Con la consigna "sí, se puede" y ante miles de personas, el presidente dio un discurso en el que evitó hacer definiciones políticas y económicas, más allá de los caballitos de batalla que viene repitiendo.
Sábado 19 de octubre de 2019 20:09
Desde el mediodía la Avenida 9 de Julio a la altura del Obelisco comenzó a poblarse, con grupos de personas que llegaban tanto desde el norte como desde el sur y desde la Avenida Corrientes. Para las 18:30, cuando Macri apareció entre la gente antes de subir al escenario junto a Miguel Ángel Pichetto y Juliana Awada, la concentración ya tenía varias cuadras de largo, alcanzando varias decenas de miles de personas.
Infinidad de banderas argentinas y casi ninguna referencia gráfica al PRO, a la UCR o a la Coalición Cívica y muy pocas remeras de Camiemos, casi como queriendo ocultar el carácter partidario del acto. El amarillo macrista, con el que se quiso pintar la “revolución de la alegría” en 2015, apenas se utilizó para pañuelos con la consigna “sí, se puede”, adoptada tras la derrota de las PASO. En la previa, grupos de personas alternaban la entonación del himno nacional con el futbolero “¡Argentina, Argentina!” y con el jingle de este tramo de la campaña “Mauricio la da vuelta”.
Algunas concentraciones se produjeron también en otras ciudades como Córdoba, Rosario, Mar del Plata, Catamarca, Neuquén, Mendoza y Bahía Blanca. Cuando arrancó su discurso, Macri se animaría a decir que “hay cientos de miles de argentinos que marchan en todo el país y en mundo”.
Una gran ausente en la masiva concentración fue la juventud. Con excepciones, casi la totalidad de la concurrencia superaba los 40 años años, con una alta composición de adultos de sectores medios tanto de la Ciudad de Buenos Aires como del conurbano bonaerense.
La foto, el mensaje a los “enojados” y un llamado a la epopeya
En primer lugar, buscando una foto de multitudes que intente mostrar el gobierno aún no está muerto pero que además contenga la desmoralización reinante en las filas de Cambiemos desde las PASO. Si lo logró está en discusión: los voceros del gobierno se mostraron conformes con la imagen de una importante convocatoria.
Pero si tenemos en cuenta el esfuerzo que hizo el aparato del Estado (nacional, provincial y municipales) y la movilización de toda la base macrista desde la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia, quedó muy lejos del “millón” que promocionó.
En segundo lugar, con un discurso que reafirme los principales “valores” del macrismo dirigido a su núcleo más firme, pero evitando “espantar” a los indecisos. Macri volvió a hablar de “república”, “corrupción”, “independencia” y “libertad”, pero evitó meterse en temas como el aborto, la deuda o los derechos humanos.
Como era esperable, el discurso de Macri apuntó contra el “fantasma” que el kirchnerismo encarna en sus votantes, aunque evitó nombrar a Alberto y Cristina Fernández.
Esos “valores” los ensayó en un ping-pong con la multitud, lleno de preguntas retóricas: ¿creemos que la honestidad es importante? ¿Creemos en la educación y el trabajo para progresar? ¿Queremos integrarnos al mundo? ¿Creemos que la justicia debe ser independiente? ¿Creemos que la plata debe ir para obras y no a los bolsos de los funcionarios?
En tercer lugar, con esos golpes dirigidos al kirchnerismo y el increíble argumento de que su gestión resolvió los problemas estructurales y ahora viene “el alivio”, el acto fue un nuevo intento de recuperar a las clases medias enojadas con el gobierno, tras haberlo votado en 2015 y 2017, pero golpeadas por la crisis. Macri fue en busca de ese voto y de quienes no votaron el 11 de agosto. “A los que están dudando, los llamo a construir la Argentina que soñamos. Esta elección tiene q ser la de mayor asistencia desde 1983. Vamos a votar”, dijo en un tramo de su discurso.
Por último, el acto convocó a una difícil epopeya: “dar vuelta la elección”. Ese fue uno de los mensajes que el presidente quiso instalar desde el palco, con el “Si se puede” repetido hasta el cansancio. Pero también con el intento de instalar un nuevo “hit” que no parece tener mucho futuro: “La da vuelta / Mauricio la da vuelta”.
En ese intento no solo se juega la suerte de Macri, ya casi echada, sino también el intento de macristas y radicales de mantener sus bancadas parlamentarias y algunos municipios.
A horas del segundo debate presidencial, Macri intentó así darle un último impulso a una “epopeya”, que más bien parece un intento de evitar una sangría mayor y un papelón electoral. La multitud que mostró hoy es poco al lado de los millones que ven en su gobierno la encarnación del ajuste, de la pobreza, de la desocupación, pero a quienes además les demostró que lo del “republicanismo”, la “justicia independiente”, las “manos limpias” era puro doble discurso que luego desmintieron los hechos.

Redacción
Redacción central La Izquierda Diario