Con la AFA intervenida y la “Supeliga” aprobada, la dirigencia de los clubes avanza en reprivatizar las transmisiones del fútbol y abrirle la puerta a las sociedades anónimas (clubes-empresa).

Augusto Dorado @AugustoDorado
Jueves 21 de julio de 2016 01:58
La AFA está intervenida: un organismo internacional (FIFA) designó su gobierno, una “Comisión Normalizadora” para imponerse por sobre las facciones que disputaban el control del fútbol nacional.
Antes se aprobó a las apuradas (con estatutos a medio hacer) la “Superliga”, un formato para los campeonatos de Primera y Nacional B que le permite a los clubes poderosos comercializar con más autonomía y establecer una distribución de ingresos que los favorece.
En tiempos de CEOcracia, quedó al frente de AFA un empresario del rubro de los cosméticos: Armando Pérez, presidente de Belgrano de Córdoba. Deberá maquillar a una institución muy cuestionada y adaptarla a las nuevas necesidades comerciales de la dirigencia de los clubes. En la intervención lo acompañan Javier Medín –abogado asesor de Macri y Angelici durante sus mandatos en Boca y cercano a fondos de inversión deportivos- y Carolina Cristinziano, también abogada y socia del poderoso representante de jugadores Gustavo Mascardi.
Aclarado el escenario, los dirigentes no perdieron tiempo: presentaron una carta en la que consideran cumplido el ciclo de financiación estatal mediante el programa Fútbol para Todos que aporta el dinero por la televisación del campeonato desde el 2009.
“Estamos dispuestos a liberar al Estado del costo de los fondos privados de nuestro producto”, declaran. Y proponen “disolver el vínculo que nos une (…) buscar oferentes privados interesados”. Así podría volver un sistema pago de fútbol por TV, vía paquetes de canales de cable. Entre los principales interesados en adjudicarse los derechos de transmisión está la cadena norteamericana de Ted Turner que ofrece más que los 2.500 millones de pesos acordados con el Estado.
Para el macrismo, esa carta vino como anillo al dedo: queda la pelota del lado de los clubes y no pasaría por el Gobierno el costo de la decisión de cortar con el Fútbol para Todos, esquema con el que hicieron negocios los clubes asociados al kirchnerismo.
Clubes y jugadores juegan los partidos y campeonatos. Los derechos de televisación son “el producto” que venden, antes a TyC, luego al Estado y en breve a otra cadena privada. Esta cadena a su vez los revenderá a otras señales que transmitan los partidos. Las señales venden espacios publicitarios que valen fortunas por segundo. Tienen altas ganancias las señales y las cadenas que compran los derechos de TV. Pero los clubes siempre quedan con deudas, con salarios atrasados a sus empleados y en algunos casos al borde de la quiebra. Si a eso le sumamos que los clubes suelen vender a sus figuras al exterior en cifras exorbitantes ¿por qué hay “pérdidas”? Algo no cierra.
Mientras jugadores, ex jugadores e hinchas lo miramos “por TV”, una casta de dirigentes, empresarios, abogados e intermediarios acapara cada vez más el espacio futbolístico. Buscan expropiar un ámbito que no protagonizan y transformarlo en “Fútbol para pocos”. No piensan parar hasta transformar a los clubes en Sociedades Anónimas: directamente empresas, el sueño de Macri. Por ahora ganan el partido, pero sus jugadas sucias están cada vez más a la vista, por más que las disfracen con comisiones y Superligas.