fueron minúsculas en relación al salvataje multimillonario para los empresarios. Por otra parte, a pesar del discurso generalizado de que la pandemia "afecta a todos por igual, y todos deben hacer un esfuerzo", tampoco fueron tocados los intereses del los más ricos en ninguna parte del mundo. Paradójicamente esos mismos ricos fueron los principales favorecidos por los planes de estímulo.
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Esos recursos tampoco se destinaron durante estos meses para fortalecer los sistemas de salud, mejorar los sueldos de los y las trabajadoras de la primera línea, contratar y capacitar a personal de respaldo, acelerar la producción de test y mascarillas gratuitas, mejorar el rastro, las camas de terapia intensiva o los respiradores. Por el contrario, como se ve hoy en Europa, mientras especulaban con la llegada de una vacuna que les "ahorre" el gasto en salud, los Gobiernos llegan al segundo rebrote con un sistema sanitario aún más deprimido, y aplican "confinamientos selectivos" a los barrios obreros, que son los mas afectados por los contagios, como lo está haciendo Madrid.
En esta situación, el informe de la OIT no está destinado a alertar a los trabajadores, sino a exigir a los Estados que no cierren las economías. Sangheon Lee, jefe de la división de políticas de empleo de la OIT dijo que si las segundas oleadas de infecciones traen consigo restricciones más estrictas y nuevos bloqueos "el impacto en el mercado laboral podría ser comparable a la magnitud que vimos en el segundo trimestre de este año".
Es decir que la gestión de la pandemia por parte de los gobiernos capitalistas, ya ni se va plantear una disyuntiva entre salud y economía. Se preparan para abrir la economía obligando a millones de trabajadores a regresar a sus empleos de forma insegura y con un sistema sanitario colapsado, lo que implica un riesgo directo de contagio, y muerte.
Las protestas de los y las habitantes de los barrios populares de Madrid contra el confinamiento de clase, controlado a base de represión, junto con la huelga del personal de laboratorios saturados y de docentes en Francia, son una primera muestra de que las y los trabajadores van a pelear para no ser quienes vuelvan a pagar las consecuencias de la actual crisis.