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Red Internacional
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CORRIDA CAMBIARIA. Macri habló para “fortalecer la confianza” y el dólar se disparó a casi $ 35

El presidente anunció que comprometió con el FMI el adelanto de U$D 29 mil millones para cumplir con los compromisos financieros. La noticia no calmó al dólar, que rozó los $ 35.

Esteban Mercatante @EMercatante

Miércoles 29 de agosto de 2018 16:50

El presidente Mauricio Macri habló el miércoles por la mañana, antes de que se iniciara la actividad en la city porteña, para traer un mensaje que asegurara tranquilidad.

La plata para cumplir los compromisos financieros en 2019, que es una de las incógnitas con las cuales los analistas venían explicando la continuidad de la corrida cambiaria, el riesgo país por las nubes y el consecuente desplome de los bonos argentinos, estaba asegurada gracias al Fondo Monetario Internacional (FMI).

De acuerdo a lo dicho por Macri en un breve mensaje, el staff del FMI aceptó el pedido argentino de adelantar los fondos para que la Argentina cumpla con sus compromisos de deuda. Esto representa dos cambios respecto a lo comprometido con el organismo en el acuerdo informado el pasado 7 de junio: 1) los fondos no se atendrán a un cronograma escalonado, que implicaba que el FMI realizaría desembolsos trimestrales por U$D 3.000 millones; 2) el préstamo del organismos podrá utilizarse para saldar compromisos de deuda.

Este es apenas el último de una serie de cambios que el Gobierno viene acordando, sobre la marcha, respecto de lo pactado con el organismo internacional de crédito.

El Gobierno había escrito en la carta de intención que dio cuerpo al acuerdo Stand By que el tesoro rescataría las letras intransferibles en poder del Banco Central (BCRA), por hasta U$D 25 mil millones. Estas son las que se originaron cuando el gobierno anterior, de Cristina Fernández, tomó reservas para pagarle a los acreedores. Las mismas, por un valor de U$D 50 mil millones, lastran el balance del BCRA.

Un segundo aspecto que fue revisado es la posibilidad de utilizar reservas para intervenir en el mercado cambiario. Inicialmente, esto no había sido aceptado por el FMI. El BCRA subastaba reservas en nombre del Tesoro, que se hacía así de pesos para saldar compromisos.

Pero Luis Caputo, el titular del BCRA, destrabó ante la misión que vino a revisar las cuentas del país, la posibilidad de relajar el objetivo de reservas internacionales comprometido en la carta de intención. Esto daría márgenes de autonomía y permitiría, supuestamente, controlar al dólar.

Desde entonces, ya subió $ 5 más, a pesar de las subastas en las cuales Caputo lleva adjudicados más de U$D 2 mil millones. Pero como contraparte de este fracaso, varios financistas, viejos colegas del lobo del BCRA, han obtenido billetes verdes a precios regalados.

Otras de las metas que quedaron en el camino es el objetivo de inflación (que ya resulta imposible ubicar en menos de 35 % para fin de año) y, obviamente, de tipo de cambio con el dólar esperado para fin de año (que ya fue holgadamente superado).

Lo único que sigue en pie del acuerdo original es la meta de recorte fiscal, que numerosos analistas consideran excesivamente ambiciosa y difícil de cumplir. Por lo pronto, para acordar las rebajas de gastos para 2019, el Gobierno necesita terminar de acordar el presupuesto con los gobernadores. Al momento actual, persisten diferendos por al menos $ 40 mil millones, que los mandatarios provinciales peronistas buscan que racaigan sobre todo en los distritos que gobierna Cambiemos (especialmente CABA y PBA).

Pero aún si pasan los recortes, la situación se muestra más alarmante por el lado de los ingresos. En julio la recaudación subió apenas 23,8 %, lo cual significa que está bien por debajo de la inflación. Sobre los planes del Gobierno se proyecta la sombra de un círculo vicioso clásico de los tiempos de vacas flacas: ajustar y que no alcance para cerrar las cuentas, porque el desplome de los ingresos impide reducir el déficit.

Acuerdo con el FMI versión 2.0

El objetivo del acuerdo con el FMI, que implicaba inicialmente U$D 15 mil millones inmediatos, y desembolsos trimestrales por U$D 3 mil millones contingentes, era mostrar una “garantía” en última instancia para que el país pudiera, pasado cierto tiempo y una vez estabilizada la corrida cambiaria, iniciar algún regreso hacia los mercados voluntarios de crédito internacionales.

En síntesis, aportar dólares frescos para transitar los meses álgidos del invierno, y tal vez de la primavera, y llegar a 2019 con los deberes hechos en el plano fiscal y de saneamiento del balance del BCRA.

Con el mensaje de hoy, el presidente terminó de admitir lo que ya era evidente para los acreedores: este objetivo fracasó estrepitosamente. Aún con el préstamo del FMI, y en los marcos de un estado de revisión permanente de las metas plasmadas en el mismo, las cuentas de la Argentina no cierran.

Aún contando que el gobierno pudiera usar el año próximo U$D 12 mil millones en 2019, y otros U$D 6 mil millones en lo que queda de este año, al tesoro le estaban faltando alrededor de U$D 15 mil millones (una parte en pesos) para cerrar el programa financiero hasta diciembre del año que viene. Y eso, contando que el Gobierno acepte que los que tienen Letes, que venden durante estos meses, acepten seguirlas renovando en un porcentaje elevado.

