El ex-presidente reafirmó la política conciliadora del PT. Habló de la posibilidad de postularse en 2018 y de apostar a “convencer” senadores para evitar la destitución definitiva de Dilma.
Sábado 21 de mayo de 2016
Una vez más la estrategia “convencer” a los golpistas
En una entrevista con el canal Telesur concedida el pasado día jueves (19), Lula reafirmó la política de conciliación y acuerdo con sectores de la derecha luego del golpe. La misma política con la que Dilma apostó al auxilio por parte de la Corte Suprema, el día anterior a ser suspendida del cargo, mientras la CUT protagonizaba un fiasco de “jornada de lucha”.
El ex-presidente remarcó que sólo le falta convencer a seis senadores para que apoyen a Dilma y así revertir la situación actual. “Eso no es imposible –dijo- para alguien que convenció a 54 millones de brasileños”. Remarcando que los senadores se convencerán por su “propia conciencia”, y señaló “ellos no querrán ser recordados como los senadores que inhabilitaron a una mujer inocente y víctima de una campaña sucia (sic)”.
Este patetismo del alegato de Lula es la continuidad de la estrategia de alianzas con partidos de la derecha y la asimilación a los métodos (de compra-venta) del régimen brasilero con la que gobernó el PT, y que colapsaron estrepitosamente.
Por otra parte, el líder del PT también se refirió a la posibilidad de presentarse como candidato a las presidenciales de 2018, afirmando que existía esa posibilidad “solo para evitar que se destruyan los logros sociales en Brasil".
La orientación del PT posgolpe
En la entrevista Lula reafirmó la orientación que el PT hiciera pública ese mismo día a través de un documento de su dirección nacional. Donde con una verborragia de izquierda y una aparente autocrítica, busca dialogar con los sectores de trabajadores y jóvenes que se desilusionaron con el PT a lo largo de los últimos años, haciendo un mea culpa y proponiendo a estos sectores el retorno. Sin embargo, los mismos documentos muestran que la estrategia de conciliación de clases del partido, sin importar la lección que sacaron de sus ex-aliados, no se modifica ninguna línea.
El tono más agresivo contra los golpistas fue usado para buscar una reaproximación y una vez más ilusionar con que es posible que sus ex-aliados tengan una política de enfrentamiento con los sectores reaccionarios de la política y con la burguesía nacional e internacional.
La verdad es que, cuando el golpe aún se estaba tejiendo, en ningún momento ni la dirección nacional del partido ni la propia presidenta prepararon a las masas para un combate contundente contra el golpe aun no consolidado. Toda la política de Dilma y Lula fue tejer alianzas con el mismo "campo reaccionario" que ahora el PT denuncia. La CUT preparó una jornada de paro que fue un fiasco.
La autocrítica de los "errores" para ocultar la estrategia
En la entrevista a Telesur, Lula se dedicó a admitir cínicamente que el PT había mentido a sus electores en la campaña electoral, haciendo campaña por un programa (anti-ajuste) y gobernando con otro (ajuste).
En el seno de la clase trabajadora, principalmente donde el PT como dirección sindical es profundamente cuestionado, esa autocrítica ya se hizo. Por ejemplo, en algunas reuniones de la Apeoesp (Sindicato de Profesores de San Pablo) escuchamos de los dirigentes que "es un hecho, nos equivocamos", o "tenemos que recomponer la política del partido", para esquivar las críticas de fondo estratégicas y fomentar una vez más la esperanza en un PT de los trabajadores.
Las críticas, llamadas "errores", en los documentos de la dirección del PT al referirse a las alianzas partidarias y al financiamiento privado de la campaña sirven para canalizar el problema en una "presión incontrolable" de la derecha sobre el gobierno. Estas autocríticas, sin embargo, preservan la estrategia del “pacto pluriclasista” del PT, que aún sigue primando. Serían "errores", o desvíos corregibles a partir de retomar la confianza de las bases, dando cierto lugar a las "acciones masivas" como forma de "presión sobre las instituciones". La dirección del PT dice claramente: "Confiamos en la gobernabilidad institucional, a partir de alianzas al centro, como una columna vertebral para el sostenimiento de nuestro proyecto. (...) Pero fuimos tímidos al impulsar la lucha social como vector fundamental de presión sobre las instituciones".
