El 17 de noviembre, un grupo de maestras presentamos el foro: “Ver la sociedad, la educación y las escuelas a través de los ojos de las maestras” en la Escuela Normal Superior de México con el objetivo de mostrar a nuestras compañeras cómo vivimos las maestras la violencia machista, las afectaciones de la reforma educativa e invitarlas a organizarse con nosotras.
Jueves 24 de noviembre de 2016
La primera maestra intervino mencionando los artículos más punitivos de la Ley del Servicio Profesional Docente, los que describen las obligaciones y sanciones del personal docente y el tipo de evaluación dependiendo del nombramiento que sustente (definitivo o provisional). También habló sobre su experiencia en el concurso “Alianza por la Calidad de la Educación” que se aplicó por primera vez en el año 2008 a los egresados normalistas y fue el primer síntoma de la posterior reforma educativa que se aprobaría en 2013. Nos contó cómo, a pesar de haber presentado el examen, la SEP sigue sin basificarle sus horas frente a grupo.
En la segunda intervención, una maestra nos compartió su experiencia al ingresar al servicio y cómo vivió su primera evaluación diagnóstica que resultó ser agobiante porque nada tiene que ver con lo que vive en las aulas día a día. Además, debe contar con un tutor y tener encima a los directivos en constante observación y vigilancia de sus clases, situaciones que no le permiten una libre cátedra. A pesar de haber acreditado la evaluación, las autoridades la obligan a presentar otras evaluaciones sin que le otorguen un trabajo seguro, lo que implica ni siquiera poder tener un plan de vida a largo plazo. Por eso ha decidido organizarse para luchar por sus derechos y porque ningún futuro maestro deba padecer lo mismo que ella.
La siguiente maestra mostró la situación que vive en su centro de trabajo. Ella viaja más de dos horas de su casa a la escuela enfrentándose al miedo de salir a las 5 de la mañana y transitar por una zona riesgosa. Luego, relató la carga administrativa que tienen los docentes y cómo esto dificulta la interacción con el alumno, cosa que es muy importante, pues somos las maestras las que damos contención a los alumnos que tienen miles de carencias económicas, emocionales y personales, producto de la degradación social a las que el capitalismo ha llevado a las familias. La mayoría de nuestros alumnos trabajan o se crían solos porque sus padres laboran jornadas extenuantes y no los pueden atender.
La cuarta participación puso énfasis en las escuelas que se asignan a los docentes sin importar sus necesidades ni el lugar donde viven, también habló sobre el cierre de los turnos vespertinos y de las escuelas para trabajadores que no son contempladas dentro de la reforma educativa. Además, ejemplificó cómo las escuelas se han convertido en sistemas de opresión y control hacia las maestras por su forma de vestir y de peinarse por parte de autoridades misóginas, que ahora pretenden controlar hasta nuestros cuerpos.
La penúltima participante dio cifras alarmantes del feminicidio que se vive día a día en nuestro país. En todo el territorio nacional asesinan a 7 mujeres cada día. Según cifras del Inegi, tan sólo en la capital del Estado de México se cometen al año 41 feminicidios, la cifra más alta de todo el país. Destacó que el feminicidio es un crimen de Estado porque éste actúa sentando las bases estructurales para que se reproduzca, por ejemplo al permitir la precarización del trabajo, al dejar impunes miles de casos y al mantener las condiciones de pobreza en la mayor parte de la población. Indicó también que son las mujeres trabajadoras y de sectores populares quienes más lo padecen.
La última intervención nos recordó que las y los maestros jugamos un gran rol porque tenemos un nexo privilegiado con la sociedad a través de su eslabón más sensible que son los niños. “Nosotras educamos a los hijos de los trabajadores y cada niño o adolescente que pasa por nuestras aulas es el reflejo de la sociedad y de la degradación que el capitalismo produce en la misma”, dijo.
Resaltó que “las maestras que impulsamos este foro pensamos que los normalistas deben saber cuáles son las condiciones que les esperan no para que se desanimen, sino para que se organicen, pues es la única forma en que podemos enfrentar la embestida del gobierno. No creemos ni por un segundo que sea por la vía de llevar nuestras demandas al Congreso, que fue quien nos votó la reforma en primer lugar, que puedan resolverse. Más bien creemos que debemos confiar en nuestras propias fuerzas como maestros, que sólo unidos al resto de los trabajadores y estudiantes y luchando en las calles, podemos lograr nuestras reivindicaciones”.
Invitó a los y las presentes a organizarse con nosotras en Nuestra Clase, a acercarse a los normalistas que pertenecen a esta agrupación y que son quienes se han caracterizado por ponerse al frente de la defensa de las escuelas normales, por ser quienes, junto a otros compañeros y compañeras normalistas en 2013, pararon la normal durante 40 días cuando aprobaron la reforma y por haber luchado consecuentemente por la aparición con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
Asimismo destacó que las y los maestros, junto a los estudiantes normalistas, debemos tomar en nuestras manos la lucha contra la violencia a las mujeres porque somos nosotras la mayoría en este gremio y la padecemos en carne propia. También sufrimos la represión por habernos atrevido a luchar; represión que va desde la tortura sexual, como sucedió a las maestras de Guerrero el 24 de febrero del 2015; hasta los despidos que padecen hoy miles de maestros y maestras que levantaron la voz.
Finalizó recordando que la violencia en el país tiene rostro de mujer y no de cualquiera, sino de mujer trabajadora, estudiante, pobre. “La violencia que padecemos no sólo es de género sino también de clase. Porque las hijas de los empresarios y de los políticos a su servicio no viven lo mismo que nosotras, ellas no salen con miedo de sus casas; no las llevan a las redes de trata o las asesinan en el Estado de México. No son ellas las que tienen que descuidar a sus hijos porque trabajan de sol a sol para alimentarlos”.
Por ello, reiteró la invitación a marchar con Nuestra Clase y Pan y Rosas este 25 de noviembre del Ángel de la independencia al Zócalo a las 5 pm., pues tenemos que ser miles en las calles para visibilizar que no estamos dispuestas a permitir que nos sigan asesinando, violentando y reprimiendo. Tenemos que gritar al unísono: ¡Ni una menos! ¡Vivas nos queremos!