“Nadie va al default por U$D 10 mil millones”, dijeron numerosos expertos en los últimos días, indicando que los fondos que le faltan no representan para las cuentas del país un monto demasiado considerable. Y sin embargo, esas “monedas” fueron la última explicación de por qué el dólar en el país aprovecha todas las turbulencias internacionales para batir acá récords.

El mensaje de hoy pretende ser que esas urgencias estarían resueltas, con el aporte del FMI. El acuerdo con el FMI, versión 2.0, implica que los desembolsos programados hasta 2021, se transformarán en fondos frescos, por U$D 29 mil millones, para que el país haga frente a sus compromisos del próximo año y medio.

De esta forma, enviando la señal de que el Gobierno no necesitará salir a colocar deuda, espera poner algunos paños fríos sobre el riesgo país y sobre el desplome de los bonos argentinos.

El temor de que grandes tenedores de títulos de deuda argentina, como BlackRock, Templeton y otros fondos buitres cercanos a funcionarios del Gobierno puedan acelerar el desprendimiento de estos títulos, aceleró estos anuncios. Además, el presidente viajará en persona a rogarle a estos mercaderes de las finanzas que no actúen, esta vez, de acuerdo a lo que guía su naturaleza rapaz.

El presidente habló de “fortalecer la confianza”, algo que según muestran la cotización del dólar al cierre de la jornada, no estaría ocurriendo. Lejos de aplacarse, la corrida recrudeció durante el día de hoy.

Evidentemente los especuladores llegaron a la misma conclusión que el exfuncionario de la administración de Cambiemos, Carlos Melconian: “acá más que confianza, se necesita plata”, dijo, como para ayudar al Gobierno en traer calma.

Nafta al fuego

Contrariamente al objetivo buscado, el mensaje del presidente exacerbó la suba del dólar. El tipo de cambio tuyo durante la jornada del miércoles su mayor alza diaria desde 2015, superando el 8 % de aumento.

La sensación de que el Gabinete se maneja con desconcierto se vio fortalecida. Para el economista Martín Alfie, economista jefe de Radar Consultora, "la bala de plata era el anuncio de cerrar el programa financiero, y no funcionó". Su conclusión es que el Gobierno se maneja con un "combo letal: modelo con serios problemas problemas estructurales, cierre del financiamiento, y una mala praxis enorme".

Para los economistas ortodoxos, que reclaman una aceleración de la disciplina fiscal, el pantano actual de Macri se explica por su "gradualismo" fiscal. Por no hacer el recorte y sostener el déficit fiscal, ahora obligado por los "mercados" debe hacerlo todo de golpe.

Pero se trata de un diagnóstico falso. En primer lugar, porque el Gobierno recortó gastos de manera drástica, por más de cuatro puntos del PBI en dos años. No pudo, a pesar de esto, reducir el déficit, porque al mismo tiempo bajó impuestos, beneficiando a los sectores de mayor riqueza y al empresariado de conjunto.

Además, porque la dinámica de endeudamiento acrecentó de manera formidable el peso de los intereses de la deuda sobre el presupuesto. Por eso, aunque déficit fiscal primario (balance de ingresos y egresos sin contar el pago de intereses de la deuda) cayó 35,4 % interanual en julio, el rojo financiero (que sí lo contempla) se expandió un 90,6 %. En un año, el pago de los servicios financieros pegó un salto de 352 %.

Pero sobre todo, este énfasis en lo fiscal para por alto lo central: la sangría de dólares que afronta la economía, que tiene que ver con el déficit comercial, la fuga de capitales, las remesas de utilidades de empresas extranjeras y los servicios de deuda, es la gangrena central que alarmó a los acreedores, que no se privaron durante estos años de hacer buenos negocios prestándole al país y entrando a la bicicleta financiera.

La vulnerabilidad creada por el cambio de ánimo de los inversores pegó de manera amplificada porque el Gobierno eliminó cualquier restricción a la salida de capitales. Ni siquiera mantuvo el encaje temporario para los fondos especulativos que regía desde los tiempos de Roberto Lavagna al frente del Ministerio de Economía.

Más plan de guerra contra los trabajadores

En su comentario radial poco después de los anuncios de hoy, Melconian señaló algo cierto: "si es el Fondo que conozco desde cuando mi abuela era jovencita, algo va a pedir a cambio".

Sin duda en la letra chica de las nuevas condiciones que el Gobierno definió con el FMI, que aún no se hicieron públicas, habrá por parte del FMI mayores exigencias. Metas fiscales aún más estrictas, más avances en nuevas “reformas estructurales”, etc.

Los cambios en las jubilaciones, que se cocinan hace meses, podrían ser un elemento central de nuevos anuncios próximos.

En suma, el acuerdo versión 2.0 significa un plan de guerra más ambicioso, que el Gobierno buscará hacer pasar en el marco de las turbulencias, utilizando en la medida de sus posibilidades el panorama de incertidumbre y turbulencias para avanzar con un plan más agresivo.

A pesar de su debilidad, buscará la cooperación del peronismo en las gobernaciones y el Congreso, y de la burocracia sindical, para hacer pasar el plan.

En este marco, aunque la CGT, ahora sin Moyano, pretende mostrar alguna reacción anunciando a un paro para el próximo 25, resulta una eternidad para los plazos en los que se mueve la crisis, más aún considerando que se trata de una medida de fuerza sin movilización.

Es necesario tomarla con todo, y transformarla en una acción contundente, y al mismo tiempo pelear por un verdadero plan de lucha a la altura del ataque lanzado por el Gobierno y el FMI, verdadera conducción de la política económica. Hay que pararles la mano.