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Red Internacional
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REFORMA EDUCATIVA. Madres de familia toman las calles, en defensa del futuro

“Hoy, no queda nada que perder, es el momento del todo por el todo. Hemos esperado años para que haya un estallido social en el país, quizá este es el momento”, dice Rita Yañez, madre de familia, mientras, en las calles, cientos de madres, maestras y maestros gritan ¡fuera Peña! en el cierre de la Avenida Central, el pasado 5 de julio.

Soledad Farfalla Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Jueves 7 de julio de 2016

La ciudad convulsionó. Miles de madres han decidido tomar las calles, junto con las maestras y los maestros que a diario garantizan la educación de sus hijos.

Estuvieron presentes en los más de setenta cierres de avenidas y calles, también fueron parte de la enorme e histórica movilización de las maestras y maestros de la Ciudad de México este 5 de julio. Además, se les vio en Xola, La Raza y el Ángel para gritar junto a los mentores que ¡la reforma va a caer!

En las últimas semanas, se han realizado asambleas de madres y padres en centenares de escuelas de educación básica. En éstas, con apoyo de maestros o brigadas de estudiantes, -como los universitarios de la Juventud del MTS- discuten las verdaderas implicaciones de la llamada Reforma Educativa.

Las madres saben que unos cuantos les arrancarán el futuro a sus hijos. Ellas saben que si derrotan a los maestros hoy, mañana vienen por todos. De no tirar esta reforma -que complicará aún más la posibilidad de que sus hijos tengan acceso a la educción- vendrán otras como la Reforma a la Salud que arrancará uno de los derechos más elementales.

Ante el brutal ataque contra el magisterio y el pueblo pobre y trabajador, son las mujeres las que han decidido ponerse al frente.

Ellas, las que se levantan cada día para sostener la fábrica o la maquila para garantizar que sus hijos estudien, anhelan un mejor futuro para los suyos. Son ellas, con la espalda torcida y el cuerpo cansado, llegan a casa a realizar las tareas domésticas que, aunque cotidianas y necesarias para que todos puedan ir aseados y alimentados al trabajo y la escuela, ni el patrón ni el Estado valoran y mucho menos remuneran.

Son ellas las que sostienen la casa, además de su trabajo. Las que hacen rendir hasta el último peso de los salarios de hambre. Son ellas las que hoy dejaron los trastes sucios y los cestos de ropa para tomar las calles, las que no permitirán que le arranquen el futuro a sus hijos, las que no se resignan, no aceptan que para los niños de México no haya nada más que un horizonte incierto, donde lo único seguro es la miseria.