Una reflexión sobre porque los hombres de la clase obrera debemos apoyar la lucha por #Niunamenos.

Martín López Trabajador del Litio
Miércoles 19 de octubre de 2016
El caso de Lucía Pérezhttp://www.laizquierdadiario.cl/19O..., una joven de 16 años que fue violada y asesinada brutalmente, ha conmovido no sólo a la Argentina, sino que con pena y rabia ha sobrepasado las fronteras donde nos encontramos muchos de los que día a día levantamos la bandera del feminismo de clasehttp://www.laizquierdadiario.cl/Que..., una de las luchas más importante para erradicar tanto la explotación y la opresión de este mundo.
Sentimientos de rabia e impotencia se expresan en nosotros al ver cómo muchos hombres siguen siendo cómplices y protagonistas de las acciones más brutales contra las mujeres. Y es que el machismo -esa idea, actitud y forma de pensar que señala que naturalmente el hombre es superior a la mujer- cada día se profundiza más, instalándose silenciosamente; en nuestras familias, en las relaciones de pareja, en los trabajos, los lugares de estudio, en las calles, en la TV, en los diarios, en la publicidad, hasta en los chistes que a simple vista parecen “inofensivos” pero que denigran a nuestras compañeras por su cuerpo, su forma de ser, de vestir, al punto de verlas como meros objetos de deseo o satisfacción sexual.
Por esto es urgente que los hombres podamos cuestionarnos, para darnos cuenta cómo se expresa el machismo en nuestras vidas, en prácticas tan cotidianas como; el "derecho" que se dan muchos de acosar a las mujeres en las calles, en las pegas o en los lugares de estudio; en los celos cuando se cree que el amor es amarrar a nuestras parejas a la propia voluntad; cuando se sigue sosteniendo el rol de las mujeres en el ámbito doméstico encadenándolas a la obligación del cuidado de los/as hijos/as y las tareas del hogar; cuando se las golpea, se las insulta, cuando las engañamos y somos deshonestos, cuando la desvaloramos de sus capacidades sólo por ser supuestamente “el sexo débil”; cuando creemos que son nuestras al punto de decidir sobre sus vidas e incluso el mismo minuto de sus muertes. Así es, el femicidio es el último eslabón de la violencia hacia las mujeres, y hoy se ha mostrado de las formas más brutales.
Todo lo anterior es gracias a que el Capitalismo, sistema económico donde unos pocos se enriquecen por la explotación de miles, ha utilizado el patriarcado y el machismo a su favor, relegando a las mujeres a los peores trabajos, con sueldos bajos, mayoritariamente subcontratadas, haciéndose cargo de los hijos y los quehaceres del hogar, maquillándolo de una forma impresionante, y es que como diría el compañero Karl Marx en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado "El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida".
Es por esto que quienes somos explotados por el capital, es decir, los trabajadores debemos tomar conciencia de cómo a nuestras compañeras que también sufren la explotación, las violentan de distintas formas sólo por el hecho de ser mujeres. Esto también nos ayudará a darnos cuenta de todos los privilegios que esta sociedad machista nos da sólo por ser hombres y con ello, avanzar a destruirlos de nuestras vidas.
Porque puede ser tu hija, madre o tu hermana…
Nosotros los hombres de la clase trabajadora, no podemos seguir adaptándonos a la concepción de víctimas que el gobierno y el Sernam nos ha dado de las mujeres que sufren violencia, sino que debemos reconocerlas como sujetos capaces de cambiar el mundo. Esto significa ubicarnos a su lado en la lucha por acabar con la violencia de género, siendo un aporte y no un impedimento para que se multiplique la organización de las mujeres en nuestros lugares de trabajo y en los lugares de estudios. Sólo de esta forma no estaremos reproduciendo lo que nuestros enemigos quieren, dividir a la clase trabajadora entre hombres y mujeres. Debemos unirnos y ser fuertes como explotados, reconociendo que en nuestras filas están ellas, nuestras compañeras mujeres y de la diversidad sexual, que viven a diario el calvario de ser tratada a diario como sujetos de segunda categoría.
Es hora de actuar por Lucía y por todas aquellas que sufren violencia, luchando codo a codo con nuestras compañeras de clase, porque ellas las doblemente explotadas y oprimidas también son sujetos capaces de transformar la realidad.
Por todas ellas, los hombres de la clase obrera decimos #NiUnaMenos.