Es decir, las acciones son para conseguir que, en la repartija de la torta en momentos de crisis como la actual, las migajas sigan cayendo en las manos de los trabajadores, manteniendo así a los explotados en el pacto pluriclasista. Pero claro, sin perder de vista que hay que "gobernar para todos", como decía Lula en el momento de su elección. El problema es que "gobernar para todos" en el sistema capitalista, significará siempre gobernar para los ricos, repartiendo un poquito para atenuar la profunda explotación y opresión como base fundamental de este sistema.
Llegan incluso a hablar de la necesidad de debatir sobre "la remoción de escombros autoritarios heredados de la transición conservadora posdictadura". Solo debate. Como desarrollo de esta política, Lula y Dilma jamás propusieron el castigo a los torturadores y políticos militares y civiles.
La orientación es el retorno a las bases... para seguir cumpliendo su papel conciliador y de alianzas con la derecha
El PT desarrolla en los documentos publicados la necesidad de recuperar la confianza de los trabajadores. Como todo partido electoral, que busca conciliar intereses irreconciliables entre trabajadores y patrones, se prepara frente a las próximas elecciones municipales para volver a levantar el PT como alternativa para los trabajadores, con la fuerza de la militancia de las bases. Es también para recomponerse como alternativa para todos los sectores burgueses que consideren que con el PT es más fácil garantizar la gobernabilidad, manteniendo a la clase trabajadora controlada para no exigir más de lo que la burguesía esté dispuesta a dar. Eso se hace manteniendo alianzas con la misma derecha.
Queda claro ese objetivo, como explicitó Rui Falcão, presidente nacional del PT, en una entrevista: "Si alguien del PMDB quiere participar con nosotros en una lista en la elección municipal, que no haya apoyado el impeachment públicamente, y que adopte programas que prioricen el área social, que haga presupuesto participativo, que abra el debate, que tenga transparencia, que no permita corrupción, no hay ninguna objeción".
Hablan de construir a partir de ahí la oposición al gobierno golpista. Pero es para que vuelva Dilma, y con más fuerza y más respaldo social del que tenía durante su mandato. Hablan también de "combinar todos los tipos de acción masiva y el combate parlamentario" para hacer esa oposición. Pero las acciones masivas son en verdad solo actos y sirven pura y simplemente para ayudar como presión en el combate parlamentario, es decir por dentro de las instituciones y con la derecha clásica, en la aprobación de lo que para este reaccionario parlamento sea viable conceder a los trabajadores, y no como medios de la lucha de clases, haciendo que los capitalistas paguen la crisis que generaron.
Los trabajadores necesitan una política de independencia de clase
La estrategia histórica del PT, que no se modificó luego del golpe, ya se mostró totalmente fallida. La burguesía siempre querrá mantener, a través de sus representantes políticos, sus privilegios de clase dominante, y todo su aparato estatal está al servicio de eso. Incluso la propia Constitución, que en estos tiempos fue vulnerada en varios aspectos con el golpe institucional, sirve a esos objetivos.
Por más contornos de izquierda que el PT busque tener ahora, el hecho es que quiere volver a levantarse para seguir cumpliendo el mismo papel que siempre cumplió: mantener los privilegios de los ricos a cambio de algunas concesiones para los explotados.
No se puede confiar en ninguna alianza ni acuerdo con la derecha y la burguesía a la que representa, ya vemos a qué llevó eso en los últimos años y ahora con el golpe y sus agentes reaccionarios. Por eso, es necesario que con la fuerza de nuestra movilización, como muestran hoy las luchas de la juventud y de los trabajadores en Rio de Janeiro, Rio Grande do Sul, San Pablo, Ceará, con centenares de ocupaciones y huelgas, como en las universidades paulistas, imponer un cambio en las reglas de este juego a favor de la clase obrera y el pueblo.
De aquí la necesidad de una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, donde los trabajadores y la población puedan decidir por una nueva Constitución que termine con los privilegios de políticos y jueces, que ponga en discusión las medidas históricamente reivindicadas como la reforma agraria, que establezca todos los derechos fundamentales de los trabajadores como salud y educación de calidad. Solo así, enfrentando los intereses de los patrones, se podrá garantizar una real transformación social a favor de los trabajadores y el pueblo.
*En base a nota publicada en Esquerda Diário

Redacción
Redacción central La Izquierda Diario