Macri se reunió ayer con rectores de las universidades nacionales. Un anuncio de contragolpe y un adelanto de la rosca por el presupuesto 2019. El movimiento estudiantil junto a los docentes se moviliza mañana a Plaza de Mayo y en todo el país.

Juan Duarte Ciencia y Ambiente | tw: @elzahir2006

Gastón Remy Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.
Miércoles 29 de agosto de 2018 13:33
El encuentro del presidente Mauricio Macri de ayer con rectores de las universidades públicas nacionales se movió al ritmo de las grandes urgencias con las que arrancó el calendario del mes de agosto. Siguen “pasando cosas” que aumentan la preocupación de los cambiemitas y de sus aliados en las universidades.
Por un lado, el gobierno anunció ante los rectores que el 15 % en las paritarias docentes –que hasta ayer era un techo– ahora se convertiría en un “piso”. Aunque sin otorgar la cláusula gatillo, sino la módica propuesta de una “mesa de negociación” anticipada que el lunes hiciera el ministro Alejandro Finocchiaro en la reunión con los dirigentes gremiales. A esta altura del conflicto, el gobierno tiene poco para ofrecer y con esta respuesta de contragolpe difícilmente cambie el panorama hacia la multitudinaria marcha universitaria que se prepara mañana en todo el país.
Sin embargo, también siguen pasando cosas de las buenas, como es la vuelta a escena del movimiento estudiantil que empieza a conmover la normalidad de las universidades, ganar las calles y toma las facultades, en muchos lugares confluyendo con trabajadores en lucha, como hacía mucho tiempo que no se veía.
Se trata de la emergencia de un sujeto peligroso, justamente que pone en estado de alerta al gobierno, a sus pares provinciales, pero también a los rectores. Las imágenes de estos días en Córdoba, por ejemplo, recordaron a muchos que esa fue la cuna de la reforma universitaria hace exactamente 100 años, o del Cordobazo hace casi 50, referencias que se escucharon en distintas asambleas. Ninguno de ellos está tranquilo con los estudiantes tomando las facultades y las calles. Saben que esta marea estudiantil puede empezar a hacer temblar sus cimientos de privilegios por los cuales un puñado de 57 rectores de las universidades nacionales viven como senadores junto a sus secretarios y funcionarios.
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La exclusividad de esta minoría choca con el 65 % de los docentes de las universidades públicas tienen un cargo de ayudante simple, esto significa que cobra alrededor de 5500 pesos por mes y en muchos casos directamente lo hacen gratis –en contra de a la legislación laboral– bajo la figura de “ad honorem” o “adscripta/o”. Con estas condiciones estructurales se vuelve necesario buscar otro cargo o, lo más probable, un trabajo fuera de la universidad. Así de simple.
El compromiso de las y los docentes tiene que ser con los estudiantes, garantizando el apoyo a todas sus medidas y dándole fuerza al movimiento estudiantil que, así como las valientes mujeres de la marea verde, empezó a ganar las facultades y las calles junto a los trabajadores.
Pero a los rectores no los mueve el interés académico, sino la billetera, por eso en la reunión también se trató el problema de retraso en el envío de fondos a las universidades y, como adelanto del mes de septiembre, el tratamiento del presupuesto 2019. Desde la cámara que los reúne (CIN), presidida por el exministro de De la Rúa, Horacio Juri, han propuesto un aumento del 30 % del presupuesto a 133.000 millones. No se sabe en base a qué cálculos se hizo esta propuesta, cuando el dólar y la inflación no encuentran techo; más bien los rectores parecen asesorados por los funcionarios del FMI.
Ante una situación financiera cada vez más complicada y que exige mayores ajustes sobre el gasto público e incluye nuevas renegociaciones con el organismo financiero internacional, los rectores no se quieren quedar afuera y negocian la forma de complacer a los acreedores de la deuda, que este año se terminarán llevando el equivalente a 23 presupuestos universitarios, sin perder –por supuesto– sus privilegios. El tema fue analizado y discutido minuciosamente en las asambleas de estudiantes y docentes de ayer en todo el país y "Plata para educación, no para la deuda" fue una consigna repetida en las votaciones.
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En horas de la mañana transcurre otra reunión de los gremios docentes con el ministro de Educación de la Nación. Gremios como Fedun salieron a festejar el anuncio del supuesto piso del 15%; Conadu también –acaso con menos euforia– y la Conadh sigue sosteniendo la exigencia del 30 %. Para mañana, las gremiales llegaron a un acuerdo de marchar a Plaza de Mayo, luego de vencer la resistencia de las conducciones kirchneristas. Lo mismo se va replicar en todo el país.
El compromiso de las y los docentes tiene que ser con los estudiantes, garantizando el apoyo a todas sus medidas y dándole fuerza al movimiento estudiantil que, así como las valientes mujeres de la marea verde, empezó a ganar las facultades y las calles junto a los trabajadores. La historia ha demostrado que los cambios en materia universitaria siempre estuvieron de manos de los estudiantes. Un compromiso de lucha con los estudiantes es nuestra mejor forma de recordar esa gesta reformista que hizo volar por los aires al régimen anacrónico de los oligarcas y frailes en la universidad de 1918. Esta vez, no les podemos fallar.

Juan Duarte
Psicólogo y docente universitario en la UBA. Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Editó y prologó Genes, células y cerebros (Hilary y Steven Rose), La biología en cuestión (Richard Lewontin y Richard Levins), La ecología de Marx (John Bellamy Foster), El significado histórico de la crisis de la psicología y Lecciones de paidología (Lev Vigotski), La naturaleza contra el capital (Kohei Saito) y León Trotsky y el arte de la insurrección (1905-1917), de Harold Nelson (2017), en Ediciones IPS.